Historia conocida, Juan González Febles

Alguien dijo que la historia se repite, una vez como tragedia y después como comedia. Quizás este sea el caso de las conversaciones exploratorias entre representantes de los guerrilleros izquierdistas colombianos del Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el gobierno constitucional de Colombia, en La Habana, al amparo de la hospitalidad y el buen oficio del régimen de Fidel Castro.

Ser juez, parte e incluso verdugo, no constituyen roles desconocidos para las autoridades cubanas. Han demostrado una peculiar habilidad, tanto para crear conflictos como para sofocarlos, cuando se hace necesario. No es poca la experiencia acumulada en el terreno de la mediación y de la intriga internacional o palaciega. Se aprendió mucho y bien de la lucha en unos casos y de la colaboración en otros, con las súper potencias. Ya fuere el mega enemigo del norte (el imperio democrático) o el hermano mayor bolchevique (el imperio del mal).

Lo que nadie puede negar es que se juega mucho en estas negociaciones. Están en la artesa el futuro de la discutible revolución bolivariana y la supervivencia de la dictadura castrista. No hay otra salida que la solución negociada y la paz a todo trance. Con ello, se preservará la continuidad democrática de Colombia, el futuro del delirio bolivariano y ganará un muy ansiado tiempo la dictadura castrista.

Pero, como en todo habrá un costo. El peón a sacrificar será Marulanda-Tirofijo y sus veteranas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, los grandes ausentes de la cita de La Habana.

Tirofijo –salvando las distancias ideológicas- guarda muchas semejanzas con Jonás Savimbi, el finado líder de Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA) y con el también finado, comandante Marcial, Salvador Cayetano Carpio de la guerrilla comunista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional FMLN, del Salvador. Ambos nadaron contra la corriente política de sus tiempos y fueron barridos por esta.

El primero murió en una oscura escaramuza y con su muerte allanó el camino para la paz en Angola. El segundo, se suicidó luego de un sórdido episodio que involucró un asesinato. Su ausencia posibilitó los Acuerdos de Esquipulas y la paz en El Salvador. El objetivo perseguido por La Habana fue, la consolidación de la llamada revolución sandinista.

Las conversaciones exploratorias transcurren en medio de una cerrada discreción. Pero existen elementos que no deben ser pasados por alto. Por la parte cubana, están presentes José Remires Estenoz, un súper espía con amplia experiencia en la arena internacional y José Arbezú, que no le va a la zaga.

El mero hecho que estos top model de la  “diplomacia segurosa” castrista estén al tanto del evento, marca el creciente interés del régimen por estar en el ajo de todo este asunto.

No es para menos. Al cabo de más de cuatro décadas, Castro se ha percatado que la eminencia represiva no basta para conservar y dar continuidad más allá de su muerte, al régimen que encabeza. Necesita aliados y una tregua para ganar tiempo. Lo principal es asegurar a su discípulo amado, Hugo Chávez en el poder. Para ello se hace necesario apagar con carácter definitivo el fuego del conflicto colombiano.

Una situación de guerra entre Venezuela y Colombia a partir de la presencia rebelde y el accionar combinado del ELN y las FARC es impensable en estos momentos. Todo parece indicar que la historia va a repetirse. Una vez desarmado el ELN, las FARC enfrentarán el brazo de acero de uno de los ejércitos mejor preparados del continente. Sin las lineas de suministro venezolanas, los días de Tirofijo y de sus FARC están contados. Deberán negociar la paz o afrontar el exterminio.

Las necesidades políticas actuales así lo demandan. El triunfo electoral de Evo Morales, abre nuevas perspectivas. No puede confiarse la supervivencia de la dictadura de Fidel Castro y su hija bastarda la revolución bolivariana, a la inspiración histriónica de Chávez o al entusiasmo cocalero de su protegido del altiplano. La ausencia del régimen de La Habana en el proceso, es impensable.

