Nuevas y viejas decepciones, Juan González Febles

Gracias a cuenta propistas, tuve la oportunidad de chocar con un excelente material del Discovery Chanel. La entrega abordó el Castillo de Chapultepec en México. Su historia se extiende al inicio, en los tiempos de la conquista. Se pretendió que por la altura fuera un enclave militar defensivo. Los españoles se afanaron para crear una fortaleza. Con la independencia, el sitio fue destinado a colegio militar para la formación de oficiales para el ejército nacional.

Durante la guerra contra los Estados Unidos, acaeció el famoso incidente de la inmolación de los cadetes de dicha academia. El episodio no fue exactamente así, pero como leyenda es, sin lugar a dudas hermoso. Muy similar a otro más reciente sobre otra supuesta inmolación de los defensores de Granada cuando allá por los 80 del pasado siglo XX, se produjo la intervención de la 82 división aerotransportada estadounidense. De aquellos se dijo, “murieron envueltos” en la pobre, llevada y traída bandera.

De vuelta con México, luego vino la etapa imperial con su breve paréntesis, de ilustración y progreso. Mi primera decepción fue con el Benemérito de América, Don Benito Juárez. Resulta que el emperador Maximiliano de Hapsburgo, dotó al castillo de su boato. Lo embelleció y lo modernizó para su época. Dictó amnistías para presos políticos. Alentó y modernizó la industria y el comercio.

El bello Paseo de La Reforma, se debe a su aliento y mandato. Trató de colocar a México entre las naciones más progresistas y modernas de su época. Bajo su efímero imperio, los mexicanos disfrutaron de derechos civiles, porque el ingenuo emperador, soñaba con una monarquía constitucional como la inglesa.

Cuando por orden de Juárez, fue fusilado en Querétaro, todo parece indicar que los mexicanos perdieron algo que aun no han recuperado. José Martí se refirió al episodio y conceptuó a Juárez como uno de sus Tres Héroes. Rechazo a los héroes porque pienso que les falta humanidad. Es preferible optar por ser un hombre. Es sumamente laborioso conseguir ser nada menos que todo un hombre. Vamos, algunos no lo consiguen.

Pero bien, imaginemos que el fusilado en los Cerros de Querétaro hubiera sido Don Benito en vez de Maximiliano. Esto en compañía de, –por poner un ejemplo- Porfirio Díaz o cualquier otro héroe. Si esa hubiera sido la historia, México quizás se habría ahorrado una costosa y sangrienta revolución. También, más de setenta años de mandato del PRI. Una paradoja que da mucho que pensar.

Bolívar es mi otra decepción. Todo apunta a que fue un militar capaz. Un caudillo exitoso en sus campañas guerreras. Pero aspiraba al poder absoluto. Dentro de lo que ya parece ser una norma en estos caracteres, fusiló y encarceló a algunos de sus compañeros de de lucha. A otros, los entregó al enemigo, quizás porque aún no se habían inventado las avionetas y no era factible hacerlos desaparecer en el tibio y azul Caribe.

Se cuenta que un grupo de oficiales, entre los que se contó Bolívar, celosos, atemorizados o descontentos con la actuación de Francisco de Miranda el precursor, lo apresaron, y para congraciarse con las autoridades españolas, y evitar sobre sí represalias personales, entregaron al hasta entonces líder del movimiento independentista. Atemorizado, receloso o descontento, es esta una de las acciones menos claras y más soslayadas por los hagiógrafos y bolivarianos que vendrían, sobre el que posteriormente sería conocido como libertador. Nada, que así son los revolucionarios profesionales. Como Dios existe a veces, este héroe murió amargado porque no llevó adelante su sueño mesiánico y antidemocrático. Enhorabuena y que en paz descanse.

Afirman que está documentada una supuesta entrevista de José Martí con el dictador mexicano Porfirio Díaz. En el transcurso de la misma, nuestro apóstol habría pedido la intervención de México, con una expedición guerrera que hubiera colapsado la dominación española en Cuba.

Lo más inquietante sería, que estaba contemplada la incorporación de la Isla a México. ¡Que desastre! En el supuesto caso que aquello hubiera salido bien, nos habríamos visto uncidos a los tormentosos procesos políticos de aquella hermana nación. No quiero imaginarlo.

Existen historiadores que afirman que Martí buscaba la muerte y la muerte es una buena alternativa al fracaso. Dios dispone caminos misteriosos y compasivos para mitigar los errores humanos. Quizás morir lo libró de las preguntas de un gabinete de gobierno. Preguntas de este estilo: ¿Qué hacemos ahora Sr. Presidente?

Responder preguntas de esta índole, resulta más complicado que el proceso conspirativo para cualquier insurrección. Ya él lo dijo: “La revolución requiere alas, el gobierno, pies”.

La suma de acontecimientos pasados y presentes, mirados sin pasión conducen a reformulaciones. Por lo pronto, reacomodo mis tres nuevas y flamantes decepciones: Benito Juárez, Simón Bolívar y José Martí, junto a una creciente y fortalecida confianza en la democracia.
juan.gonzlezfebles1@gmail.com

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