Eléctrico e inmortal, Juan González Febles

Hace un tiempo escribí para Primavera Digital sobre un taxista por cuenta propia habanero convencido de que Fidel Castro nunca moriría. Estaba o está convencido que el Comandante tiene todos sus órganos internos eléctricos y estos órganos, además cuentan con abundantes piezas de repuesto.

Además de de esta variable tecnológica, está convencido que a partir de ceremonias de magia negra, Castro roba la vida de aquellos a quienes abraza y la toma para sí. Me dijo para la ocasión que esto se llama, “Cambio de cabeza”. Según mi atribulado chofer que no pasa de los 40-45 años, Fidel Castro cambio cabeza con Agostinho Neto, Lucius Walker y por último Hugo Chávez. Que con quien único no pudo fue con Su Santidad Juan Pablo II, porque la brujería de los curas es la que es. A esa gente no la tumba nadie, “¡ahí están antes que Colon!” La conclusión de este sencillo habanero es que Fidel Castro no se morirá nunca y nos enterrará a todos en una tumba, como ya nos tiene enterrados en la mierda.

Una joven amiga con un vuelo cultural más alto, el único comentario que hizo fue que, “nos esperan cien años de mala suerte”. Por supuesto que el comentario fue a partir de la última comparecencia televisiva del Comandante en medio de una corte de ilustrados aduladores.

La reaparición del Comandante, terminó (Cuba adentro) con lo único que quedaba de credibilidad sobre las reformas o mal llamadas reformas raulistas. Habría que ver que tienen que decir ahora los ilustres cubanólogos desde sus tinteros secos por la distancia. Ahí está. Listo para volver a fusilar, a encarcelar y para escarmentar cuando haga falta y si es con negros, mejor.

Por lo pronto, la mácula por las recientes muertes de activistas civiles por huelgas de hambre tonfatitis y pinchazos al azar, salen de la cuenta del general presidente y pasan al cheque en blanco del Comandante. Nunca dejó de ser lo que siempre ha sido.

El elemento más joven de la sociedad cubana, ratifica su escepticismo y su amoralidad de hombres nuevos. La única opción continúa en montarse en algo y largarse lejos. Cuanto antes mejor.

Eléctrico e inmortal, el Comandante deja abierta otras opciones. Primero las esotéricas, y entre estas, la de encender la vela blanca de Dios y la negra del Diablo. Pero eso queda para los pesimistas. Los optimistas confían en el corto circuito y las eventuales fallas en la generación eléctrica. ¡No hay más na!
juan.gonzlezfebles1@gmail.com

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