Populismo nazi-fascista y Mascastrismo contemporáneo, Juan González Febles

Las definiciones políticas contemporáneas definen como  “régimen fascista” a una forma de gobierno autoritaria, aunque no todos los regímenes autoritarios sean fascistas. Lo cierto es que el autoritarismo es al fascismo, solo una de sus características. La concepción fascista del estado es totalmente incluyente. El totalitarismo populista nazi fascista establece que fuera del mismo no puede existir ningún valor humano o espiritual. Entonces, el fascismo es totalitario, y el estado fascista, es síntesis y unidad enajenante y totalizadora que incluye todos los valores e interpreta y potencia toda la vida de un pueblo.

El castrismo o el Mascastrismo totalitario es una concepción en la que el hombre es visto bajo la perspectiva de su relación inmanente con una ley superior y con una voluntad que trasciende al individuo particular, esto le eleva a la pertenencia consciente a un colectivo supra-social que personaliza un mesías. ¿Podría alguien negar que esta sea la esencia del castrismo tradicional o del contemporáneo Mascastrismo contemporáneo?

Cualquiera que haya visto en las políticas del régimen castrista nada más que mero oportunismo, no  comprende que el fascismo, aparte de ser un sistema de gobierno, es sobre todo, un sistema de pensamiento dirigido al culto de una personalidad que en el caso cubano fue y es la personalidad de Fidel Castro.

Eso, es en esencia, el castrismo. Se trata de la enajenación de la propiedad del estado por parte de un individuo o de su grupo, que controlará el poder privado representado por el ciudadano ya privado de todos sus derechos. Entonces, ¿habrá alguien que en su sano juicio se atreva a negar las similitudes entre el totalitarismo nazi en Alemania, el totalitarismo fascista en Italia y el totalitarismo castrista en Cuba?

El castrismo se define como una forma revolucionaria de nacionalismo contra los nacionales, que pretende ser una “revolución política, social y ética”, que fusiona al “pueblo” en una comunidad nacional bajo el mando de nuevas élites subordinadas a un líder y permeadas en supuestos valores heroicos en medio de una dinámica social en que se impone, una miseria totalizadora compartida por toda la población.

El mito central que anima este proyecto es el de que tan solo el régimen militar totalitario castrista resulta el catalizador per se para la purificación, populista e interclasista. Este aportará el renacimiento nacional capaz de  detener la ola de decadencia promovida por la “democracia burguesa” decadente. El mito movilizador por excelencia central del fascismo y del castrismo, que condiciona su ideología, su propaganda, su estilo político y sus acciones, es la visión idílica del inminente renacer de la nación desde una supuesta decadencia.

El caudillo fascista o castrista como es en nuestro caso, es mesiánico, carismático y preferentemente de origen plebeyo o campesino. De ahí, degenera y entonces, como sucede en la actualidad en Cuba, el brazo del caudillo, su partido y los grupos de choque, paramilitares y/o militares mostrarán un alto componente de elementos lumpen y delincuenciales.

El caudillo ya se embarcó en la refundación de la patria y a partir de ello, vendrán cambios de nombre, reforma constitucional, la suplantación de la Constitución y de otros símbolos del Estado. Será la hora para la destrucción de los valores e instituciones y que el caudillo afirme al régimen en posturas antiliberales y antinorteamericanas.

Se imponen estas igualdades políticas: Caudillo = Partido = Estado = Nación = Patria = Pueblo + historia falsa y sacralizada. El pueblo retorna a la servidumbre. La perpetuación del caudillo en el poder en un gobierno vitalicio se hará con elecciones o sin ellas. Habrá llegado el momento para la monarquía plebeya. En la que primará una corte desprovista de clase, elegancia, distinción y tan siquiera buen gusto, como resulta ser la familia real biraní en la actualidad.

Luego de una purificación homofóbica, el discurso se hace algo incluyente y llegarán como a Cuba han llegado los discursos de confrontación, la lucha por un ideal santo, la quema de los herejes y mucho más de lo que haga falta.
infiernodepalo@gmail.com
Tomado de: http://www.primaveradigital.net

Advertisements

Inolvidable experiencia, Juan González Febles

El hambre es una experiencia inolvidable. Nunca es buena consejera y nunca es perdonable cuando la experiencia es impuesta por un sinvergüenza asistido por una banda de sus iguales, ansiosos por retener el poder, sus privilegios y sus prebendas. Ese fue el carácter del hambre compartida y sufrida en aquel periodo especial en los primeros años de la década de los 90 del pasado siglo XX en Cuba.

Se han escrito novelas y ciertamente las escritas por mujeres son las que más se acercan en la descripción de este terrible fenómeno. Pero en términos subjetivos personales ninguna novela abarca toda la gama de secuelas que esto puede dejar en el imaginario, tanto personal como colectivo.

Cuando leo que extranjeros estudiosos, asistidos por piratas de la profesión nacionales –que no lo sufrieron- hablan del efecto benéfico en términos de enfermedades cardio vasculares que tuvo el periodo especial, pienso que nadie  -o quizás muy pocos- murieron en los campos de concentración nazis,  camboyanos o soviéticos como consecuencia del colesterol alto. Aquí tampoco. La gente se muere despacio o sufre, -también despacio- de neuropatías periféricas, oftálmicas, displasias, etc. Vamos, si bien no matan con la velocidad con que lo hace una escuadra de fusilamiento, aportan un summum de sufrimiento que te hacen desear la muerte cada día durante todo el tiempo que se prolongue la experiencia.

