Un personaje cotidiano más entre las sombras, Juan González Febles

Se habla mucho sobre quien es más o menos importante, pero se habla poco de hacer o de los que hacen, porque en Cuba el simple hacer, dejó de ser importante.

Cada domingo, desde hace más tiempo que el necesario para lastimar la sensibilidad y la decencia de cualquiera, las Damas de Blanco ponen en las calles de Cuba, en ejercicio del derecho a la libre expresión y a la manifestación pacífica, más de cien personas. Se ha hecho ya monotonía, las informaciones de como la policía de Seguridad del Estado, cada domingo desde hace tantos, ejerce la brutalidad policial y la violencia, contra mujeres y activistas pacíficos de la oposición interna.

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Como Cuba es el paraíso de la responsabilidad ausente o diluida, se cae en el desgaste de la denuncia de esbirros de menor cuantía. Entonces, inexplicablemente saltan a la palestra pública, esbirros de quinta categoría como el que se hace llamar Camilo o el que se hace llamar Volodia, pero de quien no se habla es de los principales responsables de tanta villanía desde hace tanto tiempo.

El jefe a nivel nacional de la policía Seguridad del Estado de Cuba, es un general de brigada con alguna que otra medalla reconocida, aunque sin batallas conocidas. Este generalísimo del abuso y la impunidad, increíblemente nunca ocupa el espacio que merece en los medios. Se mueve en la seguridad de su casi anonimato, sin asumir responsabilidad alguna por los abusos y crueldades que se cometen bajo su mandato. Pero tanto este siniestro personaje, como sus predecesores y presumiblemente sus sucesores en tan discutible cargo, no pueden mantenerse fuera del escrutinio público más tiempo. El general Raveiro, -este es su apellido, su nombre es poco relevante- no debe seguir actuando desde la sombra.

Tanto Cuba como el mundo merecen conocerlo y desde este conocimiento, enviar el mensaje para que cualquiera que -antes o después- asuma tal oficio de tinieblas, sepa que inexorablemente quedará marcado por su actuar y en algún momento pagará por las consecuencias de tan vil proceder.
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Solo seres humanos y nada más, Juan González Febles

Gracias a los canales informales afirmados en la sociedad civil cubana, cayó en mis manos un video de la actuación de Paul Mc Cartney en la Casa Blanca en Washington cuando recibió el premio que le otorgó La Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Puede verse al presidente de los Estados Unidos, a la primera dama de ese país y artistas relevantes, junto a los políticos y funcionarios que rigen los destinos de ese país.

En el presidente Obama, vi a un ser humano que tomó emocionado la mano de su esposa, mientras escuchaba a Mc Cartney cantar Michelle. Le vi junto a su familia y me quedé con la impresión de que se solo se trató de un ser humano, que al igual que el resto, fue modelado a imagen y semejanza de su creador.

Por estas vías misteriosas de la asociación, me remití a los que rigen los destinos de mi patria. ¡El contraste abruma!

El equipo gobernante en Cuba o la banda armada que ejerce estas funciones, decepciona. La encabezó hasta hace muy poco tiempo, alguien que solo encontró placer en escuchar marchas militares. Otro miembro prominente, habló en su momento de entonar, “cantos luctuosos con tableteos de ametralladoras y nuevos gritos de guerra y victoria”. Se trata de una banda capaz de fusilar en menos de seis días a tres jóvenes negros, sin ninguna garantía procesal por haber secuestrado de forma incruenta un lanchón de cabotaje con la intención de llegar a los Estados Unidos. El tal lanchón es conocido como  “la lanchita de Regla”. De nada sirvieron las peticiones de clemencia de los secuestrados. Este equipo en otra oportunidad, ordenó el hundimiento de un remolcador en que intentaron huir a los Estado Unidos hombres, mujeres y niños. Para ellos, ese equipo, no encontró piedad. En el paroxismo de tanta crueldad, aún no permiten que los cadáveres de las mujeres, niños y hombres asesinados, sean rescatados para que al menos reciban cristiana sepultura.

Si tan solo fuera por esta asociación misteriosa del contraste, vale la pena dedicar la vida a desterrar a esta banda cruel y desalmada hasta del recuerdo y la memoria ciudadana. Porque en Cuba la gente merece ser feliz y disfrutar las cosas simples de la vida. Cosas que para su disfrute, requieren que se dé alto y claro el santo y seña de la palabra democracia, y entonces, será posible cuando la libertad repique desde cada rincón y cada corazón en Cuba. Para que el pueblo de Cuba elija a sus gobernantes y para que estos sean ante todo, solo seres humanos que sirvan en la función que deban cumplir el plazo en que deban cumplirla y nada más.
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Fotografía a distancia, Juan González Febles

Siempre desde USA leo en El Nuevo Herald un trabajo que firma Nicolás Pérez Díaz Arguelles y que tituló “Fotografía política de la disidencia cubana”. Las intenciones son mejor que buenas y el respeto del autor por las personas a las que consagra su atención, por encima de toda excelencia. Es una verdadera lástima que como suele suceder, se trata de opiniones expresadas desde la distancia con referencias que remiten muy indirectamente a la realidad a que se refiere el autor.

Hay que reconocer la singular belleza de los lugares comunes en que incurre el autor. No deja de admirar a alguien a quien el buen gusto de por allá, señale para ser admirado. Y quizás lo más legítimo de su fotografía a distancia sea la cita de Calderón de la Barca, con que concluye su interesante fotografía distancia: “Nada es verdad ni mentira, todo depende del color del cristal con que se mira”. Esto, trae sin dudas aparejada una hermosa combinación de astigmatismo político en medio del jolgorio de una feria que cuenta con la mejor prestidigitación, combinada con los mejores espejos distorsionadores.

Para tranquilidad del autor, le informo que Vladimiro Roca se encuentra en un excelente estado de salud e incluso de ánimo. Trabaja como de costumbre en sus proyectos y en algún momento los dará a conocer. Paciencia.

Como casi todo y todas las cosas, son conclusiones basadas en información de segunda mano y lamentablemente no se trata de otra cosa que información de portada, lomo, contraportada y nada más. Eso sí, representativas del mejor wishful thinking, que alguien sea capaz de imaginar.

Esperemos que las apuestas hechas en su “Fotografía política de la disidencia cubana”, aporten en la medida de las expectativas del autor y en futuro cercano no se vean defraudados sus augurios por los tercos hechos de la aún más terca realidad.
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