Lavar la leche, Juan González Febles

Niurka Brito Rivas afirmó con toda su ingenuidad que creyó hasta este día en la equidad y la honradez de las autoridades castristas. La joven abogada, de treinta y siete años de edad,  denunció la mañana del martes 9 de agosto un sórdido y abultado caso de corrupción. Lo hizo ante periodistas extranjeros acreditados y una representación de la Prensa Independiente.

La Sra. Brito es abogada especializada en delitos contra la economía. Ejercía como directora comercial de la Empresa de Productos Lácteos de Ciudad de La Habana. Al producirse los hechos fungía además como Reserva Estatal del Director en la ciudad.

Durante la conferencia que ofreció en su domicilio en la calle Carlos III, en el municipio capitalino Centro Habana, denunció delitos que fueron desde la comercialización ilícita de 34. 65 toneladas de leche en polvo –altamente deficitaria- 116 toneladas de cotiledón de soya –materia prima- para la elaboración de yogur, combustible, helado y los correspondientes sobornos en amplias instancias de la administración estatal.

En la declaración escrita que entregó a los profesionales de la prensa convocados, afirma: “el director de la empresa, ciudadano Pablo Estevez me llama a su oficina y me informa que sabia que yo había denunciado el hecho y que eso me costaría caro. Que ni churros vendería por el resto de mi vida…”

Brito denunció el hecho ante el primer secretario del gobernante Partido Comunista de Ciudad de La Habana, Pedro Saez Montejo. Ante el vicepresidente del gobierno de la ciudad conocido como “Yoyi”.  También lo puso en conocimiento de la fiscalía provincial y  los departamentos del Ministerio del Interior que se ocupan de estas irregularidades.
Según relata la Sra Niurka Brito, cada uno de los funcionarios que conoce de la situación, evade tomar medidas dirigidas a esclarecerla.  Los esfuerzos se encaminan a silenciar a la denunciante y sobre todas las cosas: desestimular a cualquiera que en el futuro intente exponer, a traves de las vías establecidas para ello, cualquier hecho de características similares.

La Sra Brito puso el caso en conocimiento del capitán Nápoles del Departamento Técnico de Investigaciones –DTI- de la Policía Nacional Revolucionaria. También del coronel Monte, de la Policía política. El coronel Monte es uno de los jefes del enclave represivo Villa Maristas, sede de la Seguridad del Estado castrista. Allí se ocupa de Información y Análisis.

Yamila, la fiscal jefa en el órgano provincial y la jefa del Grupo de Verificación Fiscal, Maria Elena pidieron a la denunciante Brito que les hiciera llegar una denuncia anónima. Esto según las letradas, “facilitaría las cosas”.

El otrora adusto y severo fiscal de la república, el tristemente célebre Juan Escalona Reguera, rehusó proceder. No concedió entrevistas a la Sra. Brito y se desentendió ostensiblemente del caso.

Uno de los principales encartados Juan José González del Toro conoció misteriosamente el proceso investigativo y abandonó el país de forma clandestina. En la actualidad, se encuentra en los Estados Unidos.

La cacareada eficiencia de la policía política castrista, fracasó en retener dentro de las fronteras al encartado González del Toro. Este es una de las piezas fundamentales para el esclarecimiento de  los hechos. Su compañera lo siguió poco después y se encuentra en México. El individuo  trabajaba en el almacén y se desempeñaba como segundo en el mismo.

Niurka Brito teme la reacción de los afectados por su denuncia. Ha recibido amenazas contra su integridad física y la de sus dos hijos menores. Manifestó sentirse aterrada por el hecho de que no se le ha brindado protección por parte de las autoridades. De hecho, la han dejado cesante, amenazada con que jamás ejercerá su oficio.

El director de la empresa, sugirió que la solución fácil sería “lavar la leche”. Esto era arreglar las cosas trucando papeles. Niurka lo hizo difícil. En su ingenuidad, creyó en la equidad y la conducta ética de los funcionarios gubernamentales castristas. Bienvenida al mundo real, Niurka.
publicado por Cuba Net en agosto 2005

Los bastardos de “Carlota”, Juan González Febles

Se cumplen 30 años de la materialización de la primera fantasía napoleónica del régimen de Fidel Castro. Fue en noviembre de 1975. Comenzó la guerra más absurda y más perjudicial para Cuba, que nada ganó en ella. La campaña de Angola hizo pasar a más de 350 000 cubanos en zafarrancho de guerra  por esa nación situada a más de 11 000KM de la Isla.