Durante ese periodo aciago en los 90, vivía bajo el asedio absoluto de la policía Seguridad del Estado porque a partir de un escabroso asunto de faldas, protagonicé un episodio de rebeldía personal en la sede de la policía Seguridad del Estado, que terminó por marcar la pauta de lo que sería y es mi vida.

De vuelta con esa temporada, se trataba de pensar en comer y cómo hacerlo cada minuto. Mientras tanto, oficiales de la policía Seguridad del Estado visitaban cada lugar que frecuentaba y cada amistad para intimidar y advertir que yo era un “elemento contrarrevolucionario potencialmente peligroso”. Recuerdo que en esos momentos “tan especiales”, perdí muchos amigos, -que quizás no lo eran tanto- vi muchas puertas cerrarse y la pasé verdaderamente mal.

Como contrapartida y debido a la mala persona que soy, decidí que en algún momento les devolvería cada mal rato pasado y ciertamente es la ocupación más sugestiva y atractiva a la que podría dedicarme. Riesgos aparte, es fascinante y muy gratificante hacerlo. Mucho más si se trata de ¿personas? Incapaces de pedir disculpas. Este último rasgo convierte el propósito en algo verdaderamente fascinante.

Como todo tiene sus compensaciones, a cambio de tomar esa “ruta de locos”, he conocido personas muy valiosas. Entre muchos, a Rogelio Menéndez, Ángel Moya y Orlando Zapata Tamayo. Más adelante a Laura Pollán a quien ya conocía de la Logia Rosacruz habanera Lago Moeris y quien se convirtió en animadora y líder inolvidable de Damas de Blanco. Laura por entregar, entregó hasta su nombre a sus Damas de Blanco que continúan como la más formidable organización opositora desde su surgimiento en 2003, a partir de circunstancias por todos conocidas.

La vida continuó premiándome inmerecidamente y así, me enorgullezco de conocer a Berta Soler la actual líder de Damas de Blanco que logra mantener el paso en ascenso de las Damas dentro y fuera de Cuba. También a la Dama de Hierro, la vertical e inamovible Marta Beatriz Roque, con tantas capas, defensas y fortificaciones que resulta verdaderamente una proeza llegar a su predio de la ternura, aunque bueno, al final se llega porque existe.

Los amigos y colegas de Primavera, tanto los que desde esta tierra la hicieron y continúan haciéndola, como los que apoyaron y apoyan desde la distancia. Entonces, haber conocido a Rogelio Fabio Hurtado, Frank Cosme, Osmar Laffita y a nuestra siempre presente e inolvidable Ainí, valió la pena.

De aquella hambre y de aquellos tiempos, no todo fue perder. Algunos amigos se quedaron. Así se quedó hasta hoy y creo que hasta el último momento, mi socio de siempre y de aquellos tiempos, Luis Cino. Y como todo no podía ser tan malo, apareció mi compañera de la vida y de todos los azares, Ana.

La inolvidable experiencia del hambre con sus secuelas de neuropatías, displasias óseas y otras, fueron preludio de la maravillosa experiencia representada cada jueves por la aparición de la nueva entrega de otra Primavera Digital hecha en Cuba para todos los cubanos. Que sea esta la única forma de reconciliación posible con todos los represores inescrupulosos, desalmados y crueles que he conocido hasta hoy, pero que incluso podría incluir a las personas decentes que pueda haber entre ellos, si es que los hay, y que aún, -dadas mis limitaciones- no conozco.
j.gonzalez.febles@gmail.com

Los tres negritos, Juan Gonzalez Febles

Se cumplen nueve anos de un crimen horrible que se emparenta con otro cometido hace 191 anos. No hay que olvidar los crimenes dictados por el mismo odio contra los cubanos, no importa que quien los cometa, uno fuera marques y capitan general y el otro Comandante en jefe.

Hace un año fusilaron de madrugada a los tres negritos de La Habana: Bárbaro Leodán Sevilla García, Lorenzo Enrique Copello Castillo y Jorge Luis Martínez Isaac, de edades comprendidas entre 22 y 42 años.

Ellos vivían en humildes casas de vecindad o solares. Eran jóvenes, negros y pobres, alegres y jactanciosos. El juicio que les condenó fue rápido e irregular, la sentencia irreversible. Hubo toda la mala suerte del mundo y faltó la compasión.

El barrio les cantó su canción funeral, en clave de miseria, con el repique sordo y triste de tambores. Las madres salieron a protestar y los santeros colocaron los retratos de Fidel Castro cabeza abajo. Los que se animaron a salir y ganaron la calle, lanzaron piedras contra los comercios y gritaron: “Acábate de ir, acábate de morir”, en clara referencia al jefe de Estado que no tuvo piedad.

La policía cerró y acordonó el tramo de la calle Jesús Peregrino, en Centro Habana, donde residía la familia de uno de los fusilados. Para transitarlo, fue necesario ser vecino del lugar o familiar cercano de algún residente de la cuadra.

De nada sirvieron la súplica papal desde Roma, las plegarias elevadas desde las iglesias o las ceremonias humildes de los santeros, con el “tam tam” de sus tambores y la tristeza salmódica de sus cantos. Se impuso la muerte sin amor y sin patria.

