¡No hay chivatos! La represión es una mera y exagerada ilusión, Juan González Febles

He leído a mi colega Luis Cino que respondió a una parrafada filosófica aparecida en tierras del exilio y específicamente en el blog del filósofo Emilio Ichikawa. Todo parece indicar que desde su lejana perspectiva el señor Ichikawa opina que en Cuba se exagera cuando denunciamos la represión. Entonces me dispongo a hacer un pequeño abordaje sobre este tema de las represiones y las delaciones.

En Cuba existen más de 155 mil Comités de Defensa de la Revolución (CDR). Cada uno de estos comités, dispone al menos de dos individuos consagrados a la vigilancia y la delación. Estos son: el presidente y el responsable de vigilancia. En cada barrio, existe además el “PC”. Estos PC son personas de confianza del aparato represivo. En el argot de este oficio tenebroso son “la agentura”. PC tiene Cuba adentro esta acepción que difiere por completo de la mundialmente conocida “Personal Computer”.

Contando los presidentes de comités, los responsables de vigilancia y la agentura, son aproximadamente, -somos conservadores en exceso- tanto como más de 450 mil personas dedicadas a la delación. Son los que el pueblo llama “polivatos”. Esto es mitad policías y mitad chivatos.

Cuba está dividida administrativamente en 14 provincias y un municipio especial (Isla de La Juventud). A su vez contamos con 169 municipios. Pues bien al frente de cada municipio existe un oficial de la policía Seguridad del Estado. Este profesional se reúne cada cierto tiempo con sus “factores”. Estos factores son los responsables a nivel de Zona de Defensa de la vigilancia cederista. Estos son nada más y nada menos, los responsables de vigilancia de los Comités de Defensa de la Revolución.

Cada municipio está dividido en Zonas de Defensa o Consejos. En Cada Consejo tributan con informaciones de todo tipo (chivatazos) los responsables de vigilancia a nivel de cuadra. Estos se agrupan por zonas al frente de cada zona hay un cuadro profesional de los CDR.

Nuestro oficial de la policía Seguridad del Estado a nivel municipal, mantiene contactos regulares con un promedio de diez a quince responsables de vigilancia de Zona cederista a nivel de municipio. Esto es con los responsables de vigilancia de cada Consejo. Un municipio puede contar con cinco, siete, diez o quince Consejos.

La agentura la atiende directamente el aparato represivo. Esto tanto en la versión de policía criminal o de policía política, según la necesidad operativa de que se trate.

Hasta el momento tenemos, 169 oficiales de la policía política trabajando en la base, esto es a nivel municipal. Pues bien, estos señores oficiales tributan a un jefe operativo a nivel provincial. Estos jefes son 14 + 1, teniendo en cuenta el municipio especial Isla de la Juventud.

De forma paralela y aprovechando en sus aspectos generales este esquema represivo, la policía criminal o Departamento Técnico de Investigaciones (DTI) mantiene estructuras de agentura paralelas a las de la policía Seguridad del Estado. Pueden, (rivalidades y resquemores aparte) y de acuerdo a necesidades específicas, intercambiar informaciones y recursos operativos.

Cada ministerio, empresa, instituto, corporación etc., mantiene una presencia de la policía Seguridad del Estado. Existen además cuerpos especializados en otras múltiples esferas, policía económica, drogas, lacras sociales etc.

En Cuba, nadie puede explicarse la supervivencia del juego ilícito, como no sea a partir de la aceptación de la descomunal corrupción que existe en el país. Frente a un esquema tan perfecto de represión, asistido por leyes que no se cumplen y que en su gran mayoría desamparan al ciudadano, no se explica racionalmente que se juegue bolita y otros divertimentos ilícitos en Cuba.

Aunque no es posible impedir que el ciudadano juegue, es perfectamente posible cortar la permanencia de una infraestructura consagrada a la estructuración articulada del juego ilícito. Hay bancos que prestan un muy eficiente servicio al juego ilícito y resisten con éxito sobresaliente una parafernalia represiva muy experimentada y diabólicamente eficiente. Es decir, el juego ilícito subsiste porque las instancias superiores de dirección del país lo permiten en las calles sucias de Fidel.

Es razonable que alguna pieza  o el rompecabezas represivo nacional aquí expuesto, hayan escapado del ojo avizor de cubanólogos inteligentes o de los tantos idiotas ilustrados en conocimiento de la “situación cubana”, dispersos por el mundo. Como se dice que todo es secreto hasta un día, en algún momento del futuro cercano, hasta los ilustrados y los cubanólogos  conocerán la verdad situada más allá de la información de portada, lomo y contraportada que esgrimen con harta regularidad.

Parte el alma que alguien que haya vivido en Cuba se permita olvidar el horror compartido que lo obligó a montarse en algo y largarse. Comprendo perfectamente que con el tintero seco de la ausencia, el señor Ichikawa y otros del mismo pelaje consideren la existencia de chivatos, las delaciones y el temor de convertirse en sus víctimas como una abstracción.
juan.gonzlezfebles1@gmail.com

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