La leyenda oficial señala que la operación militar fue bautizada como “Carlota”, en homenaje a una esclava martirizada en la provincia de Matanzas, por su participación en una revuelta de esclavos. El decir paralelo al oficial, se remite a una canción en boga durante la década de los cincuenta. Su estribillo repetía algo así como: “A la pelota con Carlota”.

Negarse a la pelota con Carlota en 1975, equivalía a una muerte clínica social anunciada. Fueron muchos los que dejaron los huesos en aquella aventura. Otros regresaron con sus nervios destrozados o afectados con dolencias exóticas, entre las que quizás se cuente el SIDA. No se dispone la cuenta de los que hoy se sienten estafados.

Fue una empresa en que el régimen fue asistido por una buena suerte excepcional. Se organizó con el voluntarismo y la improvisación con que de costumbre se aborda la economía, la industria y la ciencia de gobierno desde 1959. Fue un desastre que inexplicablemente salió bien.

En la guerra de Angola hubo de todo. Buques de la marina mercante cubana transportando tropas sin tener en cuenta parámetros elementales de seguridad. Es decir, si se hubiera tenido que acometer una evacuación o cualquier otra acción de salvamento en altamar, los valientes internacionalistas se hubieran ahogado. Sobre esto me remito al testimonio del Manuel Beunza, ex oficial del Ministerio del Interior castrista, que desertó y se encuentra exilado en USA.

Vuelos de la línea Cubana de Aviación, con tripulaciones mixtas cubano-rusas, que pasaban por alto normas establecidas para la seguridad del tráfico aéreo. Accidentes producto de la desorganización, como el que costó la vida a Francisco Cabrera, un alto oficial en la cúpula militar castrista de la época.

Si que navegaron con suerte los condotieros africanos de Castro. Aquello debió haber sido el naufragio total, pero no lo fue. No desde el punto de vista militar.

En otro orden de cosas, los bastardos de Carlota se manifestaron en el mal endémico del régimen. Me refiero a la corrupción amplia y generalizada tanto en el aparato militar como en las esferas de la Inteligencia y Contra Inteligencia.

Contrabandos de diamantes, de café, de maderas preciosas para los lujos de las casas de la élite gobernante. Hubo de todo como en botica. Como sucede en una dictadura militar, afirmada por un estado policial.

El personal de apoyo chequeado y contra chequeado por la Seguridad del Estado, participó con entusiasmo en la fiesta. Estos especialistas entre los que se contaron pilotos y azafatas de la linea aérea Cubana de Aviación, especialistas del Ministerio de Comercio Exterior, diplomáticos y tracatanes, por poco lo venden todo.

Pero además de los negocios, también hubo su diversión. Esta estuvo centrada en Rosalinda. Este era el coto vedado de los generales y los altos oficiales. También participaban los pejes gordos del aparato de Seguridad.

En Rosalinda se vivía la vida. Era un centro de esparcimiento que heredaron de los portugueses. La mejor diversión, la comida mejor, las más bellas mujeres y el mejor de los vinos. ¡La dulce vida!

Muchas tarjetas amarillas, recibidas por atribulados cornudos, miembros del Partido de Fidel Castro, tuvieron su origen en Rosalinda.

La tarjeta amarilla es una muestra del carácter retrógrado y machista  del régimen de Fidel Castro. No se trata de notificación de faltas en futbol. Era la información que recibían los guerreros de Fidel Castro, miembros de su Partido, en que eran avisados que su mujer les puso cuernos. Los machos castristas debían repudiar a las infieles, o de lo contrario salir de las filas del Partido.

Muchos se suicidaron por puro amor o quizás vergüenza. Se desconoce la cifra de las bajas físicas por suicidio, que deben atribuirse a las tarjetas amarillas. No hay datos de los que quedaron fuera de las filas del Partido.