Como una pincelada de farándula política, que sin dudas aportará sazón y ritmo a tanta aridez, vaya lo siguiente: Se conoció en La Habana, que el escritor y recadero oficioso de Fidel Castro, Gabriel García Márquez, se reunió en su residencia habanera con Antonio García, jefe militar del Ejército de Liberación Nacional (ELN). García, se encuentra al frente de la delegación de su grupo. Se ignora si García Márquez es portador de algún mensaje o se trata simplemente de no quedar fuera de cámara.
Publicado originalmente en Cubanet.org en año 2005

El Sr Rock and Roll, Juan González Febles

Blackmore es casi una leyenda habanera. Una historia personal de persistencia y zozobras. Tiene la misma melena que veintitantos años atrás. Algunas hebras de plata cuentan del paso de los años. Unos fueron muy duros. Otros menos. Todos difíciles.

Blackmore nació predestinado a ser diferente. Su padre fue un ruso, un ex soviético que jamás quiso reconocerlo. Nació un 16 de enero de 1968, en el año del mono. Su nombre oficial, por el que casi nadie –por no decir nadie- le conoce es Juan Carlos Jiménez. Vive en Lawton, en la calle 11 entre calles, Acosta  y Dolores.

Su apodo nació de la admiración fanática que profesa a Richie Blackmore, el guitarrista de la banda de rock, Deep Purple.

Su casa es como un templo del rock `n roll. Afiches, póster, banderas y gallardetes vinculados a figuras vivas y muertas, que de una forma u otra se destacaron en este estilo de vida, que Norteamérica entregó al mundo.

Discos de acetato, cassetes y CD, organizados como una impresionante colección de los últimos 50 años de esta modalidad cultural o contracultural.

Sus favoritos son, el Rey, Elvis Aaron Presley y Deep Purple. Pero además quema incienso a los imprescindibles Beatles, a los Rolling Stones, Crosby Stils and Nash, Emerson Lake n´Palmer, Who, Guess Who, Mamas n`Papas y Sugar Loaf, entre muchos que jamás había oído, a pesar considerarme un conocedor bastante aceptable del tema.

Cada una de las piezas que atesora tiene una historia. Los afiches de Madonna y Janis Joplin, regalo de una luminaria del rock de paso en incógnito por La Habana. La bandera confederada con la efigie de Elvis Presley, la inglesa con la lengua de Mick Jagger, la composición de Marylyn Monroe y la bandera norteamericana. Con esta misma bandera, Jimmy Hendrix y elementos alegóricos a Woodstock.

Luego de muchos azares, riesgos y aprensiones, Blackmore encontró su oficio. Actualmente trabaja como utilero del grupo de Rock, Dimensión Vertical. Cuando mira atrás su vida, siente la satisfacción de no haber dejado mucho de si por el camino.

Toca por oído y afición guitarra y piano. Nunca se sintió capaz de hacerlo desde un escenario. Eso no es para él. Le pregunto por los grupos de rock nacional y declara que sus preferencias se inclinan por Zeus, Venus y Taxon.

Tiene conocimiento de los grupos que se destacaron en los finales de los 60 y en los 70 del pasado siglo. Conoce por cintas el trabajo de Los Pacíficos, Los Jets, Los Dada y los Gnomos. Aunque sin el nivel de especialización alcanzado con los grupos británicos y norteamericanos, se interesa por el rock nacional.

La vida fue dura y difícil para Blackmore. Ha trabajado en múltiples oficios que siempre le resultaron ajenos. Ha sido ayudante de construcción, sereno y operario de la planta de pre fabricado de Lawton.

Su vida estudiantil quedó truncada de forma abrupta. Estudiaba Producción de metales ferrosos, en el Instituto Tecnológico Amistad Cubano-Soviética. Esto fue a comienzos de los 80. Logró llegar hasta el segundo año de sus estudios. Era un adolescente que quería llevar el pelo largo.

Para lograr su propósito alegó sufrir un padecimiento en la cabeza. La llevaba cubierta con una media que ocultaba una nada despreciable melena. En una oportunidad, jugando balompié, la media cayó. Con la media se liberó una melena rubia desconocida hasta ese instante. Fue expulsado.

