Querido Danny

Las novedosas variantes totalitarias de izquierda en boga en América Latina e incluso en otras regiones del globo han encontrado un sucedáneo para desde un punto de vista político, suavizar el enfoque de su carácter anti democrático. Frente a la tradicional democracia representativa, esgrimen algo que llaman “democracia participativa”. Esta les sirve de comodín para enmascarar sus ataques a la libertad de prensa y a otras formas de libertad de expresión. También para llevar adelante el control totalitario de la sociedad, a partir de pasos graduales y puntuales. El manual primero apunta a reelecciones y cuando se agota, entonces van al cambio de textos constitucionales para después llegar a escandalosos fraudes electorales.

La fórmula se ensaya en Venezuela y por turno, la veremos recorrer la América Latina en todas sus históricas y endémicas letrinas. Habrá que estar alertas en el futuro porque aunque algunos “iconos” se desgasten y comiencen a mostrar de manera ostensible qué eran y son en realidad -y me refiero específicamente a esa dama del odio argentina, la Sra. Bonafini-, siempre habrá más.

Recientemente, el actor estadounidense Danny Glover ofreció una entrevista desde el Hotel Nacional, que fue televisada desde el estelar Mesa Redonda. La típica entrevista en que la entrevistadora, en este caso la Sra. Arleen Rodríguez, habló más que el entrevistado.

Glover, entre lo poco que dijo o le dejaron decir, afirmó que los Estados Unidos debían aceptar la que llamó “democracia participativa”. Entonces, procedió a exponer la superioridad de esta modalidad política.

De igual forma en que sus mentores intelectuales de la izquierda, Glover sorteó las violaciones a las libertades y a los derechos ciudadanos que la modalidad impone para un supuesto y cuestionable bien común. Luego de elogiar las maravillas que vio y vivió en Cuba, el pobrecito Glover, pasó por alto que la democracia participativa cubana criminaliza la oposición política al régimen militar totalitario impuesto y discrimina en parcelas sociales selectas, como podrían ser entre otras muchas, el acceso a los estudios universitarios, las plazas en arte, el periodismo y la comunicación, a los que no son “revolucionarios”.

Afortunadamente su patética actuación ante las cámaras de Mesa Redonda, pasó inadvertida por la gran mayoría de los televidentes cubanos. Esta mayoría silenciosa y no participativa, pasa por alto el bodrio. Para hacer una comparación justa, digamos que Mesa Redonda es vista por tantos televidentes en Cuba como la proscrita Televisión Martí, a pesar de no sufrir interferencia alguna.

Otra joya de la comparecencia de Glover fue que aclaró que no criticaría al presidente Barack Obama, porque según afirmó, ningún presidente electo representa un cambio. Luego de un extenso galimatías actoral, la estrella hollywoodense expuso su poca fe en el sistema electoral norteamericano y de paso, en los sistemas electorales que se corresponden con la por él denostada democracia representativa.

En fin, en el marco del año homenaje a los afro-descendientes, Glover por supuesto que habló sobre la discriminación racial. Hasta se mostró entusiasmado por los “logros” que encontró en Cuba, donde son igualmente discriminados el rubio de ojos azules casado con la negrita, el negro retinto o la mulata blanconasa, siempre que no sean ostensiblemente revolucionarios o que se afirmen positivamente en contra. Vamos, ¿esto es o no igualdad?

Para Glover, mientras la discriminación no sea racial o dirigida contra afros, no es discriminación.  Se siente fascinado con las marchas y los desfiles y además, por esa democracia participativa de la que participan los revolucionarios y sólo ellos, dirigidos por “esta gente”.

Mientras le veía en la pequeña pantalla, por una extraña asociación, quizás inducido por el año de homenaje a los afros descendientes y otras actualidades, decidí titular este trabajo, Querido Danny.
juanchogonzal@gmail.com

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