Desde todos los ángulos de la política se halló abominable el crimen. La izquierda otrora complaciente, el centro y la derecha lo condenaron. El señor Felipe Pérez Roque, ministro de Relaciones Exteriores, se adelantó para justificarlo. El sacrificio de los tres jóvenes fue necesario, según él, “para evitar una confrontación con Estados Unidos”. Luego concluyó que “se orquestaba una provocación en la forma de un éxodo masivo”.

Para el señor ministro, su mega-enemigo del Norte consiguió alzarse con los barrios marginales de La Habana. El guaguancó, el rap, la salsa y la alegría desbordada de los negros engrosó una supuesta nómina habanera de la execrada CIA de Langley. Los así “reclutados” sólo esperan el momento adecuado para “orquestar” provocaciones contra el pobre, anciano, cruel y exhausto gobierno vitalicio de la Isla.

Pero más allá de toda consideración, la muerte de los tres negritos de La Habana evidencia el desgaste de los valores, los presupuestos éticos y la base moral de sustentación del régimen cubano.

Luego del fallido asalto a dos cuarteles del Ejército de la república, el 26 de julio de 1953, los responsables y participantes en estos hechos se beneficiaron de una exitosa campaña de perdón y amnistía. En menos de 18 meses, todos fueron excarcelados. Así quedaron demostradas sus habilidades para pedir, negociar y lograr el perdón. Ahora, desde el poder, ponen sobre el tapete su patética falta de compasión, valor y grandeza para concederlo.

Por todo eso, sólo queda pedir que descansen en paz los tres negritos de La Habana. A salvo ya de policías interesados en ver sus documentos y cachearlos ofensivamente en la vía pública, o de turistas ansiosas por conocer la Isla desde la sensualidad vigorosa de su raza.

Para ellos se acabó la “lucha”, el afán por alcanzar la libertad y la felicidad, más allá del mar y las “leyes injustas”, en travesías inciertas. Terminó el sobresalto asociado con bastones de policía y espacios segregados para turistas.
juan.gonzlezfebles1@gmail.com
PUBLICADO EN CUBAENCUENTRO EN 2003

Dunia y Julito: una tragedia cubana, Juan González Febles

Sólo los pies, desde el tobillo a las plantas, se salvaron de la chamusquina. Se acostó con las botas puestas a dormir la borrachera luego de golpear a su mujer y al hijo menor de ésta. Golpearlos no era algo extraordinario para él. Lo había hecho muchas veces. Se sentía con todo el derecho para ello. La mujer esperó a que su sueño fuera profundo. Aterrorizada, pero decidida, lo roció con petróleo hasta empapar bien el colchón. Luego le echó el poco de gasolina que había reservado para la ocasión y le prendió fuego.

El crimen fue en Guareiras. El pueblito está situado en la provincia Matanzas, al sur, a 7 kilómetros aproximadamente del municipio Colón, en la vecindad de Manguitos. Su estación de trenes parece una maqueta escenográfica deteriorada. Una pared frontal con dos ventanas y un letrero en el que puede leerse: Guareiras, dan paso a un vacío sin paredes ni techo. La localidad sólo gana espacio en los titulares de la prensa nacional, cuando le toca algún infortunio. Sus últimos “15 minutos de fama” los tuvo por el paso del huracán Michelle.

Julio Bouzo González no había cumplido los cuarenta. Murió quemado y su tragedia dividió en dos a su comunidad. De una parte los hombres y sus familiares; de la otra, las mujeres y los familiares de Dunia, su joven y homicida esposa. Los policías que realizaron su arresto lo hicieron con profesionalidad. Le concedieron un respeto que niegan de forma regular a otros ofensores de la ley.

En el pueblo los familiares cercanos de Julito están indignados. Algunos han dicho que tomarán venganza. “Tenía que dejarlo si le pegaba”, dicen los unos. “Nadie sabe lo que sufre, siente y piensa una mujer maltratada”, dicen los otros. Guareiras tiene mucho de Haití en términos de miseria. Faltan negros en cantidad adecuada para que la similitud sea perfecta. Pero Guareiras no recibe ayuda internacional. Su miseria y sus tragedias son estrictamente locales. El paso del huracán Michelle empeoró las condiciones materiales de vida del pueblo. La ayuda que prometió el gobierno no llegó en la cuantía necesaria. Tres años y más después, algunos damnificados viven en contenedores industriales adaptados como precarias viviendas.

En el hospital provincial de Matanzas no disponían de duralgina. Con más del 90 por ciento de la superficie corporal quemada con lesiones de tercer grado, Julito no pudo ser aliviado correctamente. Esperó hasta que su familia “resolvió” duralgina en La Habana. Los facultativos decidieron que no sería procedente el empleo de morfina o demerol. A las 24 horas los médicos decidieron, de acuerdo con los familiares, suspender la medicación para que “muriera en paz”.

En un espacio de pocos kilómetros cuadrados, casi todos los vecinos se conocen y tienen relaciones familiares en determinados grados de consanguinidad. Las condiciones sociales e higiénicas son deplorables. Existe marginalidad y un sinnúmero de conductas inadecuadas de autodefensa, propias de un colectivo humano altamente atrasado. Las calles y sus pobladores no parecen producto del medio rural cubano. Semejan una pesadilla tercer mundista sacada de cualquier noticiero ávido de promover izquierdas.