No se conoce que mujer alguna haya sido notificada de la infidelidad de su pareja. Este es otro fruto bastardo de Carlota, que puso sobre el tapete la discriminación sexista practicada por el régimen, desde hace mucho tiempo.

Volviendo a Rosalinda, el obeso y glorioso general Tomasevich, llegó a tener su zoológico particular allí. Todo esto en plena guerra, en plena efervescencia guerrera. Un domingo de mayo del año 1978, estalló el escándalo. Una batería de 14, 5 –cuatro bocas- fue asaltada por oleadas de aviones Mirage y Bucaneer enemigos.

Aunque los soldados se batieron con denuedo, fueron diezmados. Hubo más de una docena de muertos y mayor cantidad de heridos. El hecho se produjo en Chamutete, en la vecindad del campamento de Casinga. Nadie respondió a sus peticiones de ayuda. Los refuerzos no llegaron. Los aviones propios no despegaron.

El incidente le costó caro al entonces general de brigada César Lara Roselló. Entre otras cosas le costó la expulsión del Partido de Fidel Castro.

La paz firmada en 1988 puso fin a tanta efusión inútil de sangre. Los muertos regresaron callados y fríos. Se ha dicho, que esta aventura guerrera puso fin al Apartheid. Esto no es del todo así. La concertación internacional y las sanciones impuestas por la ONU lo hicieron.

El verdadero saldo de la Operación Carlota fue una casta militar endiosada y enquistada en los oropeles de sus pírricas victorias africanas. Además, quedaron los muertos, los inválidos, las enfermedades y los recursos quemados en la aventura.

En un futuro habrá que ver que se hace con tanto veterano guerrero ocioso e inútil. Vendrá bien una evaluación objetiva de los pro –si hubo alguno- y de los contra, que son muchos.
Publicado originalmente en Cubanet.org en año 2005

Historia conocida, Juan González Febles

Alguien dijo que la historia se repite, una vez como tragedia y después como comedia. Quizás este sea el caso de las conversaciones exploratorias entre representantes de los guerrilleros izquierdistas colombianos del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el gobierno constitucional de Colombia, en La Habana, al amparo de la hospitalidad y el buen oficio del régimen de Fidel Castro.

Ser juez, parte e incluso verdugo, no constituyen roles desconocidos para las autoridades cubanas. Han demostrado una peculiar habilidad, tanto para crear conflictos como para sofocarlos, cuando se hace necesario. No es poca la experiencia acumulada en el terreno de la mediación y de la intriga internacional o palaciega. Se aprendió mucho y bien de la lucha en unos casos y de la colaboración en otros, con las súper potencias. Ya fuere el mega enemigo del norte (el imperio democrático) o el hermano mayor bolchevique (el imperio del mal).

Lo que nadie puede negar es que se juega mucho en estas negociaciones. Están en la artesa el futuro de la discutible revolución bolivariana y la supervivencia de la dictadura castrista. No hay otra salida que la solución negociada y la paz a todo trance. Con ello, se preservará la continuidad democrática de Colombia, el futuro del delirio bolivariano y ganará un muy ansiado tiempo la dictadura castrista.

Pero, como en todo habrá un costo. El peón a sacrificar será Marulanda-Tirofijo y sus veteranas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, los grandes ausentes de la cita de La Habana.

Tirofijo –salvando las distancias ideológicas- guarda muchas semejanzas con Jonás Savimbi, el finado líder de Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) y con el también finado, comandante Marcial, Salvador Cayetano Carpio de la guerrilla comunista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional FMLN, del Salvador. Ambos nadaron contra la corriente política de sus tiempos y fueron barridos por esta.

El primero murió en una oscura escaramuza y con su muerte allanó el camino para la paz en Angola. El segundo, se suicidó luego de un sórdido episodio que involucró un asesinato. Su ausencia posibilitó los Acuerdos de Esquipulas y la paz en El Salvador. El objetivo perseguido por La Habana fue, la consolidación de la llamada revolución sandinista.

