El turno de los Soprano, Juan González Febles

El pasado viernes 21, la policía Seguridad del Estado cerró al tránsito la calle Neptuno de La Habana. Fue una de las medidas complementarias tomadas para cercar a las Damas de Blanco en su sede habanera. El gobierno militar se destiñe del rojo del socialismo real al negro del fascismo corriente. Se pasa gradualmente a un capitalismo de estado sin libertades, democracia o derechos. El gobierno militar no permite manifestaciones pacíficas en las calles de las que se adueñó. Lo triste es que tomó las calles, para degradarlas arquitectónica, estética y moralmente.

El gobierno que recibe y sirve de anfitrión a negociaciones, para que una banda de maleantes avezados en secuestros, narcotráfico y asesinato, se deslice hacia la legalidad contra la que atentó, que recibe a una dirigente estudiantil chilena, que se hizo popular a partir de organizar manifestaciones callejeras de jóvenes estudiantes, reprime con violencia y gamberrismo las demostraciones callejeras, que no permite. La noticia que circula por la capital es que el oficial Camilo, –sin otro apellido- de la policía Seguridad del Estado golpeó a la líder de Damas de Blanco, Berta Soler.

Este oficial, no es natural de Lawton o de cualquier otra localidad capitalina. Fuentes que prefirieron mantener su anonimato, afirman que fue traído a la capital para reforzar a la policía Seguridad del Estado en su cruzada anti ciudadana. Estas fuentes creen ver en su disposición para golpear mujeres alguna filiación islámica con todas las características y peculiaridades que tal filiación lleva implícitas. ¡Quien sabe! Quizás vio en la líder de Damas de Blanco a esa hembra odiosa, terrible y tentadora que aparta a los buenos musulmanes del paraíso. De lo que no cabe duda, es que este oficial no comparte los valores de la cubanía que nace de mujer y afirma su hombría en no lastimarlas ni con el pétalo de una rosa. Ya lo dijo Martí: “De mujer pues puede ser que mueras de su mordida, pero no empañes tu vida diciendo mal de mujer”.

De vuelta con el Islam, dicen los que saben más sobre esa exótica confesión, que los guerreros más esforzados de la Yihadd, se confortaban entre combate y combate con el aliento cálido del compañero de armas en la nuca, en el mismo estilo cantado por los rapsodas de tradiciones clásicas greco latinas. Ya saben, hay que respetar la diferencia.

Lo cierto es que la policía nacional que enfrentó a los jóvenes y bellos terroristas asesinos del 26 de julio, jamás maltrataron ni golpearon mujeres. Hubo excepciones, pero no era la regla. Aunque tuvieron que lidiar con el dulce pastor bautista santiaguero que asesinaba policías por la espalda para quitarles las armas o con la bella y dulce Urselia Díaz Báez, que murió cuando la bomba que colocó en el servicio sanitario de damas del cine América, le explotó. Por norma, no golpeaban mujeres. Incluso sus predecesores en la misma policía Seguridad del Estado, no solían maltratar mujeres, hasta hace muy poco. ¿Qué habrá cambiado?

Por lo pronto, la norma del momento parece ser maltratar mujeres. La periodista Ainí Martín, frágil, femenina, dulce y muy delicada fue amenazada por oficiales o por un oficial de la policía Seguridad del Estado con que sería golpeada y arrestada si se atrevía a acudir a la misa en la Iglesia de las Mercedes en La Habana el pasado 24 de septiembre que es la fiesta patronal de esta santa en el panteón católico. Algo parece haber cambiado con los nuevos jóvenes oficiales traídos de localidades del interior del país y que no parecen compartir los valores que sus predecesores, al igual que sus mayores compartieron dentro de las diferencias.

Otra circunstancia podría ser la de los pactos que firmaron en su momento con la ONU y hoy se niegan a ratificar. Quizás sea una excelente oportunidad para que la comunidad internacional o ECOSOC, -Consejo Económico y Social de ONU- les llame a capítulo. Pero esto son especulaciones y objetivaciones de segundo grado, lo concreto es que hay un preocupante y creciente aumento en la violencia y el gamberrismo por parte de las autoridades, en su actuación frente a la oposición y la disidencia interna. Es como si se lidiara con una banda de gangsters y hubiera llegado el turno de los Soprano.

Así es como llaman –a sotto voce- a la policía Seguridad del Estado, a tenor de sus últimas y muy reprobables conductas. Se trata de una referencia a un serial de mucho éxito exhibido en la pantalla chica y que trataba sobre los avatares de una familia mafiosa en New York. Llegó el turno de los Soprano.
juan.gonzlezfebles1@gmail.com

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