Los héroes castrados, Juan González Febles

Pienso que entre tanta frustración, entre tanta gente atada a la aprensión y al peligro que corren ciertamente, no son los opositores o los exilados que aman a su tierra quienes la pasan peor. Los vencedores que lograron eliminar a los mejores entre ellos. Los que sabían conspirar y conspiraron. Esos que consiguieron  sacar del juego a los más puros, a los más capaces, se creyeron que vencían a una potencia extranjera  y al final se encontraron con que lo único que vencieron  fue a sus sueños de pureza política.

Estos apóstoles del desengaño terminaron  en muchos casos con sus uniformes, charreteras y memorias empolvadas en alguna gaveta olvidada. Aplastados por el mayor de los desengaños conviven con la juventud que llevaron a prostituirse, con la gente que degradaron y que enseñaron a robar y a delatar.

Ahí están al cuidado de sus intereses y de los intereses de la familia gobernante en los negocios  más rentables, convertidos ellos mismos en delatores y en disfrute precario de las pocas oportunidades de librar un sustento  más o menos regalado.  En la actualidad, toman su parte del cake y siguen con sus viditas miserables.

Algunos se ahogan en alcohol salpicado en ocasiones con lágrimas. Reconocen que lo que viven anda muy lejos de aquello porque lucharon. Pero deben seguir, para ellos no hay retroceso y participan del miedo que contribuyeron a enraizar. Ellos son los revolucionarios. Dueños discutibles de las calles, las escuelas, las universidades y los hospitales.

Guardan semejanza con los toreros que luego de algunas jornadas gloriosas, han perdido el valor. Al igual los matadores taurinos con las bolas en ausencia, mantienen el viejo hábito de estar presentes en la plaza y se ocupan de las tareas más humildes, así lavan la mierda en el culo del toro o el caballo. Ayudan a los toreros de moda y les aportan gotas de su experiencia. Así son los guerreros cesantes. Se conforman con su pedacito del cake que les tocó y siguen con sus viditas y su desvergüenza.

Los menos afortunados, están presentes como choferes por cuenta propia de los imprescindibles almendrones. Los taxi por cuenta propia, son espacios libres para la discusión. Una especie de zona franca donde la gente dice lo que siente y hasta ahora no pasa nada. Pues bien, ese luchador al timón del almendrón, puede ser un miembro de la Asociación de Combatientes.

Otros se estrenan como exitosos empresarios por cuenta propia. Ellos encuentran tolerancia en los insaciables inspectores. Son el embrión de la nueva clase empresarial en ciernes.

Son los chivatos derrotados. Viejitos infelices que hacen méritos ocupados en terminar sus viditas calentitos y con el estómago lleno. Son los héroes castrados del último capítulo. Pero ojo, porque cuando no matan, ayudan a matar.
juan.gonzlezfebles1@gmail.com

Nepotismo olímpico, Juan González Febles

Tiempos atrás cuando de deportes se trataba, la norma era competir y darlo todo por la victoria. El caso es que el deporte no estaba politizado y competir era en si la meta. Desde hace un tiempo, todo cambio. Los deportistas tienen que regresar y tributar con medallas a la revolución. Algunos dedican su triunfo a Fidel y a Raúl Castro, para ellos no había familia o cosa alguna mejor a quien consagrar sus medallas. Hasta hoy, la situación se mantiene  igual aunque con algunas variaciones. Autorizaron agradecer a Dios y hasta a los santos, pero lo que no puede faltar es el agradecimiento a la “revolución” y sus santos custodios tutelares: Fidel y Raúl Castro.

En las olimpiadas Londres 2012, los ganadores de medallas, aún sudados son conducidos al aeropuerto y enviados de regreso a la Isla. Esto casi de forma inmediata a que termina su participación. La fiesta olímpica no es para ellos. Pero como todo en Cuba, en que unos son más iguales que otros, unos pocos disfrutan la fiesta olímpica a plenitud. Entre quienes disfrutaron de la fiesta estuvo, el zar del beisbol oficial cubano, el Sr. Antonio Castro, hijo del Comandante y sobrino del general presidente.