Julito murió pocas horas después en el hospital. Cuentan que antes de morir trató de virarse. Pedazos de humor y tejido chamuscado quedaron sobre las sábanas. El dolor que le produjo el intento le hizo proferir un grito intenso y prolongado que parecía venir de otro mundo. Nadie se explica de dónde sacó tanta energía. “Era la carne de caballo”, dijo alguno, aludiendo a la práctica de matarife clandestino a que se dedicó el occiso en mejores circunstancias.
Dunia, por su parte, es bonita, gordida, dulce e intrascendente. Como la gran mayoría de las mujeres abusadas, pensó vivir una pesadilla pasajera. En un principio creyó en las promesas de enmienda de Julito. Cuando dejó de creer en éstas ya le tenía mucho miedo. Los vecinos cuentan que el alcohol bebido por Julito sin medida deterioró mucho las cosas.

La relación se convirtió en difícil y traumática. Julito descargaba golpes y malos tratos sobre Dunia y su pequeño hijo, habido en un matrimonio anterior. Desahogaba sus frustraciones existenciales en la madre y el muchachito. Les golpeaba a ambos de forma sistemática y concienzuda. Ningún asistente social auxilió a Dunia. La Federación de Mujeres Cubanas tampoco tuvo en cuenta que podía estarse gestando una tragedia. Dunia argumenta que trató de darle un susto a Julito.

Aunque todos en el pueblo conocían que Dunia era una mujer abusada, el jefe de sector de la Policía Nacional, cuando visitó a Julito lo hizo para interesarse por reses y caballos muertos, o por borracheras. Al parecer el abuso infantil o el abuso contra la mujer no forman parte de la agenda de la Policía Nacional Revolucionaria. Dunia insiste en que sólo quería darle un susto a Julito. Pero se contradice, porque afirma que aún después de muerto le tiene mucho miedo.
juan.gonzlezfebles1@gmail.com
Publicado en 2004 en www.cubanet.org

Más sobre la leche sucia, Juan González Febles

Una carta abierta dirigida al gobernante Fidel Castro, podría agregar leña al fuego en torno al nebuloso episodio de corrupción, denunciado recientemente en La Habana por la joven abogada Niurka Brito Rivas. En la misiva fechada en diciembre 13, la Dra. Brito propone soluciones tendientes al esclarecimiento del antes citado episodio.

También solicita una entrevista con el gobernante, para  abordar aspectos sensibles de esta complicada situación. El conflicto pareció haber llegado a un callejón sin salida, cuando altos oficiales de la policía de seguridad del régimen argumentaron una alegada “racionalidad política”, que pondría fin a las reclamaciones hechas por la Dra. Brito. En su momento, la Dra. Brito rechazó este argumento, que afirma una intolerable indefensión del ciudadano, frente a eventuales excesos del estado en su contra.

Otro argumento de peso es que la alegada “racionalidad…”, serviría de tapadera para la consumación de nuevos actos de corrupción. También, estimularía a potenciales corruptos con una impunidad garantizada frente a la denuncia ciudadana.

Siguiendo los avatares de su solitaria cruzada, se conoció de una carta abierta dirigida al ministro del interior de Cuba, General de Cuerpo Abelardo Colomé Ibarra y al coronel Rabeiro, jefe del enclave represivo Villa Maristas, sede de la policía de seguridad en La Habana.

En esa misiva la Dra. Brito criticó los métodos poco ortodoxos que caracterizan el trabajo de la Seguridad del Estado castrista. Más adelante, denunció las presiones a que se ha visto sometida por parte de esa institución represiva en fecha reciente.

Producto y a raíz de su valiente denuncia, la Dra. Brito sufrió un extraño accidente que provocó una explosión en la batería del viejo automóvil familiar. La batería fue aparentemente saboteada por personas conocedoras de estos afanes. No hubo que lamentar desgracias personales, sólo pérdidas materiales, afortunadamente.

Según relató a este reportero, le ha sido aplicada la llamada “técnica operativa” y seguimientos por parte de la policía de seguridad. El día 9 de diciembre fue abordada por la policía a la salida de las oficinas de la agencia de noticias AP. La Dra. Brito iba en compañía del Sr. Vladimiro Roca, presidente del ilegal Partido Social Demócrata de Cuba.

Aunque todavía no hay elementos claros y definitorios, no aparece por ninguna parte la voluntad política de resolver esta situación de una forma justa y decorosa. El gobierno cubano se atrinchera en el silencio.

El episodio involucra de forma directa a niveles de dirección en el aparato del Partido Comunista, la fiscalía y diversos niveles de la pirámide administrativa. De forma tangencial, al Ministerio de la Industria Alimenticia. Este es uno de los centros que el saber popular identifica con la más solapada y galopante corrupción.

El ministro del ramo, Alejandro Roca es un cercano y apreciado colaborador del gobernante Fidel Castro. El es en la actualidad el ministro con mayor antigüedad en el ejercicio de su cargo. En este rubro, Roca sólo es superado en antigüedad como ministro, por el general de ejército Raúl Castro, segundo en la nómina del régimen.
Fin, 2005-12-12

Lavar la leche, Juan González Febles

Niurka Brito Rivas afirmó con toda su ingenuidad que creyó hasta este día en la equidad y la honradez de las autoridades castristas. La joven abogada, de treinta y siete años de edad,  denunció la mañana del martes 9 de agosto un sórdido y abultado caso de corrupción. Lo hizo ante periodistas extranjeros acreditados y una representación de la Prensa Independiente.

