Quinquenios grises y lágrimas negras, Juan González Febles

En Cuba existen más de 155 mil Comités de Defensa de la Revolución (CDR). Cada uno de estos comités, dispone al menos de dos individuos consagrados a la vigilancia y la delación. Estos son: el presidente y el responsable de vigilancia. En cada barrio, existe además el “PC”. Estos PC son personas de confianza del aparato represivo. En el argot de este oficio tenebroso son “la agentura”.

Si se cuentan los presidentes de comités, los responsables de vigilancia y la agentura, son aproximadamente –y la cifra es  conservadora- más de 450 mil personas dedicadas a la delación. Son los que el pueblo llama “polivatos”. Esto es mitad policías y mitad chivatos.

Cuba está dividida administrativamente en 14 provincias y un municipio especial (Isla de La Juventud). A su vez contamos con 169 municipios. Al frente de cada municipio existe un oficial de de Policía de Seguridad. Este profesional se reúne cada cierto tiempo con sus “factores”. Estos factores son los responsables a nivel de Zona de Defensa de la vigilancia cederista. Estos son nada más y nada menos los responsables de vigilancia de los Comités de Defensa de la Revolución.

Esto quiere decir, que cada municipio esta dividido en Zonas de Defensa o Consejos. En Cada Consejo tributan con informaciones de todo tipo (chivatazos) los responsables de vigilancia a nivel de cuadra. Estos se agrupan por zonas al frente de cada zona hay un cuadro profesional de los CDR.

Nuestro oficial de la policía de Seguridad a nivel municipal, mantiene contactos regulares con un promedio de diez a quince responsables de vigilancia de Zona cederista a nivel de municipio. Esto es con los responsables de vigilancia de cada Consejo. Un municipio puede contar con cinco, siete, diez o quince Consejos.

La agentura la atiende directamente el aparato represivo. Esto en su versión de policía criminal o de policía política, según la necesidad operativa de que se trate.

Hasta el momento tenemos, 169 oficiales de la policía política trabajando en la base, esto es a nivel municipal. Pues bien, estos señores oficiales tributan a un jefe operativo a nivel provincial. Estos jefes son 14 + 1, teniendo en cuenta el municipio especial Isla de la Juventud.

De forma paralela y aprovechando en sus aspectos generales este esquema represivo, la policía criminal o Departamento Técnico de Investigaciones (DTI) mantiene estructuras de agentura paralelas a las de la Policía de Seguridad. Pueden de acuerdo a necesidades específicas, intercambiar informaciones y recursos operativos.

Cada ministerio, empresa, instituto, corporación etc., mantiene una presencia de la policía Seguridad del Estado. Existen además cuerpos especializados en múltiples esferas, policía económica, drogas, lacras sociales etc.

No se explica la supervivencia del juego ilícito. Frente a un esquema tan perfecto de represión, asistido por leyes que no se cumplen y que en su gran mayoría desamparan al ciudadano. No cierra de forma racional que se juegue en Cuba. No es posible impedir que el ciudadano juegue. Pero es perfectamente posible cortar la permanencia de una infraestructura consagrada al juego ilícito. No hay banco que resista esta parafernalia represiva diabólicamente eficiente.

Entonces, el juego ilícito subsiste porque las instancias superiores de dirección del país lo permiten. Más que cómplice de la represión que sufre, el pueblo cubano es víctima.

Víctima de aquel partido comunista fundado allá por 1929. De los que contribuyeron a crear las actuales estructuras represivas. De aquellos que ayer colaboraron con sus informes, ya fuera contra si mismos o contra los demás. De los que convirtieron la lucha contra Batista en una cuestión personal e incluso racial. De una vanguardia intelectual que mantuvo su colaboración luego del Congreso  de intelectuales y los casos de Padilla y otros, entre quinquenios grises y décadas de negras lágrimas.

Por supuesto y en lugar de honor, somos igualmente culpables todos los que nos fabricamos una burbuja contracultural para meternos en ella y no saber, no querer saber nada de política. Ocupados en vivir nuestras viditas, en la creencia de que la represión jamás nos tocaría. Vamos, a fin de cuentas, no estábamos en nada. ¡Tremendo error! La represión es lo único que se reparte a partes iguales entre todos y no estar en nada, es en última instancia, estar en contra.
juan.gonzlezfebles1@gmail.com

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