El adiós de Eloy, Juan González Febles

A Eloy Gutiérrez Menoyo lo conocí gracias a mi colega la periodista independiente Tania Díaz Castro.  Fue en el verano de 2007 y después de una polémica reunión que el canciller español Miguel Ángel Moratinos sostuvo con la parte de la oposición cubana que quiso reunirse con él. Se trató de algo en el conocido estilo tradicional de unos sí y otros no. En este caso la parte que estrechó la mano dialogante de Moratinos fueron el político social demócrata Manuel Cuesta Morúa, uno de los más ilustrados y mejores negociadores de la disidencia y Eloy Gutiérrez Menoyo de Cambio Cubano.

En aquellos momentos yo andaba prejuiciado contra Menoyo, pero también lo estaba contra casi toda la clase política opositora cubana. Los entrevisté a ambos y Menoyo me conquistó. No se trató de que fuera una de las leyendas heroicas de mi niñez, fue solo que el tipo era sencillo y hasta simpático. Lo era a pesar de un “comandantismo” por el que siento un rechazo visceral y lo de visceral es que el corazón, es mi víscera predilecta. Los comandantes, coroneles, tenientes coroneles, generales, etc., tienen un aire que me hace incompatible con ellos. Lo que sucedió es que este era un tipo diferente, a pesar de que había enjuiciado –lo merezca o no- hacía muy poco y con criterios muy fuertes a la disidencia interna siempre en desventaja, creo que también me sentí enjuiciado indirectamente por él.

Era un hombre decente que se sentía respaldado por una historia. Se creyó cosas. A pesar de la experiencia combativa y la historia personal, nunca tuvo idea de quienes eran verdaderamente sus antiguos compañeros. Tampoco contra quienes lidió y mucho menos contra quién lidiaba. Como algún que otro político o líder de entre los que ya pagaron con su vida o algo más su corta visión, Menoyo siguió afirmado en la perniciosa manía de no reconocer los altísimos calibres nacionales de gansterismo político con que se convive.

Murió el pasado 26 de octubre antes de ver el amanecer. Esto fue más que un símbolo. Entró al hospital para un chequeo de rutina. Según se ha dado a conocer, padecía de dos aneurismas. Aneurisma es una palabra correcta. Fue eso lo que declararon los médicos para redondear la corrección política de su partida.
juan.gonzlezfebles1@gmail.com

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