Las vías que marcan exclusiones y diferencias en la ciudad maravilla, Juan González Febles

No son pocos los que Cuba adentro no entienden cómo una ciudad destruida por la desidia, la incompetencia y la mala intención pudo ser conceptuada como maravilla por alguien desde algún sitio. Pero lo cierto es que La Habana es ciudad maravilla, según la afirmación de algunos.

Los desperdicios acumulados, escombros, edificaciones en pie en virtud de ese eufemismo denominado ‘Estática milagrosa’, que implica que las edificaciones están en pie por una suerte de intervención divina, los abundantes insectos, roedores y otras vergüenzas que afloran a la vista de todos en la mayoría de los espacios capitalinos, por la ya habitual falta de higiene, ponen en duda o cuestionan todo lo de maravilla, si lo de ‘maravilla’ fuere en algún sentido positivo.

Pero lo más llamativo resultan ser aquellas ‘zonas congeladas’ para el privilegio y vetadas como zonas residenciales para la mayoría de los habaneros en comparación con los espacios en que malvive la mayoría de la población.

Entonces, sugerimos que cualquier extranjero, turista de paso o interesado en estas cuestiones haga la siguiente tournée. Que en una bicicleta o a pie se adentre desde Malecón por la calle Belascoaín y recorra Belascoaín desde su inicio, que comience frente al mar, hasta su final, en la vecindad del Mercado Cuatro Caminos y la calle Monte. Que haga otro tanto con la calles Galiano, Zanja, Reina, Carlos III, Infanta, Monserrate o cualquier otra, en esa zona no congelada.

Ese mismo recorrido deberá hacerlo por las calles 1ra, 3ra, 5ta y 7ma, (por citar unas pocas) en la barriada habanera de Miramar.

Podría hacerlo además por la barriada Nuevo Vedado por su vía central, la Avenida 26.

Para que la visión resulte más abarcadora, sería muy adecuado entrar a las calles y pasajes interiores de cada barriada.

Observe de cerca cuantos aires acondicionados y cuantos automóviles particulares de las marcas Mercedes Benz, VW, Toyota, Hyundai, Citroen, Peugeot, etc., nuevos y flamantes, similares a los que aun circulan en uso por el mundo, verá con placas particulares, por pertenecer a vecinos residentes en tales barriadas.

Observe además que la suciedad y los vertederos de basura, parecen confinados a los espacios compartidos por la mayoría.

La belleza y la pulcritud de Miramar, Nuevo Vedado, Atabey y cualquier otro espacio que la élite política castrista reserva para sus militares y otros servidores incondicionales, marcan diferencias significativas.

Cuando por citar un ejemplo, recorra Miramar en cualquiera de sus calles, podrá apreciar aires acondicionados modernos, casi en cada casa. Verá uno o dos y quizás más confortables automóviles con placas particulares aparcados frente o en los garajes de los elegidos para estos espacios. Allí no verá vertederos, escombros, insectos, roedores, ni nada que recuerde al resto del espacio capitalino.

Pero lo más relevante es que esos privilegiados no construyeron ni adquirieron con el fruto de su trabajo los espacios residenciales que detentan. En determinado momento, el líder histórico y principal responsable del desastre y el malestar compartido por la mayoría en Cuba, el felizmente difunto Fidel Castro, repartió casas y propiedades de personas que se marcharon del país, sin respetar entre otros derechos, el derecho de propiedad. Lo hizo como se reparte un botín, entre allegados y cómplices. Allí colocó a aquellos que ganaron su parte de aquella piñata. Creó el espacio para gerentes, entorchados, engalonados y personas de su confianza. Esos que sin vergüenza alguna, se sienten habilitados para vender a un pueblo que comparte un salario promedio inferior a los 30 USD mensuales, productos que se tasan en un 200% por encima del precio de adquisición.