Las conversaciones exploratorias transcurren en medio de una cerrada discreción. Pero existen elementos que no deben ser pasados por alto. Por la parte cubana, están presentes José Remires Estenoz, un súper espía con amplia experiencia en la arena internacional y José Arbezú, que no le va a la zaga.

El mero hecho que estos top model de la  “diplomacia segurosa” castrista estén al tanto del evento, marca el creciente interés del régimen por estar en el ajo de todo este asunto.

No es para menos. Al cabo de más de cuatro décadas, Castro se ha percatado que la eminencia represiva no basta para conservar y dar continuidad más allá de su muerte, al régimen que encabeza. Necesita aliados y una tregua para ganar tiempo. Lo principal es asegurar a su discípulo amado, Hugo Chávez en el poder. Para ello se hace necesario apagar con carácter definitivo el fuego del conflicto colombiano.

Una situación de guerra entre Venezuela y Colombia a partir de la presencia rebelde y el accionar combinado del ELN y las FARC es impensable en estos momentos. Todo parece indicar que la historia va a repetirse. Una vez desarmado el ELN, las FARC enfrentarán el brazo de acero de uno de los ejércitos mejor preparados del continente. Sin las lineas de suministro venezolanas, los días de Tirofijo y de sus FARC están contados. Deberán negociar la paz o afrontar el exterminio.

Las necesidades políticas actuales así lo demandan. El triunfo electoral de Evo Morales, abre nuevas perspectivas. No puede confiarse la supervivencia de la dictadura de Fidel Castro y su hija bastarda la revolución bolivariana, a la inspiración histriónica de Chávez o al entusiasmo cocalero de su protegido del altiplano. La ausencia del régimen de La Habana en el proceso, es impensable.

Como una pincelada de farándula política, que sin dudas aportará sazón y ritmo a tanta aridez, vaya lo siguiente: Se conoció en La Habana, que el escritor y recadero oficioso de Fidel Castro, Gabriel García Márquez, se reunió en su residencia habanera con Antonio García, jefe militar del Ejército de Liberación Nacional (ELN). García, se encuentra al frente de la delegación de su grupo. Se ignora si García Márquez es portador de algún mensaje o se trata simplemente de no quedar fuera de cámara.
Publicado originalmente en Cubanet.org en año 2005

El Sr Rock and Roll, Juan González Febles

Blackmore es casi una leyenda habanera. Una historia personal de persistencia y zozobras. Tiene la misma melena que veintitantos años atrás. Algunas hebras de plata cuentan del paso de los años. Unos fueron muy duros. Otros menos. Todos difíciles.

Blackmore nació predestinado a ser diferente. Su padre fue un ruso, un ex soviético que jamás quiso reconocerlo. Nació un 16 de enero de 1968, en el año del mono. Su nombre oficial, por el que casi nadie –por no decir nadie- le conoce es Juan Carlos Jiménez. Vive en Lawton, en la calle 11 entre calles, Acosta  y Dolores.

Su apodo nació de la admiración fanática que profesa a Richie Blackmore, el guitarrista de la banda de rock, Deep Purple.

Su casa es como un templo del rock `n roll. Afiches, póster, banderas y gallardetes vinculados a figuras vivas y muertas, que de una forma u otra se destacaron en este estilo de vida, que Norteamérica entregó al mundo.

Discos de acetato, cassetes y CD, organizados como una impresionante colección de los últimos 50 años de esta modalidad cultural o contracultural.

Sus favoritos son, el Rey, Elvis Aaron Presley y Deep Purple. Pero además quema incienso a los imprescindibles Beatles, a los Rolling Stones, Crosby Stils and Nash, Emerson Lake n´Palmer, Who, Guess Who, Mamas n`Papas y Sugar Loaf, entre muchos que jamás había oído, a pesar considerarme un conocedor bastante aceptable del tema.

Cada una de las piezas que atesora tiene una historia. Los afiches de Madonna y Janis Joplin, regalo de una luminaria del rock de paso en incógnito por La Habana. La bandera confederada con la efigie de Elvis Presley, la inglesa con la lengua de Mick Jagger, la composición de Marylyn Monroe y la bandera norteamericana. Con esta misma bandera, Jimmy Hendrix y elementos alegóricos a Woodstock.

