Los reajustes y reacomodos, Juan González Febles

Sobre las reformas que no son dentro de Cuba y el entusiasmo o el pesimismo sobre las mismas de cubanólogos, metatrancosos y filósofos, desde la distancia, ciertamente hay mucha  tela donde cortar. Una nueva variante de algo muy viejo que en su momento estableció aquello de “esto no hay quien lo tumbe ni quien lo arregle”, ha surgido. Y ya existen nuevas variables para el momento actual. Las más recientes asonadas populares y protestas callejeras son reprimidas con violencia salvaje, a partir de recetas suministradas por académicos de la policía Seguridad del Estado, que parecen haber concluido sus maestrías represivas con altas calificaciones.

Desde estos doctores en represiones, ya han surgido otros (tan académicos como ellos) que explican que resulta inútil  insistir en promover asonadas o protestas de este corte. El antiguo proverbio sobre la imposibilidad de tumbar o arreglar “esto”, ha sido reforzado con una nueva versión que promueve la batalla light en los salones diplomáticos habaneros, pero que se basa en el mismo presupuesto de la alegada invencibilidad castrista.

Puede que tengan razón. ¿Quién osaría discutir en plano de igualdad con revolucionarios doctorados o con no revolucionarios también doctorados en universidades para revolucionarios? ¿Quién se  atrevería a hacerlo con los oportunamente autorizados (revolucionarios o no) para doctorarse en cualquier otra universidad de este ancho y ajeno mundo?

Pero desde el más sano e irracional emburramiento y más allá de la docta exposición de los doctores de ambos lados de la lienza política y del ancho Estrecho de la Florida, me siento orgulloso de este tiempo y de haber conocido a Rogelio Menéndez, en su momento y más acá, a Ángel Moya, Sigler Amaya, Ferrer García, Félix Navarro, Laura Pollán, Berta Soler y a cada uno de los activistas valiosos, sencillos y algunas veces anónimos empeñados en refutar las verdades académicas, dentro y fuera de Cuba.

El socialismo (que nunca fue) hace mutis y da paso a un fascismo corporativo, nacionalista, indigenista que eventualmente nos maquilará para coreanizarnos mejor. La cosa viene con música de lamento de quenas, capitalitos chinos y hasta brasileros de samba y silbato. El paso previo que consistió en destruir la clase media y sumirnos en la miseria absoluta que nos convirtió a todos en ladrones, ya fue dado por el Comandante. Las condiciones están creadas para la sucesión dinástica que quizás nos ponga en escena al próximo Castro. De acuerdo con los doctores de uno y otro lado, poco puede hacerse. Ese poco que puede hacerse, deberá ser hecho con inteligencia y receta doctorada. No olvidar que, “esto no hay quien lo tumbe…”

Entre tanto reajuste y reacomodo, no lo olviden, la cita libertaria será en la próxima recepción diplomática, la calle es de los revolucionarios, lo demás también.
juan.gonzlezfebles1@gmail.com

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