¡Uh! ¡Ah! ¡Chávez ya se va!

¡Waoh! Luego que la televisión oficial nos saturó con un material de pésima factura sobre el encuentro del mandatario venezolano Hugo Chávez con el Comandante, los rumores sobre su eventual deceso se dispararon.

Chávez se va a morir. Aunque la muerte es algo que espera por todos, en el caso del mandatario Chávez, su partida echó a rodar muchísimas conjeturas dentro de la Isla. Como las cosas en Cuba cambiaron mucho desde los tiempos fundacionales de la llamada revolución cubana, hoy ya no se trata de una logia de hombres comprometidos con una causa, sino grupos cada vez más fraccionados en busca de proteger y ensanchar sus intereses personales. En fin, se acabó la discreción y los secretos. Hoy todo o casi todo se filtra desde las más altas instancias.

La verdad gotea más o menos adulterada y las filtraciones de los secretos de arriba, nos empapan con su viscosidad. Mucho antes de la confirmación oficial, en La Habana se comentó a sotto voce que el discípulo amado estaba enfermo de gravedad. Se dijo que el temido Mossad le pasó la cuenta por su alianza anti judía con el líder iraní Ahmadinejad. Que los especialistas cubanos en Inteligencia, a cargo de la vida y seguridad de Chávez, verán rodar sus cabezas y otras muchas versiones.

La principal es que el Comandante vuelve a estar en pánico y que cuando esto sucede, mata. Recuerdo a los tres infelices negros que fusiló en 2003, cuando George W le mantenía aterrado. El Comandante tiene una crisis que resolver y como de costumbre, sostiene en sus férreas y ganchudas manos, (no precisamente de águila) los hilos y las decisiones. Incluso el espectáculo orquestado por Chávez en Venezuela, responde al más depurado kish. Fue un regreso calcado de los melodramas argentinos de la década del 40. ¡Teatro del bueno! Pero a pesar de todo, el rumor es que el pronóstico clínico del discípulo apunta a preparar la sucesión y parece que será por aquí donde sonarán los tiros, vivir para ver…

Recuerdo como si fuera ahora, lo que escuché decir al chofer de un almendrón hace meses. Era un hombre extremadamente gordo que vestía unos bermudas cortados de un viejo blue jean y una camisa a la que alguien también, cortó las mangas. El gordo secaba el sudor de su frente y de toda su generosa anatomía con el pañuelo improvisado que se fabricó de una toalla roja. Manejaba un viejo modelo norteamericano de los años ¡40!, con un motor petrolero que mantenía dentro del vehículo un olor a petróleo insoportable.

Me dijo su edad, creo que eran cuarenta y tantos años. Y como hablábamos de política, le comenté que ya nos habíamos librado de los discursos del Comandante. El gordo se puso serio y dijo: -¿Qué se va a morir?, ¡ni lo sueñes! –dijo en alusión al Comandante- Se lo pusieron todo eléctrico y no morirá nunca. Va a enterrarnos a todos nosotros primero. Lo tiene todo eléctrico. Se lo pusieron unos médicos yumas a quienes les soltó un baro larguísimo. ¡Los que nos vamos a morir somos nosotros!
Le dije a modo de consuelo que eso no podía ser y entonces, dijo:-El tipo sigue mandando. Lo hace a través de su hermano y de toda esta gente. Cada vez que viene alguien de afuera y lo abraza, ¡cambia cabeza!
-¿Cómo?-dije
-Fue a África a hacer brujería y no se va a morir. Le hicieron una nasa violenta pa que no se muera y además, lo tiene to eléctrico. Cada vez que viene alguien de afuera, el Viejo cambia cabeza y le roba la vida. El que llega se muere y él no. ¡No se va a morir nunca y seguirá jodiéndonos la vida 100 años más o hasta que le salga de la pinga!

Otro socorrido rumor es que el Comandante cambió cabeza con el discípulo amado. Entonces Chávez moriría para que el añoso Comandante viva otro tiempo extra. Pero lo cierto ha sido que esta última crisis echa por tierra  los cálculos de los que dijeron que el Comandante estaba de retiro y no tomaba decisiones. Por lo visto, decide más que lo que calcularon muchos sabios cubanólogos de afuera. Desde informar a Chávez de su enfermedad hasta decidir los pasos inmediatos a seguir, de aquí a los próximos tres meses, fecha en que según los rumores circulantes, Chávez hará mutis de este cruel, acogedor y a la vez, ancho y ajeno mundo.
El lema de moda que se repite en La Habana es: ¡Uh! ¡Ah! ¡Chávez ya se va!

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