Luego de muchos azares, riesgos y aprensiones, Blackmore encontró su oficio. Actualmente trabaja como utilero del grupo de Rock, Dimensión Vertical. Cuando mira atrás su vida, siente la satisfacción de no haber dejado mucho de si por el camino.

Toca por oído y afición guitarra y piano. Nunca se sintió capaz de hacerlo desde un escenario. Eso no es para él. Le pregunto por los grupos de rock nacional y declara que sus preferencias se inclinan por Zeus, Venus y Taxon.

Tiene conocimiento de los grupos que se destacaron en los finales de los 60 y en los 70 del pasado siglo. Conoce por cintas el trabajo de Los Pacíficos, Los Jets, Los Dada y los Gnomos. Aunque sin el nivel de especialización alcanzado con los grupos británicos y norteamericanos, se interesa por el rock nacional.

La vida fue dura y difícil para Blackmore. Ha trabajado en múltiples oficios que siempre le resultaron ajenos. Ha sido ayudante de construcción, sereno y operario de la planta de pre fabricado de Lawton.

Su vida estudiantil quedó truncada de forma abrupta. Estudiaba Producción de metales ferrosos, en el Instituto Tecnológico Amistad Cubano-Soviética. Esto fue a comienzos de los 80. Logró llegar hasta el segundo año de sus estudios. Era un adolescente que quería llevar el pelo largo.

Para lograr su propósito alegó sufrir un padecimiento en la cabeza. La llevaba cubierta con una media que ocultaba una nada despreciable melena. En una oportunidad, jugando balompié, la media cayó. Con la media se liberó una melena rubia desconocida hasta ese instante. Fue expulsado.

De inmediato fue llamado a servir en el ejército. En el Servicio Militar Obligatorio, tampoco duró mucho. Luego de una extraña dolencia sicosomática y de pasar un mes aproximadamente sin comer, producto del padecimiento, fue dado de baja.

En la actualidad, Blackmore vive la realidad que se ha creado. Está atrincherado. A los que le critican por no madurar, no les reprocha las vicisitudes de su juventud. Si no le permitieron ser joven, él se vengó no envejeciendo.
Publicado originalmente en Cubanet.org en año 2005

Eléctrico e inmortal, Juan González Febles

Hace un tiempo escribí para Primavera Digital sobre un taxista por cuenta propia habanero convencido de que Fidel Castro nunca moriría. Estaba o está convencido que el Comandante tiene todos sus órganos internos eléctricos y estos órganos, además cuentan con abundantes piezas de repuesto.

Además de de esta variable tecnológica, está convencido que a partir de ceremonias de magia negra, Castro roba la vida de aquellos a quienes abraza y la toma para sí. Me dijo para la ocasión que esto se llama, “Cambio de cabeza”. Según mi atribulado chofer que no pasa de los 40-45 años, Fidel Castro cambio cabeza con Agostinho Neto, Lucius Walker y por último Hugo Chávez. Que con quien único no pudo fue con Su Santidad Juan Pablo II, porque la brujería de los curas es la que es. A esa gente no la tumba nadie, “¡ahí están antes que Colon!” La conclusión de este sencillo habanero es que Fidel Castro no se morirá nunca y nos enterrará a todos en una tumba, como ya nos tiene enterrados en la mierda.

Una joven amiga con un vuelo cultural más alto, el único comentario que hizo fue que, “nos esperan cien años de mala suerte”. Por supuesto que el comentario fue a partir de la última comparecencia televisiva del Comandante en medio de una corte de ilustrados aduladores.

La reaparición del Comandante, terminó (Cuba adentro) con lo único que quedaba de credibilidad sobre las reformas o mal llamadas reformas raulistas. Habría que ver que tienen que decir ahora los ilustres cubanólogos desde sus tinteros secos por la distancia. Ahí está. Listo para volver a fusilar, a encarcelar y para escarmentar cuando haga falta y si es con negros, mejor.

