La doble moral: hoy como ayer, Juan González Febles

Cuba no es católica, nunca lo fue. Cuba es santera. La doble moral (en términos de confesión religiosa) es antológica. Los esclavos sincretizaron a los santos de Roma, estableciendo su equivalencia con los orishas de África. Más adelante, los orishas ocuparán lugares discretos en rincones íntimos de las viviendas. La sala presidida por un retrato señorial del Sagrado Corazón. Junto a él, modestas fotografías de las primeras comuniones de los más jóvenes, y espaciadas por lugares menos relevantes, cuadros con escenas bucólicas de cisnes en verdes y ajenas campiñas.

Aunque ninguna persona de bien expuso las “cosas de negro” en la sala, jamás se dejó de acudir al “padrino” para que resuelva. El padrino cuenta con mayor confiabilidad que el sacerdote. Es más tolerante. Los curas no están bien empapados de las cosas de “la vida real”. La Isla está bajo la protección de Oshún. Escuchen bien: no se trata de la Santísima Virgen María de la Caridad del Cobre, se trata de Oshún, Cachita, hablando en confianza.

Una Isla bendecida por Oshún tiene necesariamente que ser hedonista, sensual y definitivamente contenta. La Santa Diosa de la sensualidad y el placer del panteón yoruba es la patrona de Cuba. Protectora por excelencia de jineteras, pingueros y gays, de gozadores y tramposos. Según la liturgia yoruba, Cachita siente predilecta debilidad por Changó. Changó es en su más allá algo así como el guapo del barrio. Es el Rey de Reyes, el chulo en jefe, el pícaro mayor.

Para Cachita es difícil desligarse de Changó, como lo es para la Isla desligarse de sus caudillos. Tanto Changó como los caudillos que ha sufrido y sufre Cuba traen una carga muy alta de machismo. Pero por otra parte, han sido delincuentes políticos muy simpáticos. De una u otra forma han poseído la carta del carisma. Todos sedujeron a Cachita y a la Isla. Todos fueron perniciosos a la nación.

La fascinación afeminada por los caudillos y la doble moral se emparentan. Son las dos caras de una misma moneda que se traduce en adoración a la fuerza y a quien la ostenta. La Isla ha conocido a una triste sucesión de ídolos populares creados a partir de esta fascinación. El Tiburón, el Mayoral, el Egregio, el Hombre, y por último el Comandante, a quien en los primeros años apodaron el Caballo.

Los apodos se corresponden a rasgos atribuidos por el imaginario popular. muchos vieron su origen a partir de los aspectos más negativos del actuar político de estos personajes. Los apodos reflejaron desde la capacidad para robar el erario público hasta la actuación irreflexiva e impetuosa para resolver de forma voluntarista situaciones de gobierno.

Todos sin excepción acuñaron frases altisonantes para una hipotética posteridad.

Afortunadamente para Cuba, ninguna de aquellas frases se convirtió en triste realidad. Pasó el Egregio y no hubo tal diluvio. Se fue el Hombre y la bala no fue desde el directo a parte alguna. Así que a levantar el ánimo. No existe precedente para que el socialismo sea inamovible y mucho menos para que la Isla se hunda en el mar.

juan.gonzlezfebles1@gmail.com

Publicado originalmente en Cubanet.org. Año 2004

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s