La Sra. Brito es abogada especializada en delitos contra la economía. Ejercía como directora comercial de la Empresa de Productos Lácteos de Ciudad de La Habana. Al producirse los hechos fungía además como Reserva Estatal del Director en la ciudad.

Durante la conferencia que ofreció en su domicilio en la calle Carlos III, en el municipio capitalino Centro Habana, denunció delitos que fueron desde la comercialización ilícita de 34. 65 toneladas de leche en polvo –altamente deficitaria- 116 toneladas de cotiledón de soya –materia prima- para la elaboración de yogur, combustible, helado y los correspondientes sobornos en amplias instancias de la administración estatal.

En la declaración escrita que entregó a los profesionales de la prensa convocados, afirma: “el director de la empresa, ciudadano Pablo Estevez me llama a su oficina y me informa que sabia que yo había denunciado el hecho y que eso me costaría caro. Que ni churros vendería por el resto de mi vida…”

Brito denunció el hecho ante el primer secretario del gobernante Partido Comunista de Ciudad de La Habana, Pedro Saez Montejo. Ante el vicepresidente del gobierno de la ciudad conocido como “Yoyi”.  También lo puso en conocimiento de la fiscalía provincial y  los departamentos del Ministerio del Interior que se ocupan de estas irregularidades.
Según relata la Sra Niurka Brito, cada uno de los funcionarios que conoce de la situación, evade tomar medidas dirigidas a esclarecerla.  Los esfuerzos se encaminan a silenciar a la denunciante y sobre todas las cosas: desestimular a cualquiera que en el futuro intente exponer, a traves de las vías establecidas para ello, cualquier hecho de características similares.

La Sra Brito puso el caso en conocimiento del capitán Nápoles del Departamento Técnico de Investigaciones –DTI- de la Policía Nacional Revolucionaria. También del coronel Monte, de la Policía política. El coronel Monte es uno de los jefes del enclave represivo Villa Maristas, sede de la Seguridad del Estado castrista. Allí se ocupa de Información y Análisis.

Yamila, la fiscal jefa en el órgano provincial y la jefa del Grupo de Verificación Fiscal, Maria Elena pidieron a la denunciante Brito que les hiciera llegar una denuncia anónima. Esto según las letradas, “facilitaría las cosas”.

El otrora adusto y severo fiscal de la república, el tristemente célebre Juan Escalona Reguera, rehusó proceder. No concedió entrevistas a la Sra. Brito y se desentendió ostensiblemente del caso.

Uno de los principales encartados Juan José González del Toro conoció misteriosamente el proceso investigativo y abandonó el país de forma clandestina. En la actualidad, se encuentra en los Estados Unidos.

La cacareada eficiencia de la policía política castrista, fracasó en retener dentro de las fronteras al encartado González del Toro. Este es una de las piezas fundamentales para el esclarecimiento de  los hechos. Su compañera lo siguió poco después y se encuentra en México. El individuo  trabajaba en el almacén y se desempeñaba como segundo en el mismo.

Niurka Brito teme la reacción de los afectados por su denuncia. Ha recibido amenazas contra su integridad física y la de sus dos hijos menores. Manifestó sentirse aterrada por el hecho de que no se le ha brindado protección por parte de las autoridades. De hecho, la han dejado cesante, amenazada con que jamás ejercerá su oficio.

El director de la empresa, sugirió que la solución fácil sería “lavar la leche”. Esto era arreglar las cosas trucando papeles. Niurka lo hizo difícil. En su ingenuidad, creyó en la equidad y la conducta ética de los funcionarios gubernamentales castristas. Bienvenida al mundo real, Niurka.
publicado por Cuba Net en agosto 2005

Los bastardos de “Carlota”, Juan González Febles

Se cumplen 30 años de la materialización de la primera fantasía napoleónica del régimen de Fidel Castro. Fue en noviembre de 1975. Comenzó la guerra más absurda y más perjudicial para Cuba, que nada ganó en ella. La campaña de Angola hizo pasar a más de 350 000 cubanos en zafarrancho de guerra  por esa nación situada a más de 11 000KM de la Isla.

La leyenda oficial señala que la operación militar fue bautizada como “Carlota”, en homenaje a una esclava martirizada en la provincia de Matanzas, por su participación en una revuelta de esclavos. El decir paralelo al oficial, se remite a una canción en boga durante la década de los cincuenta. Su estribillo repetía algo así como: “A la pelota con Carlota”.

Negarse a la pelota con Carlota en 1975, equivalía a una muerte clínica social anunciada. Fueron muchos los que dejaron los huesos en aquella aventura. Otros regresaron con sus nervios destrozados o afectados con dolencias exóticas, entre las que quizás se cuente el SIDA. No se dispone la cuenta de los que hoy se sienten estafados.

Fue una empresa en que el régimen fue asistido por una buena suerte excepcional. Se organizó con el voluntarismo y la improvisación con que de costumbre se aborda la economía, la industria y la ciencia de gobierno desde 1959. Fue un desastre que inexplicablemente salió bien.

En la guerra de Angola hubo de todo. Buques de la marina mercante cubana transportando tropas sin tener en cuenta parámetros elementales de seguridad. Es decir, si se hubiera tenido que acometer una evacuación o cualquier otra acción de salvamento en altamar, los valientes internacionalistas se hubieran ahogado. Sobre esto me remito al testimonio del Manuel Beunza, ex oficial del Ministerio del Interior castrista, que desertó y se encuentra exilado en USA.

