Con los pobres de mi tierra, Juan González Febles

Sonia Garro y su esposo, Ramón Muños (Cocorio para allegados) permanecen encarcelados sin proceso judicial por más de una año. Se trata de una flagrante violación de las (inexistentes) garantías procesales en Cuba y de parte del inútil legajo compuesto por los pactos rubricados por el régimen militar cubano, en términos de tratos y procedimientos con personas bajo custodia oficial.

Escucho decir que están en “un limbo”, pero ningún cubano lo está. En Cuba uno está mejor o peor de acuerdo con la cámara del infierno de que se trate. Cuba es la más hermosa sucursal del infierno que ojos humanos han visto, con salud pública y educación gratuitas.

Lo curioso de todo es que desde hace un tiempo, vivimos en medio de una temporada heroica. Así, unos se han liado a trompones con la policía, mientras otros retaron a duelo al propio diablo en persona. Hay elementos para la epopeya y hasta para el Cantar de Gesta. Desde huelgas de hambre sobrehumanas, hasta predecibles progresiones que se quedarán como hitos del espectáculo político contemporáneo.

En medio de tanta maravilla, uno se pregunta, ¿pero qué han hecho Sonia y Cocorio? ¿Qué les hace más peligrosos entre tantos héroes? ¿Cómo es posible tanto ensañamiento? Hasta donde sé, Cocorio dio tres o cuatro planazos sobre la azotea de su casa, mientras Sonia tampoco sobresale de ese nivel como para colocarse a la altura de nuestros héroes de gesta contemporáneos.

No coincido con los que afirman que ser negro es como un defecto físico, cuando se es opositor. Solo se les trata con más rigor que a los opositores blancos por aquello de que no han agradecido a la revolución haberles cortado el rabo y obligado a descender de los árboles. Tal y como suelen decir nuestros amados represores cada vez que tienen la oportunidad, que es como decir: tener un negro cerca.

La otra cara de la moneda es la poca promoción (nacional e internacional) que han alcanzado Sonia y Cocorio en su largo viacrucis. Es como si a nadie le interesara, o para decirlo con mayor exactitud, solo se trata de que haya cosas más importantes…

Para no ser exactamente fiel al verso del apóstol y además, como las proporciones planetarias me parecen demasiado pretenciosas, trataré de ser local. Entonces, comenzaré por decir que con los pobres de mi tierra quiero la suerte echar. A diferencia del apóstol, no hay nada en la sierra que me complazca más que el mar.

Invito a lo largo y ancho del mundo, a todos los que como yo, transiten por una dimensión humana y no heroica, a unir esfuerzos para el apoyo a Sonia y Cocorio. Tres planazos sobre una azotea, unos pocos gritos y el lanzamiento de un televisor, no dan para más, entre tanto héroe reconocido y galardonado. ¡Dejen el abuso!
j.gonzalez.febles@gmail.com

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