Por lo pronto, la mácula por las recientes muertes de activistas civiles por huelgas de hambre tonfatitis y pinchazos al azar, salen de la cuenta del general presidente y pasan al cheque en blanco del Comandante. Nunca dejó de ser lo que siempre ha sido.

El elemento más joven de la sociedad cubana, ratifica su escepticismo y su amoralidad de hombres nuevos. La única opción continúa en montarse en algo y largarse lejos. Cuanto antes mejor.

Eléctrico e inmortal, el Comandante deja abierta otras opciones. Primero las esotéricas, y entre estas, la de encender la vela blanca de Dios y la negra del Diablo. Pero eso queda para los pesimistas. Los optimistas confían en el corto circuito y las eventuales fallas en la generación eléctrica. ¡No hay más na!
juan.gonzlezfebles1@gmail.com

“Sagrado y profano”, Juan González Febles

En La Habana colonial de Leal, a pocos metros de la real, en la hermosa y remozada Plaza Vieja, puede apreciarse una muestra de 48 fotografías de Robert Mapplethorpe. Concebida y producida por Phillip Larrat-Smith y coordinada por Pamela Ruiz como curadora adjunta, la exposición deviene otro gancho de atracción turística, que pasan por alto muchos habaneros.

La muestra con título “Sagrado y profano”, ha sido posible por la colaboración de algunas instituciones como son La Fundación Ford de México D.F., la Andy Warhol Foundation for the visual arts de New York y la Easten Foundation, también de New York, entre otras.

La expo se mantendrá desde el 14 de diciembre hasta el 14 de febrero, día del amor en que concluirá. Todo un símbolo para el artista, para su muestra y para una ciudad semi destruida por una combinación irresistible de odio, desidia e intolerancia.

Robert Mapplethorpe (1946-1989) es sin lugar a dudas un icono de la contracultura que arranca desde los 60. Su trabajo se integra a las corrientes contestatarias que tuvieron lugar en ese controvertido periodo. Una buena parte del arte producido en aquel momento obedece a algún tipo de compromiso  social de crítica o de denuncia. Surge de minorías étnicas o grupos sociales rebeldes, marginados o ambos.

Entre los grupos que surgieron con sus demandas a partir de los 60, ocuparon lugar relevante los homosexuales, ya sea gays o lesbianas. Estos se unieron a las masas juveniles que ansiaban ser oídas y el fenómeno fue mundial. Los Estados Unidos, le imprimieron un sello muy especial al periodo, a pesar de su carácter totalizador. La impronta de los Beatles, marcó el ritmo y la pauta de aquella época inolvidable y además irrepetible.

Esa fue precisamente la época de oro para el régimen y la aureola internacional de Fidel Castro. Fue glorificado y ensalzado en el extranjero por los mismos, a los que su régimen reprimiría sin miramientos a escala doméstica.

Tanto el arte de Mapplethorpe, como el de Warhol y otros iconos de la época, fueron velados bajo siete sellos por el gobierno de Fidel Castro. Pocos conocieron en su momento el trabajo que estos desarrollaban. Las vacas sagradas de la cultura, miraban a Europa con la atención congelada en el neorrealismo italiano y la nueva ola francesa, de la posguerra. No consiguieron evolucionar porque les paralizaba su antinorteamericanismo.

El régimen consiguió aislar a la Isla del mundo y su tónica por largos años. Este aislamiento, marca a la muestra de Mapplethorpe en la Plaza Vieja de La Habana.

Las 48 fotografías expuestas, son arte. Rebosan homo erotismo, desafío, pero más allá una sensibilidad fuera de serie. Son imágenes para no olvidar. Las fotos de los famosos como las del actual gobernador de California Arnold Schwarzenegger, en su etapa juvenil y fisiculturista o la de una deliciosa y sensual Susan Sarandon, juvenil y sin la procacidad izquierdista del presente, son un remanso, al igual que sus bien logradas naturalezas.

Junto a ellas, los autorretratos y los retratos de los que llenaron el mundo afectivo del artista. Ante la mirada habanera, Patti Smith, Holly Solomon, Lisa Lyon y los amigos leales o amantes ocasionales del artista.

