La crónica de un retiro, Juan González Febles

Desde la siempre fraterna MartiNoticias, nos llega con la autoría de Armando de Armas, su trabajo titulado: “Fernández Mell: embajador de Cuba, alcalde de La Habana y jubilado en Galicia”.

Se trata de la crónica del retiro de uno de los más fieles y eximios servidores del líder histórico del desastre nacional cubano y culpable en jefe, de todo lo peor Cuba adentro: Fidel Castro.

A algunos que leyeron la entrega de Armando de Armas les cuesta trabajo entender cómo es posible que Oscar Fernández Mell, que estuvo con Fidel Castro en la Sierra Maestra durante la “guerra” manigüera contra Fulgencio Batista, que fue amigo íntimo del Che Guevara, la fría y eficiente máquina de matar, general, jefe médico y un muy alto funcionario en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, embajador en Inglaterra y Finlandia, alcalde durante más de diez años de La Habana, ahora vive ausente de la “gloria en que han vivido”, en la Galicia de nuestra desgracia y sus ancestros.

Lo más coherente es que hubiera permanecido por acá, en el infierno que contribuyó a crear. ¿Qué hace tan lejos?

En Cuba, Fernández Mell se hizo acreedor de una cómoda residencia en el Miramar del privilegio, que recibió como botín y no como fruto de esfuerzo honrado alguno.

¿Por qué alguien con su nivel de compromiso se va tan lejos a disfrutar su tajada del pastel?

Parece ser una tendencia que algunos escogidos entre los paniaguados y herederos sin gloria, se vayan a España, Italia, Estados Unidos, etc., a terminar en paz su periplo de servicios. ¿Se tratará de que alguien les preserve de  algunos horrores que vendrán?

Fernández Mel, como reseña el trabajo publicado por MartiNoticias, en su momento y en calidad de embajador extraordinario y plenipotenciario de Cuba en el Reino Unido, fue responsable del incidente protagonizado por uno de los miembros de la misión diplomática castrista por aquellos lares. En el mejor estilo de los sicarios de carteles criminales latinoamericanos, un funcionario a él subordinado abrió fuego de forma indiscriminada en una concurrida calle de la capital británica para asesinar o impedir la deserción de otro diplomático.  Dejó a un hombre con heridas de bala. El gobierno británico expulsó a Fernández Mell y al otro involucrado en el hecho delictivo.

En Cuba, Fernández Mell no la pasó nada mal. Por un tiempo, vivió en las residencias que ocupaba el argentino Ernesto Che Guevara, a quien acompañó en su errática y fracasada aventura africana. También, ligó bueno, lo mejor de su tiempo. Su novia y después esposa, Odalys Fuentes, fue una famosa  y por entonces bellísima modelo televisiva que promovió la cerveza Hatuey y los maquillajes y cosméticos Max Factor. El propio Guevara, que no siempre anduvo ocupado en  matar a alguien, fue el padrino de sus esponsales.

Como Fernández Mell ya tiene más de ochenta años, está en el momento adecuado para más de un retiro. ¿A qué le teme?

Por lo pronto y para mantener la mente positiva, me pregunto: ¿Será posible que le consiga acomodo por allá a Raúl Castro? De ser así, prestará el servicio más valioso de su vida. Servicio que todos por acá le agradeceremos eternamente.
infiernodepalo@gmail.com
Tomado de: wwwprimaveradigital.net; PD#431

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