Vandalismo .com, Juan González Febles

Promovido desde los más altos palomares del poder, adonde solo llegan las tiñosas con charreteras, desciende la violencia. Primero fue una violencia con pedigrí marxista avalado por aquella lucha de clases, que fue la forma que Marx y sus seguidores le dieron al desacuerdo secular entre el tener y el no tener.

Más adelante y en la actualidad, la violencia promovida desde el estado contra la oposición adquirió las características y la envergadura del vandalismo mondo y lirondo. No pasa una semana sin que algún opositor pacífico sea amenazado o que no se produzca una golpiza donde militares con o sin uniforme o paramilitares, sin otro apellido, golpean a algún disidente. Por aquello de borrar la diferencia, da lo mismo que este sea mujer u hombre, gay, lesbiana o cualquier otra variante humana.

Los llamados mítines de repudio comenzaron en 1980 con mucha violencia es cierto, pero sin pillaje. Fue en la época en que robar no se había convertido en la endemia social que es hoy día. Había gritos, ofensas, algo de violencia pero no vandalismo combinado con pillaje y saqueo.

Las noticias que llegan de la zona oriental, escalofrían. Un grupo de vándalos entran en la humilde vivienda de un matrimonio de opositores y saquean todo lo que pudieron saquear. Llegan y luego de llevarse las tablas que hacían de paredes, cargaron hasta con la cama y los artículos de uso personal de la pareja.

La escalada comenzó cuando el general presidente anunció que no le impedirían al pueblo defender su revolución. No me queda claro si se trata de la herencia recibida del hermano mayor, pero de lo que no cabe duda razonable es que esta fue una exhortación a la violencia dirigida contra la parte de la población privada de todos los derechos. Es decir, los satanizados disidentes.

La comunidad opositora o disidente ha crecido más allá de los cálculos más optimistas. Esta podría ser la causa para la escalada en violencia promovida desde el gobierno. El método escogido para mantener las cosas bajo control, se balancea en una danza desequilibrada de accidentes mortales, golpizas y más recientemente, saqueos, aderezados con algún que otro episodio de corrupción en las altas esferas, para romper la monotonía.

En medio de todo esto y de forma curiosamente sospechosa, parece haber una conspiración internacional dirigida a desconocer toda esta situación.  En fin, si la actual tendencia continúa, pronto estaremos frente a una pesadilla de hutus y tutsis trasplantada a nuestro medio. De asesinatos selectivos de disidentes denunciados por más de una organización, ya se escala a actos de vandalismo que como casi todo lo grave, comenzaron en la zona oriental de la Isla.

Lo más grave es que el gobierno militar se comporta como quien está por encima de toda ley. Últimamente prefieren servir de mediadores para que una banda asesina colombiana negocie su salida elegante a la legalidad política luego de secuestrar, asesinar, traficar drogas y promover todo tipo de violencia y desestabilización en el vecino país. Pero son estas mismas personas las que se niegan a negociar una solución política en Cuba, con la oposición pacífica que demanda democracia política y derechos ciudadanos.

Esperemos que los dominios políticos del rumbo y conducta oficial se encaucen por rutas de respeto a la legalidad. Los derroteros de la violencia y el vandalismo, consiguen agotar reservas no renovables de paciencia ciudadana. Jueguen con la cadena y dejen al pobre mono en paz
juan.gonzlezfebles1@gmail.com

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