Antonio Castro disfrutó la fiesta olímpica londinense. Aunque el beisbol no participó en la olimpiada, eso no fue obstáculo para que el hijo del Comandante y el sobrino del general presidente, disfrutara plenamente la olimpiada. Uno se pregunta quién habrá pagado sus gastos. Si su papá y su tío ganan poco, ¿acaso él ganará más? ¿Suficiente para costear su presencia en Londres y la presencia de sus infaltables guardaespaldas?

La televisión oficial no pudo ocultar las caras felices de los londinenses y de los ciudadanos del mundo presentes en esta fiesta olímpica. Hay una gran diferencia entre la alegría de Londres 2012 y los rostros desconfiados de los pekineses de a pie captados en la anterior olimpiada. Ciertamente, La Habana tiene algo en común con Pekín o Beijing, nadie se ve distendido

Hoy la prioridad de la familia Castro y el grupo de miñones que les apoyan para detentar el poder absoluto, nepotismo mediante es defender sus prebendas. Participar y disfrutar, ya sea en Londres o en la luna. Por ello, tratarán de criminalizar el apoyo externo a la disidencia, entre otras cosas. Las otras cosas se mueven en un amplio diapasón que podría abarcar sobornos, asesinatos y cualquier “medida activa” que se consideren necesaria. Como expresa el humorista cubano de moda, el lema de las familias gobernantes cubanas también es: “El que me haga sombra, ¡se va!”.
juan.gonzlezfebles1@gmail.com

¡Desintoxiquen al millonario Kcho! Juan González Febles

El artista plástico millonario –autorizado- Alexis Leyva Machado (alias Kcho) a quien Radio Bemba (vox populi) sindica como adicto autorizado para consumir sustancias prohibidas a la mayoría y que se desempeña además como diputado del coro, perdón de la Asamblea Nacional del Poder Popular ha hecho en este foro unas declaraciones reproducidas por el rotativo Granma, órgano oficial del partido único y gobernante (comunista) en que apoya la imposición de gravámenes considerados como leoninos e incluidos en la nueva Ley de Sistema Tributario.

Las críticas a la abyecta posición de Kcho fueron tantas, que se hizo necesario tratar de dar alguna respuesta desde las páginas de Granma. Así en la edición del viernes 3 de agosto, Granma reprodujo la intervención de Kcho en el llamado IX Periodo Ordinario de la Asamblea Nacional del Poder Popular, hecha el pasado 23 de julio de 2012. En esta joya de la oración forense, Kcho dijo: “Una ley tributaria justa debe cobrar impuestos al 100% de los ciudadanos laboral y económicamente activos, y hasta a aquellos que ¡¿no laboran?!, pero son una carga para el estado, porque reciben todos los beneficios que el estado produce.”

Granma en otro suelto sin firma en la misma página en que se publicó la intervención de Kcho afirma: “A Kcho como diputado y ciudadano le asiste todo el derecho a exponer en el foro parlamentario sus criterios, los cuales pueden o no ser compartidos, en tanto son expresiones de la legitimidad y transparencia de nuestra ¿democracia?”

Eso está muy bien, pero habría que agregar que no solo los diputados como Kcho, sino todos los cubanos estamos en el derecho a decir nuestros criterios y a que estos aparezcan donde sean divulgados a todos los interesados en escucharlos. Esto, ya sea desde las páginas del rotativo Granma órgano del único partido del único pensamiento o desde cualquier tribuna ciudadana independiente.

Resulta sorprendente que Kcho no haya escuchado a su general presidente decir que los salarios no pueden ser incrementados hasta tanto no se incremente la producción material de bienes. Lo cual traducido al lenguaje real quiere decir que el país no produce –el presidente y sus miñones tampoco- y que hasta que el país no produzca, no habrá aumento de salarios. También dijo que ellos, –el presidente y sus miñones- ¡ganaban poco! También resulta muy injusto afirmar que algo o alguien sea una carga para el estado. Ciertamente, la única carga que sufrimos todos es el propio estado.

Faltó por decir que los únicos responsables de que el país no produzca, son precisamente el presidente y sus miñones. Que la vida principesca que viven, no está en dependencia del salario que se auto asignaron sino del botín de conquista y las prebendas que disfrutan. Entonces, uno se pregunta: ¿A cuanto asciende el impuesto que deberían tributar los detentadores del poder absoluto? ¿Algún miembro del coro, -perdón, el parlamento- calculó el impuesto sobre la renta y la propiedad inmobiliaria que deben pagar los miembros de la nomenclatura y la familia gobernante?