Vuelos de la línea Cubana de Aviación, con tripulaciones mixtas cubano-rusas, que pasaban por alto normas establecidas para la seguridad del tráfico aéreo. Accidentes producto de la desorganización, como el que costó la vida a Francisco Cabrera, un alto oficial en la cúpula militar castrista de la época.

Si que navegaron con suerte los condotieros africanos de Castro. Aquello debió haber sido el naufragio total, pero no lo fue. No desde el punto de vista militar.

En otro orden de cosas, los bastardos de Carlota se manifestaron en el mal endémico del régimen. Me refiero a la corrupción amplia y generalizada tanto en el aparato militar como en las esferas de la Inteligencia y Contra Inteligencia.

Contrabandos de diamantes, de café, de maderas preciosas para los lujos de las casas de la élite gobernante. Hubo de todo como en botica. Como sucede en una dictadura militar, afirmada por un estado policial.

El personal de apoyo chequeado y contra chequeado por la Seguridad del Estado, participó con entusiasmo en la fiesta. Estos especialistas entre los que se contaron pilotos y azafatas de la linea aérea Cubana de Aviación, especialistas del Ministerio de Comercio Exterior, diplomáticos y tracatanes, por poco lo venden todo.

Pero además de los negocios, también hubo su diversión. Esta estuvo centrada en Rosalinda. Este era el coto vedado de los generales y los altos oficiales. También participaban los pejes gordos del aparato de Seguridad.

En Rosalinda se vivía la vida. Era un centro de esparcimiento que heredaron de los portugueses. La mejor diversión, la comida mejor, las más bellas mujeres y el mejor de los vinos. ¡La dulce vida!

Muchas tarjetas amarillas, recibidas por atribulados cornudos, miembros del Partido de Fidel Castro, tuvieron su origen en Rosalinda.

La tarjeta amarilla es una muestra del carácter retrógrado y machista  del régimen de Fidel Castro. No se trata de notificación de faltas en futbol. Era la información que recibían los guerreros de Fidel Castro, miembros de su Partido, en que eran avisados que su mujer les puso cuernos. Los machos castristas debían repudiar a las infieles, o de lo contrario salir de las filas del Partido.

Muchos se suicidaron por puro amor o quizás vergüenza. Se desconoce la cifra de las bajas físicas por suicidio, que deben atribuirse a las tarjetas amarillas. No hay datos de los que quedaron fuera de las filas del Partido.

No se conoce que mujer alguna haya sido notificada de la infidelidad de su pareja. Este es otro fruto bastardo de Carlota, que puso sobre el tapete la discriminación sexista practicada por el régimen, desde hace mucho tiempo.

Volviendo a Rosalinda, el obeso y glorioso general Tomasevich, llegó a tener su zoológico particular allí. Todo esto en plena guerra, en plena efervescencia guerrera. Un domingo de mayo del año 1978, estalló el escándalo. Una batería de 14, 5 –cuatro bocas- fue asaltada por oleadas de aviones Mirage y Bucaneer enemigos.

Aunque los soldados se batieron con denuedo, fueron diezmados. Hubo más de una docena de muertos y mayor cantidad de heridos. El hecho se produjo en Chamutete, en la vecindad del campamento de Casinga. Nadie respondió a sus peticiones de ayuda. Los refuerzos no llegaron. Los aviones propios no despegaron.

El incidente le costó caro al entonces general de brigada César Lara Roselló. Entre otras cosas le costó la expulsión del Partido de Fidel Castro.

La paz firmada en 1988 puso fin a tanta efusión inútil de sangre. Los muertos regresaron callados y fríos. Se ha dicho, que esta aventura guerrera puso fin al Apartheid. Esto no es del todo así. La concertación internacional y las sanciones impuestas por la ONU lo hicieron.

El verdadero saldo de la Operación Carlota fue una casta militar endiosada y enquistada en los oropeles de sus pírricas victorias africanas. Además, quedaron los muertos, los inválidos, las enfermedades y los recursos quemados en la aventura.

En un futuro habrá que ver que se hace con tanto veterano guerrero ocioso e inútil. Vendrá bien una evaluación objetiva de los pro –si hubo alguno- y de los contra, que son muchos.
Publicado originalmente en Cubanet.org en año 2005

Historia conocida, Juan González Febles

Alguien dijo que la historia se repite, una vez como tragedia y después como comedia. Quizás este sea el caso de las conversaciones exploratorias entre representantes de los guerrilleros izquierdistas colombianos del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el gobierno constitucional de Colombia, en La Habana, al amparo de la hospitalidad y el buen oficio del régimen de Fidel Castro.

Ser juez, parte e incluso verdugo, no constituyen roles desconocidos para las autoridades cubanas. Han demostrado una peculiar habilidad, tanto para crear conflictos como para sofocarlos, cuando se hace necesario. No es poca la experiencia acumulada en el terreno de la mediación y de la intriga internacional o palaciega. Se aprendió mucho y bien de la lucha en unos casos y de la colaboración en otros, con las súper potencias. Ya fuere el mega enemigo del norte (el imperio democrático) o el hermano mayor bolchevique (el imperio del mal).

