Reforzamientos negativos y positivos, Juan González Febles

Desde aquellos días que eran más cortos y luminosos y que el afán era terminar una carrera para que los viejos pudieran llenar otro espacio en la pared con un diploma de estudios universitarios concluidos, oigo hablar no mal, sino peor de los Estados Unidos. Desde aquel entonces, recuerdo las conferencias dictadas por académicos cubanos y extranjeros que alertaban sobre los “persuasores ocultos” y las perversidades del “imperialismo”. Alertaban sobre el tratamiento que estos “malvados” personajes podían dar a la información abierta, que en realidad no era tan abierta. Recuerdo que llegaron a convertir en peligrosos agentes del imperialismo al Pato Donald, a sus sobrinos, a la Pata Daisy y hasta a Rico Mac Pato y Mickey Mouse.

Sobre lo que reforzaron positivamente, ni hablar. Cuando la propaganda oficial afirma que algo es cierto, la fe pública se inclina por todo lo contrario y nadie les cree una palabra o simplemente, todo es puesto en duda.

El gobierno militar cubano lleva más de cinco décadas empeñado en satanizar a los Estados Unidos de América desde todos los medios. El bombardeo o el reforzamiento negativo en los medios ha sido tan masivo e invasivo, que sucedió exactamente lo que los tratadistas anunciaron que podría pasar: El lugar de América Latina en que la gente de a pie aprecia más a los Estados Unidos y a los estadounidenses, es, ¡Cuba!

Aquí se adora a los yanquis. Lamentablemente, si hubiera la posibilidad de elecciones justas y equitativas y de que el tema puesto a consideración fuera la anexión, lo más probable es que la mayoría de la población votaría con los ojos cerrados y con manos y pies en alto por unirse a los yanquis y ser el estado 51 de los Estados Unidos. Eso es lo que pasa con la saturación del reforzamiento negativo, en determinado momento todo se revierte y solo por ir a la contraria, la gente adora lo que debía rechazar. Así de sencillo.

La tónica mediática oficial se basa en la misma satanización de algunas figuras puntuales de la sociedad civil, la oposición y la disidencia interna, quizás pronto suceda lo mismo que sucedió con los yanquis. Bueno, que para bien sea. Con la mente positiva que me caracteriza, apuesto a que los mandarines verdeolivo, ancianos y desgastados solo meten la pata una vez más y esta vez a favor de la democracia. El saber popular acuñó su refrán mucho antes que los estudiosos autorizados de las academias descubrieran los reforzamientos negativos y positivos, este refrán dice: “Que hablen mal o bien, pero ¡que hablen!”

El ejemplo más emblemático de un reforzamiento negativo trasmutado en popularidad e imagen positiva lo es Elizardo Sánchez-Santacruz, apodado por los medios oficiales en un afán denotativo manifiesto, “El Camaján”. Un camaján en Cuba, define a un individuo sumamente habilidoso y capaz de salir airoso de cualquier situación difícil. En otra acepción, se trata además de calificar a un ganador de todas las lides. Si un Fulano cualquiera es un camaján, se trata de alguien capaz de conquistar a la más bella y salir airoso de cualquier lance.

La pregunta que me hago hoy es: ¿Será que son simplemente estúpidos y satanizaron a los yanquis por mera y simple torpeza? ¿Se tratará de que no sean tan estúpidos y a partir de la razón de su sinrazón se convirtieron en garantes de una soberanía nacional que hasta este momento, sólo les importa a ellos?

Ojala que salga pronto de estas dudas y que la salida, no aporte nuevas frustraciones. No sería justo, de veras que no.
juan.gonzlezfebles1@gmail.com

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