Mapplethorpe tuvo su visión muy personal de los negros. En su obra estos aparecen estereotipados como homo atletas sexuales o como fetiches homosexuales. Las tendencias sado masoquistas del artista están presentes en la muestra habanera. En ella y a pesar de su escasa concurrencia, predominó el elemento gay, al punto de hacerme sentir marginado y fuera de lugar.

Fuera de los turistas, agradablemente sorprendidos por el evento, los extranjeros con residencia e información sobre el tema, la farándula habanera y el mundillo gay, Robert Mapplethorpe es un perfecto desconocido en La Habana.

La muestra que se exhibe de su quehacer, mueve a algunas reflexiones. Una de ellas podría ser el carácter eternamente oportunista de la dictadura de Fidel Castro. Otra, su capacidad camaleónica para pasar por alto abusos y barrabasadas, como si estos nunca hubieran ocurrido. La otra, sobre secuelas que las torpezas y las crueldades del régimen han dejado en el alma de la nación, ya sea por comisión o por omisión.

La Fototeca de Cuba en la Plaza Vieja, más que la exhibición de una muestra de Robert Mapplethorpe, realiza otra tardía apertura al mundo del que nunca debimos ser apartados. El gesto se une a la estatua de Lennon y a los conciertos de rock escenificados en el horrible Protestodromo de Malecón: Un buen intento, pero demasiado tarde.
fotos Ana Torricella
Publicado originalmente en Cubanet.org. año 2005

“¿Quién lo mató? ¡La policía! ¿Qué pide Abasí? ¡Justicia!”, Juan González Febles

La gente anda crispada en la Isla. Los ánimos están muy caldeados. Esto alcanza a todos por igual. Las calles de La Habana, sus rincones, sus zonas segregadas polarizan hasta el nivel personal un conflicto. La parte más identificada en este enfrentamiento, es la Policía.

Para el ciudadano promedio, la Policía es la Policía. No es nacional ni revolucionaria. Es sólo la parte visible del iceberg monstruoso que enfrenta. Es como dijera uno de los que puede decir: “…La representación del poder revolucionario en las calles”. Calles que son de los revolucionarios y en las que apenas hay revolucionarios.

La noticia es que la espoleta del odio se disparó desde un auto patrullero de la Policía. Un joven negro iba con dos grandes jabas. Las llevaba en cada mano. Era en las cercanías de una fábrica de detergente. El jefe del carro le dio la orden al chofer de iniciar la persecución. Le ordenó al joven negro que se detuviera.

La adrenalina se disparó en todos. El joven negro soltó las jabas y corrió. Es más importante estar libre en la lucha, en la calle, que perder unos cuantos cientos de pesos en detergente. Sonó un disparo. Fue suficiente para atravesar el pulmón y  romper el corazón del negro. Un delincuente menos.

Son muchas las versiones sobre lo que acaeció después. Nosotros en la prensa independiente, carecemos de medios de transportación, entre otras carencias. No siempre acertamos a estar donde queremos cuando debemos. La prensa oficial, es de los revolucionarios. La prensa extranjera acreditada, vive en un espacio ético y dimensional diferente.

Se dice que el jefe del carro fue presa del pánico y quiso darse a la fuga. El otro uniformado se hizo cargo de la situación, llamó a una ambulancia y el herido consiguió llegar a un centro de atención médica. Murió asistido con misericordia. Se llevó un poco del calor y la solidaridad humana que echó de menos durante toda su corta y azarosa vida.

Ese mismo día, -viernes 28- lo supo el plante. Los ecobios se indignaron. No se asesina a un “ñaña” impunemente. Acordaron salir con el féretro y conducirlo hasta la Plaza Cívica, para exigir justicia.

Hicieron su demostración en la calle Zapata del Vedado, el sábado 29. No fueron molestados por la Policía. Les permitieron desahogar la ira y la indignación en parte de las calles –que son de los revolucionarios- y en el cementerio, que felizmente es de todos, por el momento. No así en la Plaza y su Palacio.

Loa ñañigos corearon durante la protesta un curioso estribillo. Lo repetían como una salmodia: “¿Quién lo mató? ¡La policía! ¿Qué pide Abasí? ¡Justicia!”.