De inmediato fue llamado a servir en el ejército. En el Servicio Militar Obligatorio, tampoco duró mucho. Luego de una extraña dolencia sicosomática y de pasar un mes aproximadamente sin comer, producto del padecimiento, fue dado de baja.

En la actualidad, Blackmore vive la realidad que se ha creado. Está atrincherado. A los que le critican por no madurar, no les reprocha las vicisitudes de su juventud. Si no le permitieron ser joven, él se vengó no envejeciendo.
Publicado originalmente en Cubanet.org en año 2005

Urselia y Joanne: Los azares del tiempo, Juan González Febles

Con 22 años, Urselia Díaz Báez creía sinceramente estar entregada a una causa superior. Era una joven terrorista que sabía poco de explosivos y menos de política. No conocía a profundidad las escatologías de los discursos. Murió en 1958 en La Habana. Le explotó la bomba que manipulaba en el servicio sanitario para mujeres de un cine habanero. Era joven y bella.

Joanne Deborah Byron Chesimard, es también conocida como Assata Shakur. Cuando era joven, se hizo terrorista en New York. Se perdió en los vericuetos de los discursos y en la retórica de las revoluciones y las involuciones. Con 32 años y ya no tan ilusionada, quiso arreglar su vida. Escapó de la prisión en donde servía prisión perpetua  pagando la vida del patrullero policial, que segó en nombre de su utopía.

Assata-Joanne,  escapó a La Habana de Urselia. Se puso en contacto con la maravilla que quiso de forma infructuosa implantar en su tierra. Como gusta recorrer la ciudad vieja, remozada con la magia artesanal del Leal historiador, encontró policías con todos los requisitos  para seguir la saga, del que dejó tendido en New Jersey.

Estos también se comportan como orgullosos representantes del orden, investidos de autoridad y siempre dispuestos a humillar negros. La diferencia, si la hay, es mínima. Urselia luchó al igual que Joanne a sus veintitantos años. Usó la violencia en esta ciudad para conseguir imponer en todas sus partes la consigna de ese momento: Cero compras, Cero cine, Cero Cabaret.

Hoy aquella consigna hija bastarda del odio y la violencia, creció y se extendió. La Habana de Urselia vive bajo el Cero. Tanto creció su cifra que hoy se vive bajo la realidad de Cero compras, Cero cines, Cero cabaret, Cero suministro adecuado de electricidad, Cero agua corriente, Cero alimentos, Cero esperanzas, en fin, Cero libertad.

Mirando las cosas desde la distancia, cuesta trabajo definir quien tuvo más suerte. Urselia desde la muerte o Joanne en su exilio sin gloria. Exilio clandestino que no puede proclamar su legitimidad; muerte sin sentido ofrendada en sufragio de nuevas opresiones. Alborada gris de nuevas e interminables privaciones que no parecen encontrar su fin.

Los azares del tiempo jugaron una mala pasada a estas dos mujeres. Se extraviaron en los vericuetos inciertos de la violencia con apellidos. Urselia no encontró forma para arrepentirse, Joanne quizás la tenga.

He visto el póster que premia la captura de Joanne. Confieso que sentí la misma desolación que experimenté ante la placa que perpetúa en La Habana, la triste “hazaña” de Urselia. Ambas fueron víctimas de la misma violencia azuzada por los mismos intereses. Un hilo conductor cada vez menos invisible las une.

El fatídico hilo las vincula con dos torres derribadas en New York, con los desmanes de narco-guerrilleros en Colombia, con extremistas islámicos de toda laya. Urselia y Joanne cruzaron sus caminos en La Habana. Los azares del tiempo y la manipulación han hecho el resto.
Publicado originalmente en Cubanet.org año 2005

“Sagrado y profano”, Juan González Febles

En La Habana colonial de Leal, a pocos metros de la real, en la hermosa y remozada Plaza Vieja, puede apreciarse una muestra de 48 fotografías de Robert Mapplethorpe. Concebida y producida por Phillip Larrat-Smith y coordinada por Pamela Ruiz como curadora adjunta, la exposición deviene otro gancho de atracción turística, que pasan por alto muchos habaneros.

