Nepotismo olímpico, Juan González Febles

Tiempos atrás cuando de deportes se trataba, la norma era competir y darlo todo por la victoria. El caso es que el deporte no estaba politizado y competir era en si la meta. Desde hace un tiempo, todo cambio. Los deportistas tienen que regresar y tributar con medallas a la revolución. Algunos dedican su triunfo a Fidel y a Raúl Castro, para ellos no había familia o cosa alguna mejor a quien consagrar sus medallas. Hasta hoy, la situación se mantiene  igual aunque con algunas variaciones. Autorizaron agradecer a Dios y hasta a los santos, pero lo que no puede faltar es el agradecimiento a la “revolución” y sus santos custodios tutelares: Fidel y Raúl Castro.

En las olimpiadas Londres 2012, los ganadores de medallas, aún sudados son conducidos al aeropuerto y enviados de regreso a la Isla. Esto casi de forma inmediata a que termina su participación. La fiesta olímpica no es para ellos. Pero como todo en Cuba, en que unos son más iguales que otros, unos pocos disfrutan la fiesta olímpica a plenitud. Entre quienes disfrutaron de la fiesta estuvo, el zar del beisbol oficial cubano, el Sr. Antonio Castro, hijo del Comandante y sobrino del general presidente.

Antonio Castro disfrutó la fiesta olímpica londinense. Aunque el beisbol no participó en la olimpiada, eso no fue obstáculo para que el hijo del Comandante y el sobrino del general presidente, disfrutara plenamente la olimpiada. Uno se pregunta quién habrá pagado sus gastos. Si su papá y su tío ganan poco, ¿acaso él ganará más? ¿Suficiente para costear su presencia en Londres y la presencia de sus infaltables guardaespaldas?

La televisión oficial no pudo ocultar las caras felices de los londinenses y de los ciudadanos del mundo presentes en esta fiesta olímpica. Hay una gran diferencia entre la alegría de Londres 2012 y los rostros desconfiados de los pekineses de a pie captados en la anterior olimpiada. Ciertamente, La Habana tiene algo en común con Pekín o Beijing, nadie se ve distendido

Hoy la prioridad de la familia Castro y el grupo de miñones que les apoyan para detentar el poder absoluto, nepotismo mediante es defender sus prebendas. Participar y disfrutar, ya sea en Londres o en la luna. Por ello, tratarán de criminalizar el apoyo externo a la disidencia, entre otras cosas. Las otras cosas se mueven en un amplio diapasón que podría abarcar sobornos, asesinatos y cualquier “medida activa” que se consideren necesaria. Como expresa el humorista cubano de moda, el lema de las familias gobernantes cubanas también es: “El que me haga sombra, ¡se va!”.
juan.gonzlezfebles1@gmail.com

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