Lo que nadie puede negar es que se juega mucho en estas negociaciones. Están en la artesa el futuro de la discutible revolución bolivariana y la supervivencia de la dictadura castrista. No hay otra salida que la solución negociada y la paz a todo trance. Con ello, se preservará la continuidad democrática de Colombia, el futuro del delirio bolivariano y ganará un muy ansiado tiempo la dictadura castrista.

Pero, como en todo habrá un costo. El peón a sacrificar será Marulanda-Tirofijo y sus veteranas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, los grandes ausentes de la cita de La Habana.

Tirofijo –salvando las distancias ideológicas- guarda muchas semejanzas con Jonás Savimbi, el finado líder de Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) y con el también finado, comandante Marcial, Salvador Cayetano Carpio de la guerrilla comunista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional FMLN, del Salvador. Ambos nadaron contra la corriente política de sus tiempos y fueron barridos por esta.

El primero murió en una oscura escaramuza y con su muerte allanó el camino para la paz en Angola. El segundo, se suicidó luego de un sórdido episodio que involucró un asesinato. Su ausencia posibilitó los Acuerdos de Esquipulas y la paz en El Salvador. El objetivo perseguido por La Habana fue, la consolidación de la llamada revolución sandinista.

Las conversaciones exploratorias transcurren en medio de una cerrada discreción. Pero existen elementos que no deben ser pasados por alto. Por la parte cubana, están presentes José Remires Estenoz, un súper espía con amplia experiencia en la arena internacional y José Arbezú, que no le va a la zaga.

El mero hecho que estos top model de la  “diplomacia segurosa” castrista estén al tanto del evento, marca el creciente interés del régimen por estar en el ajo de todo este asunto.

No es para menos. Al cabo de más de cuatro décadas, Castro se ha percatado que la eminencia represiva no basta para conservar y dar continuidad más allá de su muerte, al régimen que encabeza. Necesita aliados y una tregua para ganar tiempo. Lo principal es asegurar a su discípulo amado, Hugo Chávez en el poder. Para ello se hace necesario apagar con carácter definitivo el fuego del conflicto colombiano.

Una situación de guerra entre Venezuela y Colombia a partir de la presencia rebelde y el accionar combinado del ELN y las FARC es impensable en estos momentos. Todo parece indicar que la historia va a repetirse. Una vez desarmado el ELN, las FARC enfrentarán el brazo de acero de uno de los ejércitos mejor preparados del continente. Sin las lineas de suministro venezolanas, los días de Tirofijo y de sus FARC están contados. Deberán negociar la paz o afrontar el exterminio.

Las necesidades políticas actuales así lo demandan. El triunfo electoral de Evo Morales, abre nuevas perspectivas. No puede confiarse la supervivencia de la dictadura de Fidel Castro y su hija bastarda la revolución bolivariana, a la inspiración histriónica de Chávez o al entusiasmo cocalero de su protegido del altiplano. La ausencia del régimen de La Habana en el proceso, es impensable.

Como una pincelada de farándula política, que sin dudas aportará sazón y ritmo a tanta aridez, vaya lo siguiente: Se conoció en La Habana, que el escritor y recadero oficioso de Fidel Castro, Gabriel García Márquez, se reunió en su residencia habanera con Antonio García, jefe militar del Ejército de Liberación Nacional (ELN). García, se encuentra al frente de la delegación de su grupo. Se ignora si García Márquez es portador de algún mensaje o se trata simplemente de no quedar fuera de cámara.
Publicado originalmente en Cubanet.org en año 2005

El Sr Rock and Roll, Juan González Febles

Blackmore es casi una leyenda habanera. Una historia personal de persistencia y zozobras. Tiene la misma melena que veintitantos años atrás. Algunas hebras de plata cuentan del paso de los años. Unos fueron muy duros. Otros menos. Todos difíciles.

Blackmore nació predestinado a ser diferente. Su padre fue un ruso, un ex soviético que jamás quiso reconocerlo. Nació un 16 de enero de 1968, en el año del mono. Su nombre oficial, por el que casi nadie –por no decir nadie- le conoce es Juan Carlos Jiménez. Vive en Lawton, en la calle 11 entre calles, Acosta  y Dolores.

Su apodo nació de la admiración fanática que profesa a Richie Blackmore, el guitarrista de la banda de rock, Deep Purple.

Su casa es como un templo del rock `n roll. Afiches, póster, banderas y gallardetes vinculados a figuras vivas y muertas, que de una forma u otra se destacaron en este estilo de vida, que Norteamérica entregó al mundo.

Discos de acetato, cassetes y CD, organizados como una impresionante colección de los últimos 50 años de esta modalidad cultural o contracultural.

Sus favoritos son, el Rey, Elvis Aaron Presley y Deep Purple. Pero además quema incienso a los imprescindibles Beatles, a los Rolling Stones, Crosby Stils and Nash, Emerson Lake n´Palmer, Who, Guess Who, Mamas n`Papas y Sugar Loaf, entre muchos que jamás había oído, a pesar considerarme un conocedor bastante aceptable del tema.

Cada una de las piezas que atesora tiene una historia. Los afiches de Madonna y Janis Joplin, regalo de una luminaria del rock de paso en incógnito por La Habana. La bandera confederada con la efigie de Elvis Presley, la inglesa con la lengua de Mick Jagger, la composición de Marylyn Monroe y la bandera norteamericana. Con esta misma bandera, Jimmy Hendrix y elementos alegóricos a Woodstock.

