Y solo lo que nadie puede negar existe, Juan González Febles

Lo peor que trae consigo cualquier mentira es que tarde o temprano será derribada por la verdad. He leído una joyita que dejó escrita Vaclav Havel y que al igual que sucedió con la estatura de gigante del autor, rebasó con creces la circunstancia en que fue escrita. Havel dijo: “La primera pequeña mentira que se contó en nombre de la verdad, la primera pequeña injusticia que se cometió en nombre de la justicia, la primera minúscula inmoralidad en nombre de la moral, siempre significarán el seguro camino del fin”.

El régimen militar cubano se inició con “pequeñas mentiras contadas en nombre de la verdad”, continuó con pequeñas injusticias, -que crecieron con el tiempo- “cometidas en nombre de la justicia” y como ya es sabido, minúsculas y luego mayúsculas inmoralidades, siempre en nombre de alguna moral, a veces con apellido, a veces no. La buena noticia es que este régimen transita “el seguro camino del fin”. Aun así, Cuba vive atada a la aprensión y al peligro que esto representa. Se vive en vecindad y compañía de personas crueles, soberbias, carentes del más mínimo escrúpulo y en posesión del poder absoluto, -el que corrompe absolutamente- el tiempo necesario como para estar absolutamente corruptas.

Vivimos alegre y festinadamente en peligro. Parece que el choteo o abordar lo serio y lo terminal alegre y festinadamente, parecen ser la característica dominante de lo cubano. Entonces, no es nada extraño que parte del programa político no escrito –pero real- de la oposición interna cubana haya sido dado a conocer por un cantante en una guaracha política del régimen. Aunque pueda parecer un chiste, no lo es. Así fue, pero eso no nos exime para nada del peligro cierto que se corre.

La negativa española para investigar de forma imparcial las muertes en circunstancias sospechosas, del líder del Movimiento Cristiano Liberación, Oswaldo Payá Sardiñas y su secretario Harold Cepero, tanto como el empeño de esos que por el primer mundo, se empeñan en creer en las reformas raulistas y sus cambios para lo peor, complican la situación.

Si se toma en consideración el sentimiento compartido -tan especial- de pérdida que existe en España, siempre que sale a colación el tema cubano y los importantes intereses económicos españoles en la Isla, la situación se hace comprensible. Fue el gobierno socialista español de Felipe González quien salvó al régimen militar cubano a raíz del colapso del campo socialista y la felizmente extinta Unión Soviética. Si se trata de España, no es poco coherente que en la actualidad, la administración del PP Rajoy, desestime investigar las muertes de Payá y Cepero.

De vuelta con Vaclav Havel, parecen ser muchos los que en el mundo, contaron sus primeras mentiras en nombre de la verdad, han incurrido en las primeras injusticias en nombre de la justicia y han incurrido en inmoralidades en nombre de la moral y no solo en Cuba o España. ¿Será este el principio del fin para más de una cosa? Digamos como el filósofo chino que, “Solo lo que nadie puede negar existe”. Preparémonos para varios finales, ¡enhorabuena!
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Eduardo Facciolo: El primero de una lista que crece, Juan González Febles

El pasado 28 de septiembre pasó sin penas y sin las glorias muy merecidas, otro aniversario de la ejecución en garrote vil del habanero, y reglano para más precisiones, Eduardo Facciolo Alba, el primer periodista ejecutado en Cuba por ejercer el oficio: es por tanto, el primer mártir del periodismo libre cubano.

Facciolo fue ejecutado un 28 de septiembre del año 1852. El 13 de junio de 1852 –pocos meses antes de ser capturado, juzgado y ejecutado- entregó casi mil ejemplares del primer impreso subversivo con imágenes gráficas hecho en Cuba y con recursos muy precarios. Ante este hecho sin precedentes, se disparó la jauría represiva de la época. Pero los habaneros se dieron gusto con lo que se hacía clandestinamente sin permiso de la censura de aquellos momentos.

Las autoridades y los servidores de la seguridad de aquel estado colonial enloquecían por averiguar donde se ocultaba la imprenta y la redacción del entonces peligroso medio independiente. Cuenta la historia que Facciolo la ocultaba en un sarcófago con el que paseaba desde un coche fúnebre por las calles de La Habana.

Como hay cosas que no cambian nunca, a Eduardo Facciolo lo atraparon por el oficio vil de un chivato. Lo juzgó sumariamente un Consejo de Guerra y en menos de una semana fue ejecutado en garrote vil. Excepto el detalle del garrote, el resto del entramado existe reeditado en la actualidad. Porque con Facciolo, el gobernador español de aquellos tiempos -Valentín Cañedo-, consideró, al igual que sus descendientes empoderados verdeolivo de la actualidad, que se imponía una “medida ejemplarizante” o un escarmiento.

De vuelta con las afinidades, hoy como ayer, una vez que se ejecuta judicialmente o por interés del estado a alguien, el cadáver no es entregado a los familiares. Cirilo Villaverde hace mención de este detalle en su magistral Cecilia Valdés y todo parece indicar que entre los capitanes generales de la corona y el comandante en jefe verdeolivo hay más de una afinidad. ¿Será por eso que los amigos franquistas del gobierno militar llegaron a decir que Fidel Castro era un caudillo de la hispanidad?

Más allá de la hispanidad o del caudillismo, la garantía de todos los tiempos es que frente a tales caudillos de la hispanidad del corte Castro-Cañedo, o populistas o comunistas o fascistas, siempre habrán avispados comunicadores que con un coche fúnebre y algún sarcófago o con imprentas, máquinas de escribir o laptops, darán el santo y seña de la palabra democracia, aunque para muchos en su momento sólo sean perdedores.

Poco más de un siglo después, en el aniversario de la muerte de Facciolo, se creó la apoteosis de la delación. Un 28 de septiembre, pero del año 1960 se crearon los CDR. Estos no pudieron evitar que pocas décadas después surgieran periodistas independientes que seguirían el camino del reglano Eduardo Facciolo, primer mártir del periodismo libre en Cuba.
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Publicado en PD#240 octubre 2012