Son ellos quienes marcan las exclusiones y las diferencias en esa, que algunos, por allá lejos, en Europa, insisten en llamar “ciudad maravilla”.
infiernodepalo8@gmail.com; Juan González
j.gonzalez.febles@gmail.com; Juan González
Tomado de: http://primaveradigital.org/cubaprimaveradigital/

 

Si de una razón se trata, al menos que sea una razón que convenza, Juan González Febles

Leo con estupefacción en ‘La Joven Cuba’, el trabajo titulado ‘Con razón, o sin ella’ que firma Osmany Sánchez Roque, fechado en julio 7, 2017. Se trata sobre un debate en el que participaron Yadira Escobar y la portavoz de las Damas de Blanco en Miami. Nos señala el autor que decidió hacer el resumen con dos puntos. Estos fueron sobre que la portavoz de Damas de Blanco dijo que estaba totalmente de acuerdo con la política de Trump porque Obama había traicionado a los cubanos por segunda vez. La portavoz, siempre según Sánchez Roque, aclaró que la primera traición fue la de Kennedy cuando la invasión de Playa Girón.

Esto le sirvió al exponente de La Joven Cuba para desbarrar sobre “los cientos de miles de muertos que hubiese ocasionado la invasión norteamericana a Cuba, sobre los daños colaterales emergentes”. Entre estos daños quizás convendría sumar los miles de fusilados, los remolcadores hundidos, los ahogados en el Estrecho de La Florida y los muertos en las cárceles dantescas y medievales del régimen militar castrista. Pero Sánchez Roque no lo hizo. Afirmó no tener la menor duda de que la portavoz apoyaría a Trump si mañana anuncia por Twitter que va a invadir Isla.

Digamos que ignora o le conviene ignorar que el imperio soviético apoyó a sus sátrapas verdeolivo en una forma tan incondicional, como nunca lo hizo el gobierno estadounidense. Aquellos que se afirmaron en enfrentar a la dictadura comunista con las armas en la mano, fueron abandonados en el momento, que la conveniencia política así lo dictó. Kennedy en su momento negó apoyo aéreo a los invasores de Girón, mientras la Unión Soviética apoyó con todos sus recursos al difunto dictador Fidel Castro y a la pesadilla que ya tomaba forma. No obstante, en el pasado hubo un Henry Earl Reeve, más adelante hubo un William Morgan.

El segundo punto que enarbola Sánchez Roque, fue que la portavoz detuvo el debate y se paró. Exclamó que, “…no discute con Yadira porque esta es sumisa y apoya a la dictadura”. Esto le sirvió para preguntarse:
“¿Qué sucedería en Cuba si esta gente llega al poder algún día? ¿Tendrían alguna oportunidad los que piensan diferentes a ellos?”.

¿Qué les parece? Ahora hasta se preocupa de la libertad de expresión. Ignora o quiere ignorar que en una democracia como por la que se lucha hoy en Cuba, todos tenemos ese derecho que niega el régimen militar totalitario cuya defensa asume, la libertad de expresión.

Usa además (muy irrespetuosamente) el habla de cubano de a pie y llama ‘esta gente’, a personas que se oponen de frente a la dictadura militar totalitaria con que él y otros como él se identifican. Entonces, bueno será aclarar a Sánchez Roque que ‘esta gente’ es la expresión que usa el hombre y la mujer de a pie para referirse a delatores, paramilitares, cotorrones panfletarios y otros servidores incondicionales de la banda armada verdeolivo.

Por supuesto que en respuesta a sus dudas, convendría recordarle que el Partido Comunista o Socialista Popular existía y hasta tenía representación en el Senado y la Cámara de Representantes de aquella república. Cuando se es libre, se tiene ese derecho de que habló Martí, “a ser honrados, a pensar y hablar sin hipocresía”.

En ese Miami que la prensa oficial y sus cotorrones asalariados presenta como intolerante, sucede que alguien defiende en un debate puntos de vista como aquellos defendidos por Yadira Escobar, con los que la portavoz de Damas de Blanco no estuvo de acuerdo. ¿Alguien apaleo, golpeó o reprimió a Yadira Escobar en la conclusión del debate, cómo sucede cada domingo en Cuba con las valientes e imprescindibles Damas de Blanco? ¿Tendrá Rosa María Payá o cualquier otro u otra, oportunidad de exponer sus puntos de vista desde la televisión oficial castrista? La petición de Rosa María Payá, de un espacio en el Noticiero de Televisión, aún está en pie.

Si de razones se trata, al menos usen alguna que convenza. ¡Mis parabienes!
infiernodepalo8@gmail.com; Juan González
j.gonzalez.febles@gmail.com; Juan González
Tomado de: http://primaveradigital.org/cubaprimaveradigital/