Demasiado tarde y lastimosamente insuficiente, Juan González Febles

La Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CCDHRN) dio a conocer una carta dirigida al ministro del interior de Cuba, general de cuerpo de ejército Abelardo Colomé Ibarra, (Furry) firmada por su líder, Elizardo Sánchez-Santacruz Pacheco. Esta es en mi humilde opinión, el más importante y además el más valioso aporte hecho tanto por la Comisión como por su figura ejecutiva, a la lucha por la democratización de la Isla y al respeto de la vida y los derechos de los cubanos, en mucho tiempo.

La carta en cuestión demanda la participación de CCDHRN en el esclarecimiento de la muerte del activista Wilman Villar, quien murió como consecuencia de la huelga de hambre que sostuvo y por supuesto, por las penas y tratos crueles inhumanos y degradantes a que fue sometido por las autoridades carcelarias subordinadas al Ministerio del Interior cubano.

Quizás si esta carta u otra similar hubieran sido redactadas y enviadas un poco antes, Wilman habría salvado su vida. Ya está muerto y aunque la muerte es una de las pocas categorías definitivas reconocidas, reconozcamos razón a lo que dijo el célebre líder comunista, que no por su filiación política debe ser ninguneado en las pocas cosas con sentido que dijo. Su frase de, “hasta después de muertos somos útiles”, se aplica a Wilman, que no fue una personalidad relevante desde el ángulo intelectual o mediático. Quizás en su caso, morir le concedió sus únicos y últimos quince minutos de fama.

La carta de CCDHRN llegó tarde y fue lastimosamente insuficiente si de salvar la vida de Wilman se trataba. Pero cuando de esfuerzos infructuosos se trata, sobran ejemplos de esta variable para perdedores en nuestra historia reciente.

Ahí están, los esfuerzos hechos por nuestros fieles aliados del Norte. Los más firmes y consecuentes aliados del pueblo cubano en su lucha por la libertad, son el pueblo y el gobierno de los Estados Unidos. Entonces, tiene que haber poderosísimos intereses detrás de las 20 000 visas que el gobierno de los Estados Unidos regala al régimen militar, para que airee su situación interna. ¿Qué decir del programa de refugiados? ¿Qué decir de su desmoralizante efecto sobre la lucha pro democracia Cuba adentro? ¿Puede alguien en su sano juicio creer que el régimen militar cubano está en condiciones de batir tecnológicamente a los poderosos Estados Unidos e impedir de forma exitosa la recepción de Radio y Televisión Martí? Tiene que haber muy poderosos intereses detrás de estos lastimosos resultados, porque cuesta creer en casualidades.

Mientras Raúl Castro afirma que nadie debe alimentar ilusiones, desde la más reciente conferencia y el concluido congreso de su gobernante y único partido, desde el exilio, algún idiota adinerado y con  ilustración de portada, lomo y contraportada, entorna los ojos y con acento arrebolado, proclama su poquita fe y habla de reformas y cambios en los que nadie cree en Cuba.

Pero no habrá lamentaciones. El pueblo espera por la papa y el régimen, por el Papa, hasta aquí  ha llegado el consenso nacional. Antes que lo olvide: el cardenal Jaime Ortega selló con saliva divina el asunto de los presos políticos. Que el hombre no divida lo que ha unido Dios. Amén.

Aún así, las apuestas fallidas y los carnavales mediáticos continúan desde ambas orillas. Orillas que se definen en el consabido “demasiado tarde y en el inevitable, lastimosamente insuficiente”.
juan.gonzlezfebles1@gmail.com

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