La muestra con título “Sagrado y profano”, ha sido posible por la colaboración de algunas instituciones como son La Fundación Ford de México D.F., la Andy Warhol Foundation for the visual arts de New York y la Easten Foundation, también de New York, entre otras.

La expo se mantendrá desde el 14 de diciembre hasta el 14 de febrero, día del amor en que concluirá. Todo un símbolo para el artista, para su muestra y para una ciudad semi destruida por una combinación irresistible de odio, desidia e intolerancia.

Robert Mapplethorpe (1946-1989) es sin lugar a dudas un icono de la contracultura que arranca desde los 60. Su trabajo se integra a las corrientes contestatarias que tuvieron lugar en ese controvertido periodo. Una buena parte del arte producido en aquel momento obedece a algún tipo de compromiso  social de crítica o de denuncia. Surge de minorías étnicas o grupos sociales rebeldes, marginados o ambos.

Entre los grupos que surgieron con sus demandas a partir de los 60, ocuparon lugar relevante los homosexuales, ya sea gays o lesbianas. Estos se unieron a las masas juveniles que ansiaban ser oídas y el fenómeno fue mundial. Los Estados Unidos, le imprimieron un sello muy especial al periodo, a pesar de su carácter totalizador. La impronta de los Beatles, marcó el ritmo y la pauta de aquella época inolvidable y además irrepetible.

Esa fue precisamente la época de oro para el régimen y la aureola internacional de Fidel Castro. Fue glorificado y ensalzado en el extranjero por los mismos, a los que su régimen reprimiría sin miramientos a escala doméstica.

Tanto el arte de Mapplethorpe, como el de Warhol y otros iconos de la época, fueron velados bajo siete sellos por el gobierno de Fidel Castro. Pocos conocieron en su momento el trabajo que estos desarrollaban. Las vacas sagradas de la cultura, miraban a Europa con la atención congelada en el neorrealismo italiano y la nueva ola francesa, de la posguerra. No consiguieron evolucionar porque les paralizaba su antinorteamericanismo.

El régimen consiguió aislar a la Isla del mundo y su tónica por largos años. Este aislamiento, marca a la muestra de Mapplethorpe en la Plaza Vieja de La Habana.

Las 48 fotografías expuestas, son arte. Rebosan homo erotismo, desafío, pero más allá una sensibilidad fuera de serie. Son imágenes para no olvidar. Las fotos de los famosos como las del actual gobernador de California Arnold Schwarzenegger, en su etapa juvenil y fisiculturista o la de una deliciosa y sensual Susan Sarandon, juvenil y sin la procacidad izquierdista del presente, son un remanso, al igual que sus bien logradas naturalezas.

Junto a ellas, los autorretratos y los retratos de los que llenaron el mundo afectivo del artista. Ante la mirada habanera, Patti Smith, Holly Solomon, Lisa Lyon y los amigos leales o amantes ocasionales del artista.

Mapplethorpe tuvo su visión muy personal de los negros. En su obra estos aparecen estereotipados como homo atletas sexuales o como fetiches homosexuales. Las tendencias sado masoquistas del artista están presentes en la muestra habanera. En ella y a pesar de su escasa concurrencia, predominó el elemento gay, al punto de hacerme sentir marginado y fuera de lugar.

Fuera de los turistas, agradablemente sorprendidos por el evento, los extranjeros con residencia e información sobre el tema, la farándula habanera y el mundillo gay, Robert Mapplethorpe es un perfecto desconocido en La Habana.

La muestra que se exhibe de su quehacer, mueve a algunas reflexiones. Una de ellas podría ser el carácter eternamente oportunista de la dictadura de Fidel Castro. Otra, su capacidad camaleónica para pasar por alto abusos y barrabasadas, como si estos nunca hubieran ocurrido. La otra, sobre secuelas que las torpezas y las crueldades del régimen han dejado en el alma de la nación, ya sea por comisión o por omisión.

