Historias truculentas, Juan González Febles

La primera la escuché de un anciano licenciado del Ministerio del Interior. Me lo dijo convencido de que no sé a lo que me enfrento. -No sabes ni mierda- dijo -No tienes puta idea de con quien estás lidiando.

Me cuenta que en abril de 1994, en tiempos y momento de Maleconazo, a los oficiales de una unidad del Ministerio del Interior ubicada en El Vedado, -que no quiso identificar- se les orientó que cuando se diera la orden, debían infiltrarse en las manifestaciones antigubernamentales que esperaban. Una vez allí, vestidos de civil y armados con pistolas, debían identificar y seguir a los líderes de los desórdenes, dispararles un tiro en los riñones y seguir adelante hasta acabar con todos.

Otro anciano contaba a todo el que estuviera dispuesto a escucharlo en el agro mercado ubicado en la calle 8va entre las calles Tejar y Pocito en Lawton, como despertó en la sala de un selecto hospital para militares, luego de cumplir la orden de impactar el automóvil de un diplomático extranjero y se encontró al pie de su cama a su amado Comandante en jefe, que llegó para interesarse en su salud.

La tónica del momento es la deserción o la emigración de los delfines del poder. Esta variante comenzó hace varios años. Los hijos y niñas de papá, aparecen en Miami o en cualquier lugar del mundo democrático. Una vez allí, no se ven obligados a lavar vajillas ni alguna otra tarea sencilla. Ellos llegan con dinerito contante y sonante o son ubicados por miñones sembrados por los servicios especiales de la inteligencia/contrainteligencia castrista en buenos empleos. En algunos casos, se recurre a coberturas familiares o a cualquier otro recurso, que siempre arroja el mismo resultado. Los delfines del poder verdeolivo biraní, nacieron para la munificencia y no para limitaciones y escaseces. Ni en Cuba ni fuera de ella.

Existen rumores que la élite verdeolivo tiene planeada una limpieza política que tendrá lugar en caso de que Hugo Chávez pierda las elecciones. La degollina tendrá lugar cuando los hijos de sus promotores se encuentren a buen recaudo, protegidos en naciones democráticas. La indolencia, la desidia o la mera incompetencia de los servicios de contrainteligencia norteamericanos, que subestiman de forma tradicional a sus pares castristas contribuyen decisivamente a esta situación.

En Cuba circula el rumor que apunta a que Fidel Castro, finalmente murió. Los planes de contingencia para esta eventualidad, hace mucho saltaron los límites del secretismo estatal. Para dar continuidad a la pesadilla, luego del esperado deceso de su creador, la solución votada es el terror. Piensan asesinar y aterrorizar como han hecho desde 1959. No se trata de que el pueblo les ame, basta con que les tema.

En la actualidad, la violencia desciende desde las más altas esferas de la dirección política castrista. Las golpizas, el pillaje y el vandalismo descienden desde el poder. La oposición y la disidencia interna cubana son victimizadas por una política dirigida al exterminio de los adversarios políticos del gobierno militar. Parte esencial de esta política sería lograr la criminalización del apoyo a la disidencia interna cubana. El juicio del rehén Carromero y el encarcelamiento del rehén Gross, forman parte de este esquema.

Es el momento primado para las historias de truculencias, esperemos que todo quede en fábulas y que no haya asesinatos de opositores, disidentes, blogueros o periodistas independientes.
juan.gonzlezfebles1@gmail.com

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One thought on “Historias truculentas, Juan González Febles

  1. Excelente articulo. Asi mismo es. Ya por toda la Florida, por Espana y por Mexico se ven a estos muchachitos ostentando sus riquezas. Recien llegados, sin trabajo y en residencias de lujo, vistiendo ropa cara y manejando carros de alta calidad. Los otros metodos siempre han estado ahi. Los ejercen como quiera sin dejar trazas. Lo peor es que nadie lo cree. Otros se piensan que si callan estan fuera de peligro.

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