Para el mejor protagónico, Juan González Febles

Fidel Castro puede ser un desastre como economista, como abogado o como ganadero. El terreno en que nadie puede disputarle la primacía es sobre cualquier escenario. Es el actor político más extraordinario que hayamos visto jamás.

Para quienes vimos aquel ancianito desvalido que acudió a votar y solo consiguió responder a la prensa con monosílabos, incoherencias y balbuceantes frases mal articuladas. Para quienes compadecieron o sintieron tranquilidad al creer ver al terrible Comandante en su bienvenida, bien ganada decadencia y en su laberinto, la sorpresa fue mayúscula.

El pasado 24 de febrero compareció ante la Asamblea Nacional del Poder Popular. Se mantuvo erguido, con un no tan largo discurso, aunque bien articulado y las peores intenciones a la vista. Lo peor no es que se encuentre perfectamente repuesto, lo peor es que engañó otra vez y tuvo éxito. Lo más lamentable, es que existe el consenso compartido de que se trae algo entre manos.

Para puristas que los hay, no se trata de que alguien se alegre de la muerte de alguien. Se trata de que tradicionalmente, para que el Comandante viva, siempre algunos han tenido que morir. Entonces, si todos debemos a Dios una muerte y quien muera hoy no tendrá que hacerlo mañana, como dejó escrito Shakespeare, en el caso del Comandante, si hubiera liquidado su deuda hace cincuenta cortos años, ciertamente muchos ausentes, hoy estarían entre nosotros.

La salida del Comandante es un mensaje claro para los que pensaron que se trata de un ancianito poco coherente consagrado a los vegetales y al calentamiento global. La historia que trajo se va más allá de las propiedades mágicas de la moringa y la nueva historia es la que cuenta.

Esperemos que el Comandante esté de acuerdo con el destino que el hermano menor dará a su revolución. De no ser así, habrá eventos muy desagradables a la vuelta de la esquina. Corre el rumor que como hizo en su momento Stalin, Fidel Castro recorre en la noche las calles de la ciudad capital que destruyó. Según el rumor, que debe ser asumido solo como eso, -como rumor- lo hace desde un automóvil con cristales oscuros y habría visto más cerca de lo conveniente para algunos, a menores y travestis en pleno ejercicio de la prostitución.

El primer actor y Oscar indiscutido, de las mejores puestas en escena de las últimas cinco décadas, asistió a la proclamación y presentación a la más selecta sociedad política del nuevo delfín. Esta vez, compareció en condiciones físicas y coherencia perfectas, preludio de empeños mayores.

Que alguien guarde a quienes alabaron la gestión del general presidente en detrimento de la gestión del Comandante, de los que con lágrimas y sentimientos histriónicos dieron públicamente por acabado al Comandante. Regresó el primer protagónico y mejor actor de nuestra tragedia sin fin. ¡Aplausos!
j.gonzalez.febles@gmail.com

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