Un lamentable precedente de impunidad, Juan González Febles

Un acuerdo producto de  casi cuatro años de laboriosas negociaciones patrocinadas entre otros por el régimen militar totalitario castrista de Cuba, Noruega, la ONU y otros actores de mayor o menor cuantía, sienta las coordenadas de una paz en Colombia, que podría balancearse en un futuro sobre la tela de una araña, romper la tela y acabar hasta con la araña.

El régimen militar castrista que por décadas fue el proveedor militar y asesor político de los maleantes de las FARC, emerge de estos acuerdos como garante de paz. ¡Quién  lo diría!

Desde el acuerdo, se establece un cronograma para que las FARC pasen del secuestro, el asesinato, el narcotráfico y otras lindezas de ese estilo, a la corrupción, área primada para revolucionarios profesionales. Así, el grupo gansteril dejará las armas y se convertirá en partido político. Tendrán garantizados diez escaños en el Congreso por ocho años en que al igual que Lula, Cristina Kishner, , Dilma Rouseffe, y como ellos, lavarán dinero, traficarán influencias y pasarán a ser políticos de izquierda en el estilo afirmado por la izquierda mundial, así como, la izquierda latinoamericana contemporánea.

Para muchos que a lo largo del mundo optan por la decencia, se trata de concesiones inaceptables que en un futuro serán lamentadas. Se conceden prerrogativas a unos terroristas que pasaron su vida en guerra contra la democracia. Pero ellos prometieron salir del narcotráfico, su principal afición y medio de sustento. Lo hicieron a cambio de promesas para un desarrollo rural sin actores enunciados con propiedad. Estos actores bien podrían ser los camellos revolucionarios consagrados al trasiego callejero y la siembra de drogas, para esa revolución que tan bien conocemos por acá.

La paz en Colombia solo será sostenible a través de un compromiso genuino de justicia y reparación para las víctimas. El fin definitivo de la violencia de las FARC lo será, para las víctimas y para el pueblo colombiano en general, en el instante en que exista una garantía de que los maleantes de las FARC no tengan nuevas posibilidades de amenazar la tranquilidad ciudadana y el orden democrático.

Lo más significativo es como la Organización de Naciones Unidas (ONU) no se pronunció en su momento con la energía demandada, acerca de los secuestros, los reclutamientos forzosos, los asesinatos y la práctica del narcotráfico practicados por los elementos FARC. Quizás esto explique cómo el régimen militar castrista que entrenó, apoyó y propició todos estos horrores y que en la actualidad reprime la manifestación pacífica ciudadana en las calles, la libertad de expresión, asociación, prensa y otros derechos consagrados por la ONU, resulta agraciado por la propia ONU en momentos como este y en otros más significativos aún.

El presidente Juan Manuel Santos espera que el acuerdo final alcanzado sea sometido a un plebiscito para su ratificación. Pero como ya se ha dicho, la paz solo será sostenible a través del compromiso con la justicia, la reparación para las víctimas y el fin de la violencia promovida por las FARC.

Se dice y es lo correcto políticamente, que el acuerdo es producto de cuatro años de negociaciones patrocinadas entre otros, por el régimen castrista de Cuba, que fue el proveedor militar y asesor general de los terroristas de las FARC. El hecho real estriba en que poco antes, algunas entre las figuras ejecutivas más prominentes de la banda, encontraron el final que muchos consideraron justo en tales momentos. Así, algo cayó sobre ‘Mono Jojoy’, Raúl Reyes dejo de estar entre los vivos y Simón Trinidad junto a otros de ese estilo, dejaron de representar el peligro real que representaron para sus semejantes.

En fin, tanto Timoshenko, como Iván Márquez, como los otros sobrevivientes segundones, tomaron la decisión adecuada, bajo la presión de tales circunstancias. Vamos, morir por la revolución es simplemente morir y los muertos, afortunadamente no secuestran, no trafican, no asesinan ni presionan con chantajes. Tales circunstancias aunque haya podido o no demostrarse que fueran obra o hechura de los “imperialistas yanquis”, funcionaron. ¡Shalom! ¡Voila! ¡Enhorabuena!!! Y bueno, hasta ¡Happy Thanksgiving!!!!!
infiernodepalo@gmail.com
Tomado de: wwww.primaveradigital.net; PD#445

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