Detenciones arbitrarias y abusos en visita pontificia, Juan González Febles

Más de cincuenta detenciones arbitrarias solo en La Habana y casi más de doscientas a lo largo del país, además de la recogida de los trashumantes, sin techo y menesterosos habaneros, constituyeron el saldo más apreciable de la visita del Papa jesuita Francisco I a Cuba.

Este saldo es la parte inicial de su visita y constituye solo un balance tentativo de los resultados de su presencia entre el 19 y el 20 de setiembre en La Habana.

Solo en la sede habanera de la organización opositora pacífica ‘Damas de Blanco Laura Pollán’ hubo 23 arrestos entre el 19 y el 20 de setiembre.

El propio 19 de setiembre el Nuncio Apostólico invitó a varias personalidades de la sociedad civil y la oposición interna para que acudieran a las afueras de la Nunciatura, para que allí recibieran el saludo y la bendición papal. Fueron invitados Berta Soler Fernández, Marta Beatriz Roque Cabello, Miriam Leiva y Antonio González Rodiles.

González Rodiles preguntó a funcionarios de la Nunciatura si Su Santidad se reuniría con personalidades y líderes de la disidencia interna y ante la respuesta negativa, declinó cortésmente la invitación.

Las señoras Soler Fernández, Roque Cabello y Leiva García acudieron porque católicas practicantes, actuaron en armonía con su fe. No obstante a ello, todas fueron impedidas de participar, resultaron arrestadas y posteriormente devueltas a sus respectivos domicilios en carros patrulleros de la policía o en vehículos oficiales del Ministerio del Interior.

Solo en la capital, más de un centenar de ciudadanos fueron advertidos por factores del aparato represor (Seguridad del Estado, Policía Nacional Revolucionaria) para por diversas razones, impedirles asistir y participar en la misa papal. Algunos fueron excluibles regresados a la Isla desde los Estados Unidos, otros, activistas de la oposición pacífica interna, los más, personas sindicadas como desafectas al régimen militar cubano.

Declaraciones recibidas en este medio de prensa apuntan a una creciente y compartida decepción por parte de una amplia gama de líderes y personalidades tanto de la oposición como de la sociedad civil contestataria.

Berta Soler Fernández, líder y portavoz de Damas de Blanco “Laura Pollán”, manifestó su malestar por lo que calificó como la intolerancia del régimen militar cubano a partir de la represión desembozada que desencadenó durante esta visita papal.

Por su parte, Antonio González Rodiles comentó su decepción porque Su Santidad decidió excluir a los opositores pacíficos de su agenda de trabajo en la Isla.

El régimen militar montó su coreografía y para esta visita papal, a diferencia de la primera visita de Juan Pablo II, controló la participación ciudadana en todos y hasta en los más mínimos detalles. La actuación de los agentes represores se manifestó hasta en camilleros de la Cruz Roja que actuaron contra alguien que intentó mostrar un cartel durante la celebración y fue reducido con una muy rápida y aún más efectiva violencia.

El discurso ambiguo y lleno de ambivalencias pronunciado por Su Santidad Francisco I posibilitó que el régimen militar totalitario cubano desplayara su arsenal intimidatorio y la represión ya conocida contra el ciudadano, con la efectividad acostumbrada.

La homilía de ocasión, también ambigua y ambivalente, completó el menú pontificio habanero.

Su Santidad se refirió a servir personas en lugar de ideologías y citó al apóstol de nuestras libertades, José Martí, para convocar a un desmarque frente a grupos y dinastías.

Su actuación en Cuba ha puesto de manifiesto a qué personas y a qué intereses su visita verdaderamente ha servido. Solo queda en terreno ambiguo y ambivalente, la eventual proyección frente a dinastías y grupos de poder no definidos con igual claridad que las personas a las que sirvió con su visita y de las que no queda claro si habrá que desmarcarse de ellas o servirlas, siempre de acuerdo a su ambiguo y ambivalente discurso.

A diferencia de Juan Pablo II, que fue claro en la defensa de los derechos humanos y ciudadanos y que concluyó su visita con la exhortación a no temer, el Papa jesuita pasó por alto el tema y así no irritó poderes e intereses de dinastías y grupos de poder, ya por todos conocidos y a los que no resulta necesario citar por su nombre.

Felizmente, Su Santidad partió de nuestro infierno el martes 22 de setiembre. Debe haberlo hecho muy satisfecho ya que en un país en que solo entre un 10 o un 15% de la población es católica practicante, el transporte y los servicios colapsaron para subordinarse a la coreografía oficial de su recibimiento. Quizás sea el preludio de una conversión católica para una élite totalitaria que evolucionará al militarismo fascista con alianza clerical, en el estilo de aquel franquismo con el que simpatizaba a sotto voce, el autócrata en jefe y líder histórico del desastre.
infiernodepalo@gmail.com
Tomado de PD#395

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