Buenas y malas noticias, Juan González Febles

Las elecciones del pasado 3 de febrero transcurrieron con la misma monótona rutina de siempre. Crece el abstencionismo y pocos municipios habaneros tuvieron más allá del 40% de participación en las urnas, aunque la cifra oficial siempre cuente de más. Las opiniones populares también crecieron en su calidad de análisis. No se trata de que se afirmen en que “esto es una mierda y ya”. El abstencionismo creció, pero los comentarios mejoraron cualitativamente. “¿A quién carajo se le ocurre postular a Melba Hernández?”, este fue uno de los comentarios que escuché. Pero hubo otros de ese corte dirigidos sobre las candidaturas de José Manuel Fernández, Fidel Castro y otros candidatos que por sus muchísimos años y sus depauperadas condiciones físicas dan la medida de una farsa electoral de proporciones astronómicas.

En Cuba da lo mismo quien se postule. Los diputados no van al parlamento a discutir cosa alguna. Hacen grupo y votan por unanimidad o en la forma en que se les oriente. Por otra parte, los que saldrán electos serán aquellos que la jefatura decida. Entonces, quizás la consigna más verdadera en términos de esencia, es aquella que señala que votar, es hacerlo por la “revolución”, no importa por quien. En buen español quiere decir la permanencia y continuidad de la dictadura militar. En Cuba se celebran comicios fraudulentos que van dirigidos a afirmar la permanencia y la continuidad de las estructuras de poder político establecidas y anquilosadas desde hace más de cincuenta años y estas no ofrecen el mínimo margen para que pueda ser cambiada o eliminada tal estructura desde el voto ciudadano.

Es por eso que las apariciones de Armando Hart, Melba Hernández, Fidel Castro y otros, que a despecho de aparecer reptando y sostenidos por jóvenes edecanes, sin duda razonable alguna saldrán electos, son la prueba fehaciente de que nada cambiará. Para quienes prefieren olvidarlo, bueno es recordar que Stalin murió en su cama en medio de terribles sufrimientos, Franco y Mao Zedong, otro tanto. Si Hitler y Mussolini no se hubieran involucrado en la guerra total en que lo hicieron, quizás hubieran muerto en el mismo estilo. Ninguna dictadura militar totalitaria de izquierda o de derecha ha sido derrocada por el esfuerzo de los pueblos que la padecieron y no es justo exigir al pueblo cubano, inaugurar el primer totalitarismo gobernante derrocado desde dentro.

Dentro de las malas y las buenas noticias, la mejor noticia entre todas es el creciente nivel de abstencionismo presente en las últimas elecciones. La peor, es que no fue resultado del trabajo de la oposición interna. Fue la reacción espontánea del pueblo cubano que la hizo patente en el preciso momento en que las señorías latinoamericanas decidieron recibir como a un igual, al único presidente en la región que no eligió nadie.

La oposición interna, la disidencia y una sociedad civil que crece, optaron y han optado por pasar proyectos artístico-literarios por iniciativas políticas. No hay determinación por terminar de una santa y buena vez con el régimen militar. Solo se proyectan y promueven “performances” mediáticas. Cada proyecto de recogida de firmas sirve a lo sumo, para luchar algún premio de “afuera” y últimamente, algún viaje.

Quizás el pueblo marque la diferencia, ni Emilia, ni Varela. No al régimen militar desde las urnas. ¡Qué cosa la costurera! ¡Qué baile el gordo!
j.gonzalez.febles@gmail.com

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