Alan Gross y el error del espía, Juan González Febles

Alan Gross es una víctima de la post modernidad y los reajustes mundiales del momento. Si en vez de estadounidense hubiese sido judío autentico, quizás su suerte fuera diferente. Si no se tratara de un asunto cubano, también le habría ido mejor. El caso es que todo parece estar en contra de este pobre hombre. Su mala suerte es global. Comenzó cuando los poderes mundiales aceptaron que una dictadura cualquiera, -bananera o no- marca un espacio y a partir de la aplicación arbitraria del concepto de soberanía nacional vigente, el espacio es respetado. Quiere decir que si la dictadura cubana decide excluir al pueblo cubano de la modernidad y sus ventajas, puede hacerlo en función del sacro santo principio de la soberanía nacional.

Alan Gross, el español Carlos Carromero y el súbdito sueco Jens Arens Modig están en apuros porque el gobierno de Raúl Castro criminalizó con éxito la solidaridad con los demócratas cubanos y porque el acceso a internet es una prerrogativa que este mismo gobierno está empoderado para conceder o no. El mal es de fondo. Quizás entre quienes enviaron a Gross, esté la clave de un patrón que parece repetirse una y otra vez. Ya sea el grupo de nulidades aupadas por la Fundación Panamericana presentados como botín mediático triunfante por la policía Seguridad del Estado o el grupo de jóvenes mexicanos enviados por el Directorio Democrático para contactar con el “Dr.” Antúnez y que terminaron ante las mismas cámaras de la misma televisión colocados por la misma policía Seguridad del Estado. Hasta los propios Carromero y Modig, participan empantanados en lo que parece ser una “exitosa” operación encubierta del gobierno cubano.

Como consecuencia de todo lo anterior, la junta militar encabezada por el general presidente tiene las autopistas mediáticas preparadas para caer con toda la fuerza de su impudicia contra los actores potenciales de la rebeldía popular que daría al traste con la dictadura. A partir de la “torpeza” consagrada de los perdedores tradicionales.

Los más esforzados, los más valientes y los más comprometidos con la democratización de Cuba son los que más peligro corren. Vladimir Calderón líder de la toma de la iglesia de la Caridad del Cobre en Centro Habana, aparece sindicado junto a los mexicanos que protagonizaron la última entrega televisiva de la policía de Seguridad del Estado. El patrón se repite. Las próximas implicadas pueden ser las Damas de Blanco o cualquiera entre aquellos que no están protegidos por compromisos contraídos por los protagonistas y los poderes mediáticos que repueblan el descontento y colonizan la disidencia de acuerdo con el régimen militar.

En el caso del líder católico Oswaldo Payá, el ego, la presunción y la auto sobrestimación le pusieron en la condición necesaria para sufrir cualquier accidente. Creyó que su prestigio e influencias internacionales le mantendrían con vida, olvidó o no conoció el viejo refrán del sur de los Estados Unidos, “The only friend of the devil is the fire”, que en buen español quiere decir: “El único amigo del diablo es el fuego”. Jugó y perdió.

Alan Gross por su parte cometió el error de confiar en quienes le enviaron en conocimiento de que si algo salía mal, nada podría hacerse en su favor y se convertiría en rehén de un horrible juego de intereses. No se trata de que haya sido o no engañado, se engañó a si mismo a partir de su ingenuidad y este demostró ser el peor de los engaños.
juan.gonzlezfebles1@gmail.com

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