¿El presidente o cualquiera de los miembros dirigentes del partido único paga “con lo poco que ganan”, el combustible de sus lujosos y modernos automóviles? ¿Sus viajes? ¿Sus prebendas? ¿Sus fastuosas residencias?

Únicamente si se da crédito a los rumores sobre la adicción del diputado Kcho a ciertas sustancias prohibidas, puede comprenderse que haya podido decir algo como lo que dijo en el foro parlamentario. Nadie puede ser tan abyecto. De ser así, que lo desintoxiquen. No será la primera “gloria de la cultura o el deporte revolucionario” necesitada de una buena cura de desintoxicación.
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Alan Gross y el error del espía, Juan González Febles

Alan Gross es una víctima de la post modernidad y los reajustes mundiales del momento. Si en vez de estadounidense hubiese sido judío autentico, quizás su suerte fuera diferente. Si no se tratara de un asunto cubano, también le habría ido mejor. El caso es que todo parece estar en contra de este pobre hombre. Su mala suerte es global. Comenzó cuando los poderes mundiales aceptaron que una dictadura cualquiera, -bananera o no- marca un espacio y a partir de la aplicación arbitraria del concepto de soberanía nacional vigente, el espacio es respetado. Quiere decir que si la dictadura cubana decide excluir al pueblo cubano de la modernidad y sus ventajas, puede hacerlo en función del sacro santo principio de la soberanía nacional.

Alan Gross, el español Carlos Carromero y el súbdito sueco Jens Arens Modig están en apuros porque el gobierno de Raúl Castro criminalizó con éxito la solidaridad con los demócratas cubanos y porque el acceso a internet es una prerrogativa que este mismo gobierno está empoderado para conceder o no. El mal es de fondo. Quizás entre quienes enviaron a Gross, esté la clave de un patrón que parece repetirse una y otra vez. Ya sea el grupo de nulidades aupadas por la Fundación Panamericana presentados como botín mediático triunfante por la policía Seguridad del Estado o el grupo de jóvenes mexicanos enviados por el Directorio Democrático para contactar con el “Dr.” Antúnez y que terminaron ante las mismas cámaras de la misma televisión colocados por la misma policía Seguridad del Estado. Hasta los propios Carromero y Modig, participan empantanados en lo que parece ser una “exitosa” operación encubierta del gobierno cubano.

Como consecuencia de todo lo anterior, la junta militar encabezada por el general presidente tiene las autopistas mediáticas preparadas para caer con toda la fuerza de su impudicia contra los actores potenciales de la rebeldía popular que daría al traste con la dictadura. A partir de la “torpeza” consagrada de los perdedores tradicionales.

Los más esforzados, los más valientes y los más comprometidos con la democratización de Cuba son los que más peligro corren. Vladimir Calderón líder de la toma de la iglesia de la Caridad del Cobre en Centro Habana, aparece sindicado junto a los mexicanos que protagonizaron la última entrega televisiva de la policía de Seguridad del Estado. El patrón se repite. Las próximas implicadas pueden ser las Damas de Blanco o cualquiera entre aquellos que no están protegidos por compromisos contraídos por los protagonistas y los poderes mediáticos que repueblan el descontento y colonizan la disidencia de acuerdo con el régimen militar.

En el caso del líder católico Oswaldo Payá, el ego, la presunción y la auto sobrestimación le pusieron en la condición necesaria para sufrir cualquier accidente. Creyó que su prestigio e influencias internacionales le mantendrían con vida, olvidó o no conoció el viejo refrán del sur de los Estados Unidos, “The only friend of the devil is the fire”, que en buen español quiere decir: “El único amigo del diablo es el fuego”. Jugó y perdió.

Alan Gross por su parte cometió el error de confiar en quienes le enviaron en conocimiento de que si algo salía mal, nada podría hacerse en su favor y se convertiría en rehén de un horrible juego de intereses. No se trata de que haya sido o no engañado, se engañó a si mismo a partir de su ingenuidad y este demostró ser el peor de los engaños.
juan.gonzlezfebles1@gmail.com