La Fototeca de Cuba en la Plaza Vieja, más que la exhibición de una muestra de Robert Mapplethorpe, realiza otra tardía apertura al mundo del que nunca debimos ser apartados. El gesto se une a la estatua de Lennon y a los conciertos de rock escenificados en el horrible Protestodromo de Malecón: Un buen intento, pero demasiado tarde.
fotos Ana Torricella
Publicado originalmente en Cubanet.org. año 2005

“¿Quién lo mató? ¡La policía! ¿Qué pide Abasí? ¡Justicia!”, Juan González Febles

La gente anda crispada en la Isla. Los ánimos están muy caldeados. Esto alcanza a todos por igual. Las calles de La Habana, sus rincones, sus zonas segregadas polarizan hasta el nivel personal un conflicto. La parte más identificada en este enfrentamiento, es la Policía.

Para el ciudadano promedio, la Policía es la Policía. No es nacional ni revolucionaria. Es sólo la parte visible del iceberg monstruoso que enfrenta. Es como dijera uno de los que puede decir: “…La representación del poder revolucionario en las calles”. Calles que son de los revolucionarios y en las que apenas hay revolucionarios.

La noticia es que la espoleta del odio se disparó desde un auto patrullero de la Policía. Un joven negro iba con dos grandes jabas. Las llevaba en cada mano. Era en las cercanías de una fábrica de detergente. El jefe del carro le dio la orden al chofer de iniciar la persecución. Le ordenó al joven negro que se detuviera.

La adrenalina se disparó en todos. El joven negro soltó las jabas y corrió. Es más importante estar libre en la lucha, en la calle, que perder unos cuantos cientos de pesos en detergente. Sonó un disparo. Fue suficiente para atravesar el pulmón y  romper el corazón del negro. Un delincuente menos.

Son muchas las versiones sobre lo que acaeció después. Nosotros en la prensa independiente, carecemos de medios de transportación, entre otras carencias. No siempre acertamos a estar donde queremos cuando debemos. La prensa oficial, es de los revolucionarios. La prensa extranjera acreditada, vive en un espacio ético y dimensional diferente.

Se dice que el jefe del carro fue presa del pánico y quiso darse a la fuga. El otro uniformado se hizo cargo de la situación, llamó a una ambulancia y el herido consiguió llegar a un centro de atención médica. Murió asistido con misericordia. Se llevó un poco del calor y la solidaridad humana que echó de menos durante toda su corta y azarosa vida.

Ese mismo día, -viernes 28- lo supo el plante. Los ecobios se indignaron. No se asesina a un “ñaña” impunemente. Acordaron salir con el féretro y conducirlo hasta la Plaza Cívica, para exigir justicia.

Hicieron su demostración en la calle Zapata del Vedado, el sábado 29. No fueron molestados por la Policía. Les permitieron desahogar la ira y la indignación en parte de las calles –que son de los revolucionarios- y en el cementerio, que felizmente es de todos, por el momento. No así en la Plaza y su Palacio.

Loa ñañigos corearon durante la protesta un curioso estribillo. Lo repetían como una salmodia: “¿Quién lo mató? ¡La policía! ¿Qué pide Abasí? ¡Justicia!”.

Pero los ecobios, se equivocan. Lo mató el egoísmo, lo mató el odio. Lo mató la misma intolerancia cobarde que asesinó legalmente a tres infelices negritos en La Habana, para dar un escarmiento en aquella aciaga Primavera Negra de 2003.

Lo mató el miedo que impide a los cubanos unirse para sacar a Cuba del bache de miseria, cárcel y paredón en que se debate. La Policía es otra víctima, ellos son a fin de cuentas, sólo cubanos. Viven en el miedo. Odiados, sin honor ni amor.

Mientras, la ciudad queda igual con sus calles y sus gentes. La Policía continúa escrutando en cada rostro. Ellos siguen crispados y otro joven negro delinque y distribuye el jabón y la leche. Los cómplices en esta ciudad ajena y diferente, compran y recomiendan cautela.

La élite está a salvo. Aun se trata de la confrontación entre la Policía y la población. Pero cuidado. Ya se hace recurrente pretender dirimir injusticias en el Palacio de la Plaza Cívica. El origen de todas las injusticias. Cerca del cementerio. Donde las segregaciones no cuentan.
Publicado originalmente en Cubanet.org en 2005