Asonada espontánea

Sucedió en horas del mediodía de un miércoles 15 de junio. Entre 40 o quizás 50 personas esperaban por el ómnibus o por cualquier cosa que las sacara de allí. El termómetro marcaba 35º del calor más inclemente para cualquier día de junio. Los rostros de una parada habanera hablan por sí solos. Cada uno de ellos de forma singular nos dice más sobre frustraciones e insatisfacciones, que las que podría contener este mediodía caliente, frustrante y dramáticamente igual a tantos.

Entre los problemas emergentes con la revolución de 1959 y casi a la cabeza de los nunca resueltos, está el omnipresente problema del transporte. Cada uno de los que esperábamos un ómnibus ese mediodía hemos sido testigos del paso por el ministerio del transporte de algunos de los más de treinta ministros, que alcanzaron y perdieron tan alta investidura sin haber hecho cosa alguna de utilidad para nosotros. Lo cierto es que ninguno ha viajado en el transporte público por ómnibus, nunca.

La parada se encuentra ubicada frente al correo de Porvenir en Lawton. Polvorienta, sucia y caliente, podía verse el reciente surco abierto por los trabajadores de Etecsa que colocaban el cable de fibra óptica de Venezuela. El cable fue colocado a la espera de que comience a prestar servicio al gobierno y sólo a quien el gobierno decida. Ya se dijo que “no se dispone de la capacidad inversionista para que Internet se convierta en realidad cotidiana”. Vale aclarar, realidad cotidiana de las vidas de nosotros. El gobierno lo destinará a “uso social”, es decir para ellos y quienes ellos decidan. Del cable de fibra óptica venezolano, lo que toca a todos los cubanos o a la mayoría, serán los huecos sin rellenar de la obra pública realizada con deficiencia, la suciedad y por supuesto, las molestias. El resto, bueno, como de costumbre para los revolucionarios. Como las calles, las universidades, las zonas congeladas y lo mejor. A fin de cuentas ellos se lo ganaron, ¿no?

Desde lo lejos, apareció un ómnibus. No se trataba de uno de línea. Era el ómnibus de alguna empresa. Uno lleno de letreros que nadie pensó en borrar. Los letreros hablan de la ‘Generalitat de Catalunya’, de oportunidades ajenas a la vida de nosotros, que por supuesto, podremos beneficiarnos de tanta solidaridad porque viajaremos en un ómnibus con las ventanillas de cristal cerradas. Tendremos más calor, pero algo es algo y no hay más ná.

Por supuesto que hasta nos alegramos de la buena suerte y la aparición providencial del ómnibus donado por la ‘Generalitat de Catalunya’. La guagua de Catalunya avanzó por Porvenir y el chofer dijo que rendiría viaje en la Ciudad Deportiva. Mejor que bueno, lo digo yo. Aliviados y con las frustraciones momentáneamente soterradas, poco más optimistas, sentimos el alivio de llegar a nuestros destinos. ¿Se puede pedir algo mejor?

A la altura de la intersección de la calle Porvenir con la calle Dolores y siempre, aún en Lawton, apareció “esta gente”. Un auto Lada con matrícula del Ministerio del Interior y al servicio de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) se interpuso en el paso del ómnibus en una maniobra paragüera y por demás, muy violadora del Código de Tránsito. Como es tradición habanera, el chofer del ómnibus llamó paragüero al policía conductor entonces, inexplicablemente el oficial que viajaba junto al conductor, ofendió al chofer.

 

Un pasajero al parecer amigo del chofer, tomó su defensa. Se trataba de un negro bien vestido y bien plantado con una edad indefinida entre los 30 y los 35 años. Luego de afear la conducta del oficial, lo exhortó a hacer su trabajo sin molestar a la gente que ya bastante tiene con… “¡tanta mariconá que hay!”

 

Con esto pareció que concluiría el incidente y el ómnibus avanzó hasta la intersección de las calles Porvenir y Acosta. Allí permanecía agazapado y a la espera el auto policial. El oficial, gordo y ostensiblemente oriundo de la zona oriental, ordenó que el ómnibus debía ir hasta la unidad del DTI (Departamento Técnico de Investigaciones) ubicada en la Avenida de Acosta. Allí multaría al chofer y a su defensor por desacatar “la autoridad de la policía”. Esa fue la gota que colmó la copa. La explosión fue uniforme. Todos a la vez.

El clima en el ómnibus se calentó. De repente todos los pasajeros comenzaron a gritar cosas a los policías. El ómnibus parqueó frente a un enclave policial situado frente a la unidad de Acosta. Los pasajeros enardecidos bajaron del ómnibus e invadieron el local ante la mirada asombrada y en parte asustada de los policías.

Todos hablaban a la vez. Llamaban a los policías con toda una sarta de insultos. “¡Hijos de puta, cabrones, abusadores!”. “¡Todo porque es negro, coño!” “¡Aquí no se va nadie!”, “¡Multa ni pinga! ¡Singaos!!”.

Un señor mayor, quiso hacer valer su condición de militante del Partido Comunista y un policía con grados de oficial, le llamó descarado. Rojo como un tomate y en condiciones en que se pensó que le iba a dar un ataque, el hombre avanzó dentro de la estación y pidió hablar con el político de la unidad, pero afuera, el escándalo crecía. Yo era testigo privilegiado de una asonada espontánea, la respuesta que soñé que mi gente daría algún día…

Algunos policías intentaron en vano calmar a la gente. Dijeron que dejarían salir al ómnibus y que sólo multarían al chofer: consiguieron que la gente se enojara más. “¡Que multa es esa!”. La gente perdió la poca cordura que le quedaba, entonces apareció un oficial de mayor graduación que se hizo escuchar.

-¡Suelta a esos dos!-dijo -Que la guagua siga su camino.

Luego se dirigió al oficial que inició el incidente. –Mira el rollo que me has creado. ¿Quién coño te dijo que tú estás aquí para crear problemas con los civiles? ¿Te volviste loco? ¡Esta es una unidad de investigación criminal!

Inmediatamente que el chofer y su improvisado defensor subieron al ómnibus, la gente los siguió en orden. El ómnibus partió y a lo lejos podía verse al oficial que arregló el incidente de pie frente a la unidad de policía. El hombre sostenía la gorra del uniforme en una mano, mientras secaba el sudor con un pañuelo que llevaba en la otra. Lucía aliviado.

 

 

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