Luego de muchos azares, riesgos y aprensiones, Blackmore encontró su oficio. Actualmente trabaja como utilero del grupo de Rock, Dimensión Vertical. Cuando mira atrás su vida, siente la satisfacción de no haber dejado mucho de si por el camino.

Toca por oído y afición guitarra y piano. Nunca se sintió capaz de hacerlo desde un escenario. Eso no es para él. Le pregunto por los grupos de rock nacional y declara que sus preferencias se inclinan por Zeus, Venus y Taxon.

Tiene conocimiento de los grupos que se destacaron en los finales de los 60 y en los 70 del pasado siglo. Conoce por cintas el trabajo de Los Pacíficos, Los Jets, Los Dada y los Gnomos. Aunque sin el nivel de especialización alcanzado con los grupos británicos y norteamericanos, se interesa por el rock nacional.

La vida fue dura y difícil para Blackmore. Ha trabajado en múltiples oficios que siempre le resultaron ajenos. Ha sido ayudante de construcción, sereno y operario de la planta de pre fabricado de Lawton.

Su vida estudiantil quedó truncada de forma abrupta. Estudiaba Producción de metales ferrosos, en el Instituto Tecnológico Amistad Cubano-Soviética. Esto fue a comienzos de los 80. Logró llegar hasta el segundo año de sus estudios. Era un adolescente que quería llevar el pelo largo.

Para lograr su propósito alegó sufrir un padecimiento en la cabeza. La llevaba cubierta con una media que ocultaba una nada despreciable melena. En una oportunidad, jugando balompié, la media cayó. Con la media se liberó una melena rubia desconocida hasta ese instante. Fue expulsado.

De inmediato fue llamado a servir en el ejército. En el Servicio Militar Obligatorio, tampoco duró mucho. Luego de una extraña dolencia sicosomática y de pasar un mes aproximadamente sin comer, producto del padecimiento, fue dado de baja.

En la actualidad, Blackmore vive la realidad que se ha creado. Está atrincherado. A los que le critican por no madurar, no les reprocha las vicisitudes de su juventud. Si no le permitieron ser joven, él se vengó no envejeciendo.
Publicado originalmente en Cubanet.org en año 2005

Urselia y Joanne: Los azares del tiempo, Juan González Febles

Con 22 años, Urselia Díaz Báez creía sinceramente estar entregada a una causa superior. Era una joven terrorista que sabía poco de explosivos y menos de política. No conocía a profundidad las escatologías de los discursos. Murió en 1958 en La Habana. Le explotó la bomba que manipulaba en el servicio sanitario para mujeres de un cine habanero. Era joven y bella.

Joanne Deborah Byron Chesimard, es también conocida como Assata Shakur. Cuando era joven, se hizo terrorista en New York. Se perdió en los vericuetos de los discursos y en la retórica de las revoluciones y las involuciones. Con 32 años y ya no tan ilusionada, quiso arreglar su vida. Escapó de la prisión en donde servía prisión perpetua  pagando la vida del patrullero policial, que segó en nombre de su utopía.

Assata-Joanne,  escapó a La Habana de Urselia. Se puso en contacto con la maravilla que quiso de forma infructuosa implantar en su tierra. Como gusta recorrer la ciudad vieja, remozada con la magia artesanal del Leal historiador, encontró policías con todos los requisitos  para seguir la saga, del que dejó tendido en New Jersey.

Estos también se comportan como orgullosos representantes del orden, investidos de autoridad y siempre dispuestos a humillar negros. La diferencia, si la hay, es mínima. Urselia luchó al igual que Joanne a sus veintitantos años. Usó la violencia en esta ciudad para conseguir imponer en todas sus partes la consigna de ese momento: Cero compras, Cero cine, Cero Cabaret.

Hoy aquella consigna hija bastarda del odio y la violencia, creció y se extendió. La Habana de Urselia vive bajo el Cero. Tanto creció su cifra que hoy se vive bajo la realidad de Cero compras, Cero cines, Cero cabaret, Cero suministro adecuado de electricidad, Cero agua corriente, Cero alimentos, Cero esperanzas, en fin, Cero libertad.

Mirando las cosas desde la distancia, cuesta trabajo definir quien tuvo más suerte. Urselia desde la muerte o Joanne en su exilio sin gloria. Exilio clandestino que no puede proclamar su legitimidad; muerte sin sentido ofrendada en sufragio de nuevas opresiones. Alborada gris de nuevas e interminables privaciones que no parecen encontrar su fin.

Los azares del tiempo jugaron una mala pasada a estas dos mujeres. Se extraviaron en los vericuetos inciertos de la violencia con apellidos. Urselia no encontró forma para arrepentirse, Joanne quizás la tenga.

He visto el póster que premia la captura de Joanne. Confieso que sentí la misma desolación que experimenté ante la placa que perpetúa en La Habana, la triste “hazaña” de Urselia. Ambas fueron víctimas de la misma violencia azuzada por los mismos intereses. Un hilo conductor cada vez menos invisible las une.

El fatídico hilo las vincula con dos torres derribadas en New York, con los desmanes de narco-guerrilleros en Colombia, con extremistas islámicos de toda laya. Urselia y Joanne cruzaron sus caminos en La Habana. Los azares del tiempo y la manipulación han hecho el resto.
Publicado originalmente en Cubanet.org año 2005