Un cálido y helado espacio, Juan González Febles

Mendigo_estocolmo_metro_escalaLuego de muchos azares y al cabo de cincuenta y más años, conseguí sacar la cabeza del infierno de palo en que vivo en que a pesar de que nada funciona como debería, logra ser la más efectiva parcela del infierno que alguien pueda concebir. No comprendo cómo logran que sea tan malo, pero efectivamente, lo logran.

En Suecia todo el mundo sonríe. Al menos así es en Estocolmo que es el sitio adonde llegué. Esto llama poderosamente mi atención y aún me pregunto cómo lo logran. Recordé las estadísticas sobre suicidios en Suecia que leí y tuvieron amplia promoción hace años en La Habana. Esta gente que veo y me sonríe, a mí no me parecen suicidas. Tampoco parecen tener la prisa propia del “capitalismo salvaje”. Marchan despacio y disfrutan de todo lo que la vida rehúsa negarles. Esto es, flores, mascotas, arte, música y deportes que parecen integrados en la vida de estas personas tan cultas y tan especiales. Hasta los pocos y las pocas sinvergüenzas que conozco, tienen su encanto.

Oscurece muy temprano. Cuando llegué, en mi primer contacto con Estocolmo, solo eran las 4PM y ya estaba oscurecido como si fueran las siete o las 8PM en La Habana. La vida nocturna empieza temprano y esto que es sin dudas una buena noticia, tiene su cara no tan luminosa. Algunos obreros de determinadas industrias pasarán casi tres o cuatro meses sin ver el sol. Se trata de que entren a trabajar en los momentos en que la noche se retira y las primeras luces del amanecer afloran y están de vuelta en sus hogares cuando concluyen la jornada de trabajo, ya con la noche cerrada. Musico_callejero_Metro_Estocolmo

Me asombró entre tanta maravilla encontrar mendigos. Pregunté y un taxista iraquí me explicó que en muchos casos se trataba de rumanos que una mafia trae a Suecia. Que por minusvalidez y la deformación propia de haber vivido y crecido dentro del llamado socialismo real, estos encontraron un medio de vida en la práctica muy exitosa de la mendicidad.

Otros y siempre se trata de inmigrantes meso orientales o de países de Europa del Este, dan colorido, pintoresquismo y sabor de extravagancia vestidos como gitanos trashumantes, en pose de estatuas vivientes -como los de nuestra Habana Vieja- o simplemente como saltimbanquis con panderetas y flautines.

En el hotel en que me hospedé y en otros sitios de servicio, comerciales etc., vi anuncios que advertían sobre la presencia de ladrones. En algunos casos y quizás como remedio preventivo de xenofobias, se pedía precaución y se advertía, “lucen como nosotros”. Esto constituye una eficaz garantía de que no se trata de una cruzada contra los diferentes.

Existe una fuerte cruzada anti tabaquista. Esto puede apreciarse en que hoteles, aeropuertos y otros sitios públicos, tienen prohibiciones casi absolutas para los fumadores. Hubo quien dijo que, con esa elegancia que los caracteriza o porque no tienen necesidad de hacerse los suecos –lo son- boicotean la compra de tabaco al régimen de La Habana, práctica a la que se han sumado otros países europeos, decididos a proteger la salud de sus ciudadanos y quizás, además apoyar la democratización de Cuba en una muy nórdica forma de combinar lo útil y lo agradable.

La impresión de alguien que consiguió sacar la cabeza de la parcela infernal que llama patria y ama como tal, es que Suecia es un cálido espacio para el contacto humano en medio de una frialdad que hace el contraste, aún más edificante.
infiernodepalo@gmail.com

Una gitana ruman

Una gitana ruman

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