Pero los ecobios, se equivocan. Lo mató el egoísmo, lo mató el odio. Lo mató la misma intolerancia cobarde que asesinó legalmente a tres infelices negritos en La Habana, para dar un escarmiento en aquella aciaga Primavera Negra de 2003.

Lo mató el miedo que impide a los cubanos unirse para sacar a Cuba del bache de miseria, cárcel y paredón en que se debate. La Policía es otra víctima, ellos son a fin de cuentas, sólo cubanos. Viven en el miedo. Odiados, sin honor ni amor.

Mientras, la ciudad queda igual con sus calles y sus gentes. La Policía continúa escrutando en cada rostro. Ellos siguen crispados y otro joven negro delinque y distribuye el jabón y la leche. Los cómplices en esta ciudad ajena y diferente, compran y recomiendan cautela.

La élite está a salvo. Aun se trata de la confrontación entre la Policía y la población. Pero cuidado. Ya se hace recurrente pretender dirimir injusticias en el Palacio de la Plaza Cívica. El origen de todas las injusticias. Cerca del cementerio. Donde las segregaciones no cuentan.
Publicado originalmente en Cubanet.org en 2005

Nuestro lastre continúa, Juan González Febles

Fidel Castro compareció ante las cámaras para presentar su libro “Guerrilleros del tiempo”. Desde un panel integrado por el ministro de cultura, Sr. Abel Prieto, el presidente de la unión de escritores, Miguel Barnet y su amanuense y albacea literaria, la Sra. Katiuska Blanco, el insumergible Fidel Castro, hizo las delicias de una corte de ilustres guatacas reunidos para la ocasión.

Los guatacas de esta entrega fueron las figuras primadas de la cultura oficial que rieron emocionados hasta las lágrimas, todos los pujos del Comandante. Su aparición junto a las más recientes declaraciones del heredero, perdón del general presidente, dejan claro que: estamos embarcados. El Comandante no se quiere morir y esto en buen español quiere decir, que en Cuba, nadie podrá vivir.

De acuerdo a la tónica de la entrega, esta fue muy comercial, muy corte best seller, en fin una maravilla mediática. El Comandante salpicó las dos partes de su comparecencia televisiva, con anécdotas que más que hacerlo simpático, dan la medida de su ingenio y de cómo logró estafar a tantos idiotas que lo apoyaron en su momento.

Habló de su trabajo en el bufete de un abogado con relaciones con el general Batista, pero no dijo cómo este general pagó su luna de miel en tierras del imperio y antes bautizó al heredero, (su hermano) el hoy general presidente. En fin, no se explayó en cómo engañó a esos cubanazos que le abrieron la chequera, para tumbar a Batista porque bueno, era mulato como Maceo y fue retranquero. Aunque ellos no eran ni son tan racistas, esto era demasiado y decidieron tumbar a Batista. En la actualidad, luego que el hijo blanco del terrateniente, tumbó a Batista con el dinero que le entregaron y con que los sodomizó, (políticamente hablando)  lloran y se ponen cataplasmas.

El Comandante se veía muy bien y muy repuesto. Habló de las tonterías que le escribe Katiuska, perdón que escribe en sus Reflexiones y volvió sobre su leit motiv de la guerra atómica y la lucha contra el pobre y tolerante imperio. La reaparición del Comandante aporta nuevas aristas a las expectativas de vida para la nación cubana. Hay un colega que considera que como signo de los tiempos, se instituirá el premio nacional Reinaldo Arenas. En este contexto, considera que es el mejor momento para hacerse a gay o ciudadano o súbdito español.

Pero la mejor definición sobre el Comandante, la aportó un colega que es y será el mejor de los amigos que tendré. El considera al Comandante una pieza fecal insumergible y tenaz. Una capaz de vencer a las mejores tuberías y piezas de plomería. Una pieza fecal que emerge victoriosa sobre todos los cubos o baldes de agua empleados para hacerla desaparecer y que no desaparece. Para concluir, hay un cambio en el dilema nacional, el más adecuado sería: caca o muerte, venceremos. ¡Nuestro lastre continúa!
juan.gonzlezfebles1@gmail.com